"Los madrileños se acercan al circo a ver un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres"
Mariano José de Larra

Escritor
 
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ANTITAUROMAQUIA
 
¡BRAVO POR VOSOTROS!
Fundación Altarriba

ANTITAUROMAQUIA

¡Bravo por vosotros! Manifestación de Barcelona, 17 junio 2007
Fundación Altarriba
¿Por qué la excepción de los toros?
Editorial de El Periódico del 18 de junio de 2007
Domingo 17 de Junio: José Tomás en la Monumental de Barcelona
Luis Luque
La procesión turina, y ¡olé!
Luis Luque
Toros, políticos y gobernantes
Editorial Bú Bup 50
El dedo en la llaga de las corridas de toros
Luis Luque
Islero
Luis Luque
Un desastre monumental
Matilde Figueroa
Por un puñado de votos
Luis Luque
Taurómacos al ataque
Marcd Boillat
Los pobres argumentos taurinos
Luis Luque
   

Bajo el lema "Toros NO. Ni en Cataluña ni en otros sitios", en tres idiomas

Más de 5.000 personas el pasado 17 de junio en la convocatoria antitaurina de Barcelona hecha desde Fundación Altarriba, Fundación FAADA y Libera!. Gente de todas las edades y condiciones, que de forma solidaria unieron sus voces contra la tortura, legal y subvencionada, que iba a producirse en la plaza barcelonesa esa tarde.

Nuestra cifra se basa en datos de la Guardia Urbana, con la manifestación aún lejos de La Monumental, donde ya había varios cientos de personas concentradas. La prensa en general, de una forma vergonzosa, llegó a hablar de 300 personas en los primeros informativos. Sólo una cadena, Tele 5, habló en su telediario del lunes 18 de «marea humana» antitaurina. Otros sencillamente nos silenciaron.

Nos impidieron manifestarnos a través de Las Ramblas, con 53 minutos para recurrir, y nos obligaron a ir por zonas menos transitadas (¿por turistas, por testigos?).

En el recorrido, algún aficionado nos increpó e intentó provocar un altercado, siendo de inmediato neutralizados por la organización.

El dispositivo en La Monumental, impresionante. Las furgonetas delante de nosotros, en la calle Marina, para que no nos vieran los de enfrente (¿ni la prensa?). Se notaba la afluencia VIP taurina.

Hubo aficionados que, con cientos de metros para acceder a su silla, se empeñaron en atravesar la manifestación en espera de algún golpe que exhibir después, pero ni así. Olvidan que nosotros no somos los violentos.

Cuatro compañeros consiguieron entrar a la plaza, sacaron pancartas y pararon la «faena» durante un momento. Incluso el torero se giró a mirar. Pagaron en la puerta 15 euros.

La manifestación de Barcelona, la más numerosa de todo el país hasta la fecha, ha demostrado que los ciudadanos estamos contra la barbarie y que sabemos lo que significa cultura y, Sra. Calvo, cultura no es esto.

Los que estuvimos, no lo olvidaremos.

La «marea humana» antitaurina de Barcelona, el pasado 17 de junio, nos hace ver el final mucho más cerca, porque ahora sí que vamos a salir todos a la calle.

¡Bravo por vosotros!

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¿POR QUÉ LA EXCEPCIÓN DE LOS TOROS?
Editorial de "El Periódico" del lunes 18 de junio de 2007
La opinión del diario se expresa solo en los editoriales. Los artículos exponen posturas personales.
 
   

Ayer fue un día importante para los aficionados a los toros. Volvió a los ruedos uno de los grandes, José Tomás, un diestro sobrio que marcó una época en el toreo. Para el regreso eligió Barcelona, una plaza de la que tantas veces había salido a hombros y en la que ayer volvió a triunfar con dos grandes faenas. Para los aficionados locales, el acontecimiento de ayer ha de suponer un punto de inflexión en la decadencia taurina de Barcelona, el inicio del cambio de tendencia que la lleve de nuevo a ser una capital del toreo.

Frente a los aficionados, otros ciudadanos se manifestaron ayer contra el espectáculo taurino. Piensan, con razón, que la falta de interés de los barceloneses por el toreo puede llevar a la Monumental a cerrar en un plazo relativamente corto y están dispuestos a echar el resto para impedir que la tendencia se invierta. Para ellos, el espectáculo taurino debe desaparecer porque se basa en la tortura de unos animales.

Ante estas posiciones encontradas vale la pena hacer algunas reflexiones. La primera es que no es mejor catalán aquel que se opone al toreo. Los intentos de llevar la discusión a este terreno pueden tener una rentabilidad inmediata pero distorsionan el debate sobre el problema y pueden dificultar su resolución.

El tema de fondo cabe resumirlo en esta pregunta: ¿Por qué la convicción moral de que los animales no deben ser torturados ha llevado a establecer formas indoloras de sacrificio en los mataderos y a prohibir la exhibición del sufrimiento de los animales en todo tipo de espectáculos menos en el taurino? Alguien podrá contestar que la excepción es para preservar una tradición. Es cierto, pero también lo es que muchas tradiciones han sucumbido a los cambios de sensibilidad moral. Hubo un tiempo en que fue tradicional ahorcar a los reos en la plaza pública y ahora incluso está abolida la pena de muerte.

Algunos defensores del espectáculo taurino apelan a la libertad de opción para atacar las propuestas prohibicionistas. "Nadie está obligado a ir a los toros", vienen a decir. "Dejen que a los que nos gustan podamos seguir disfrutando de las corridas", añaden. Es un buen argumento, ciertamente. Y sería inapelable si el espectáculo no incluyera el padecimiento de unos seres vivos que sufren, algo que las sociedades occidentales del siglo XXI han prácticamente erradicado. Con poquísimas excepciones, como la del toreo

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DOMINGO 17 DE JUNIO: JOSÉ TOMAS EN LA MONUMENTAL DE BARCELONA
Luis Luque
 
   

La reaparición de José Tomás en la plaza de toros de Barcelona, después de haber estado ausente de los ruedos varios años, representa el pistoletazo de partida para aupar el ambiente taurino en Cataluña, herido últimamente por diferentes causas, que los defensores del tema achacan, fundamentalmente, a razones políticas, sin querer reconocer que los aficionados son cada vez menos y los contrarios e indiferentes cada vez más. La plaza en este caso se llenará. Ya se anunció que el billetaje está vendido. Vendrán aficionados de todo el país, en un acto al estilo de "Santiago y cierra España", porque hay que defender, según reconocen, el bastión taurino de Barcelona. Ya veremos lo que pasa, pero el retroceso de los que todavía defienden la "fiesta" no hay quien lo pare, por mucho José Tomás y por muchas estrategias de márketing que se lleven a cabo y menos en el ámbito de Cataluña en el que no se conceden ayudas económicas a esta actividad, lo que no es así en otros muchos lugares. Siempre hemos dicho lo que resulta evidente, que si de un plumazo, las administraciones públicas retiraran las ayudas, directas e indirectas, que dan a esta actividad, el entramado aceleraría su proceso de descomposición. Y ésta sí es una responsabilidad política del gobierno central, de las autonomías, de las diputaciones y de muchos ayuntamientos. También tenemos el caso de muchas televisiones públicas que siguen jaleando este mundo, quizás porque entienden que forma parte principal de nuestra cultura, como la literatura, la pintura, la música que, dicho sea de paso, reciben, probablemente, bastante menos.

Los hechos son generalmente tozudos, pero, ante estas circunstancias, quizás valdría la pena que la mayoría silenciosa que estamos en contra de las corridas de toros nos moviéramos un poco más de lo que lo hacemos habitualmente. El día 17 de junio tenemos una oportunidad y no vale ante ella quedarse en casa. Hay que ir a votar en contra, concentrándonos ante la Monumental de Barcelona de forma seria y adecuada. No es una cuestión de pancartas, ni de siglas; es una cuestión de gente. No les demos el gustazo de ser pocos, ni por ellos, ni por los políticos, ni por los pobres toros que allí sacrificarán. Como los sostenedores del tinglado tratan de moverse, aunque sea a la defensiva, hagámoslo también nostros, que tenemos argumentos sobrados y justos para hacerlo.

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LA PROCESIÓN TAURINA, Y ¡OLÉ!
Luis Luque
 
   

Alguna inquietud debe existir en el mundo taurino cuando de pronto les vemos salir a todos en procesión, movilizados por lo que ellos creen feroces hordas animalistas, tan heterogéneas como de tan sospechosa procedencia, unas bajando por los Pirineos, otras atravesando el mar desde la pérfida Albión, incluso cruzando el Guadalete, como Tariq, por no hablar de los quintacolumnistas, porque siempre hubo traidores dentro de los muros de la España eterna. Y es que sobre los taurinos arrecia por todas partes. Caen chuzos de punta, alternados con largos períodos de pertinaz sequía, porque aquí el temido cambio climático es ya una realidad.  Y, o salimos en procesión, todos unidos, o esto se va al garete, se nos hunde el negocio, y vamos al paro, en compañía de la tradición, la cultura, el arte, trastabillando pasodobles, en un impresentable baila quien baila. O la Virgen de las Angustias nos protege, que así se llamaba la madre de Manolete, y la UNESCO declara la fiesta de los toros Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad o se inicia la temporada de los espárragos y nos dedicamos a freírlos.

Toreros, banderilleros, picadores, ganaderos, empresarios del espectáculo, mayorales y aficionados de sombra y sol, todos buenos amantes de la estética, salen ahora juntos cada mañana a defender las esencias como un solo hombre, porque Numancia, Sagunto y el Alcázar de Toledo nos contemplan y no es cosa de dar la espalda con los calzones caídos a tamaños bárbaros. Los toros, que tan buena vida se pegan, total, por un poquito de muerte, no entienden nada.

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TOROS, POLÍTICOS Y GOBERNANTES
Editorial Bú Bup 50

PEÑAS ANTITAURINAS

de la Fundación Altarriba

 

VÍDEO

CON CARGA DIRECTA
"Hora Cero", de TVE
¿Maltrato o tradición?
11 Nov. 2006
Advertimos que las imágenes pueden herir su sensibilidad

 

CRUELDAD INSTITUCIONAL

Fiestas Populares
ESPAÑA
   

Todo es opinable, pero a nosotros no nos merecen ningún respeto las corridas de toros, ni en democracia, ni fuera de ella, y el hecho de que sigan siendo legales en nuestro país, como en algunos otros, dice bastante de la escasa valía ética y moral de nuestros gobernantes y de sus ideas sobre cómo conducir una sociedad por lo caminos de la educación, rechazando los espectáculos crueles y sangrientos con un pobre animal. El respeto a las minorías y a sus posibles gustos indeseables pueden protegerse y es bueno que se haga, si llega el caso, pero nunca a costa del sufrimiento de un animal.

El gran reformador persa Zaratustra que, al parecer, sabía de ética más que muchos de nuestros políticos, lo vio claro y luchó para acabar con los sacrificios de los pobres animales en honor de los dioses, impulsando así el respeto a sus vidas. Nosotros, sin embargo, no sabemos acabar con un espectáculo sangriento y no solamente lo mantenemos legalmente, sino que, encima, lo amparamos con ayudas económicas y lo difundimos por la televisión pública, empujando desde el poder un reconocimiento cada vez más degradado. Es vergonzoso y es una prueba más de que tendríamos que tener la fuerza y la inteligencia de mandar a casa a muchos de nuestros dirigentes para que cumplieran, al menos, arresto domiciliario. En el siglo XXI, buscando todos una sociedad mejor, esto no es de recibo.

La educación es siempre una asignatura pendiente, pero siempre es también prioritaria. Pero las autoridades tienen poca imaginación para educarnos cualitativamente y con frecuencia también les falta ganas, voluntad. Hablan de la educación, pero ellas no están educadas. No saben crear ilusión, ni ética, ni saben manejar los cambios que se avecinan. Por este camino, será cada vez más difícil que la sociedad se identifique con esta clase de políticos y gobernantes, y quizás ésta sea una de las razones de la creciente abstención que se produce en las elecciones. Es triste, pero a mucha gente le importa un bledo votar o no votar y muchos de los que lo hacen les mueve la inercia o un extraño sentido del deber y la lejana ilusión de que algo cambiará. La estupidez domina el panorama y el caso de los toros es paradigmático. Porque detrás de la fiesta, como a los taurinos les gusta llamarla, que ya hay que ser cínico para denominar fiesta a algo en lo que se cometen crueldades con un animal, se esconden muchas cosas, entre ellas el que nuestra conciencia mejore y no sea un pudridero más de los muchos que ya existen en nuestro planeta.

No nos interesan los políticos que apenas tienen sensibilidad con los animales, porque creemos que, si es así, tampoco la tienen con las personas, ni con la cultura, ni con la educación. Y el tema de los toros no es un tema trivial. La protección de los animales trasciende lo aparente y sobrepasa el sanbenito de la anécdota que algunos quieren colgarnos. No hay que ser activista, ni formar parte de una organización que defiende los animales, para darse cuenta. Sólo es necesario olfato y sensibilidad, y una cabeza medianamente amueblada; no es pedir mucho. Se lo pediríamos a un niño con buena formación.

Es más que probable que las corridas de toros hayan entrado en un período agónico, que se mantiene y alarga al estar el enfermo en una especie de U.C.I., que conserva su estado de coma profundo. Son las autoridades las que tienen que decidir sobre esta situación. Desconectarlas de la máquina que las mantiene vivas, retirando las ayudas económicas y apoyos de otra índole que hasta hoy han recibido, sería lo decente y serviría para sanear nuestro comportamiento, al margen de clamores insensatos. Esto también es educación y sí es respetarnos. Respetar la barbarie no es respetar nada y, por otra parte, la ética es un bien público, cosa que no son las corridas de toros, sino todo lo contrario.

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EL DEDO EN LA LLAGA DE LAS CORRIDAS DE TOROS
Luis Luque


Concentración Antitaurina en La Monumental (Barcelona), en 2006

   
Ya en los tiempos de Manolete, se lamentaban del afeitado de los toros, de que a estos les faltaba bravura, de que los carteles eran muchas veces pobres, de que la mayor parte del respetable fuera poco entendido y solicitara con sus pañelos inmerecidos trofeos para los matadores, que la música sonara a destiempo, que no se conociera el reglamento y se aplicara mal, y que muchos toreros miedosos no se arrimaban lo suficiente e hicieran payasadas para la galería en lugar de torear de verdad. Lo de las payasadas llegó a la cumbre con el Cordobés, inventor al parecer del salto de la rana, que tuvo en sus días mucho éxito, coonsecuencia probablemente de esa afición de tinto y sardinas, poco conocedora, sin el rigor de la ortodoxia taurina.
 

En mayor o menor medida siempre fue así, siempre quejas, pero nunca, que yo sepa, este submundo tuvo necesidad de crear, para defenderse, una Plataforma para la Defensa de la Fiesta, dirigida hoy por hoy por un tal Luis Corrales, de apellido, por cierto, muy apropiado. ¿Qué ha sucedido para que esto sea así y tener la necesidad de lanzar tomates desde la barrera para de nuevo aupar las artísticas hazañas carniceras contra pobres vacunos, ejecutados con acerados instrumentos por los héroes de los ruedos? La razón es que hoy el enemigo ya no está dentro, sino fuera. No está en los problemas internos, que seguro siguen existiendo, sino en el conjunto de una sociedad, que ya no es la de antes, y rechaza en su mayoría la crueldad gratuita de un espectáculo contra un animal que, a pesar de su envergadura, de sus peligrosos cuernos, es manso por naturaleza de no ser atacado, acorralado -señor Corrales-, herido hasta su muerte. ¿Y qué si no fuera manso? ¿Habría alguna razón digna de elogio para lo que se hace con él? ¿Acaso la cultura y la tradición como ustedes esgrimen, señor Corrales? Mal lo tienen con este enemigo que se han puesto ustedes por montera, y que les come el cerebro, pero el hecho cierto, aunque todavía hay quien no se ha enterado, es que la inmensa mayoría de la sociedad española está en contra de las corridas de toros, o no les interesan nada. El 72´1% de acuerdo con la última encuesta del Instituto Gallup, que viene haciendo estos sondeos de opinión desde hace años, periódicamente, con resultados continuamente a la baja en cuanto al interés que despierta este espectáculo. Otros sondeos de opinión vienen a decirnos lo mismo. Y curioso: Andalucía se encuentra entre las comunidades autónomas menos interesadas por la "fiesta". La menos de todas -exceptuando Canarias, donde está prohibida-, Cataluña, donde apenas quedan plazas en activo, una en Barcelona, cuando habían existido tres, y para la que la empresa Pedro Balañá parece anuncia su próximo cierre por falta de rentabilidad.

La "fiesta" se está convirtiendo en un entierro, pese a los esfuerzos del equipo médico habitual que quiere mantener vivo al moribundo, del que forma parte la Plataforma para su defensa y la ayuda de algunos políticos y plumíferos que, al estilo de Numancia, se resisten a aceptar la evidencia y que confundiendo, patria, cultura y tradición, pretenden justificar la crueldad con un animal, celebrando un espectáculo que, además de no sostenerse, es indigno de los tiempos que corren. Ni buscando los tres pies al gato, ni mezclando churras con merinas, pueden ir contra los tiempos invocando la tradición. Y menos, la cultura. La insensatez llega al extremo de solicitar para el enfermo más ayudas públicas, como si no tuvieran bastantes, directas e indirectas, de los organismos oficiales. Quieren más dineros para seguir masacrando más toros. Pero lo más genial de la estupidez ha sido pretender confundir a la opinión pública con el argumento, que ya Franco utilizaba, de los antiespañoles: el avance antitaurino en Cataluña se debe a los nacionalistas y está promovido, en gran medida por el señor Jordi Portabella, de Esquerra Republicana. ¿Y en Andalucía quién lo promueve? ¿Y quién lo promueve en mi casa, pobre de mí? ¿Quién diablos pretende decir que soy antiespañol por ser más antitaurino? ¡Qué majadería!. A la larga lista de antiespañoles manejada cabezonamente en su día por nuestro invicto caudillo, y compuesta de masones, comunistas, judíos y otras gentes de mal vivir, hay que unir ahora, según algunos, a nacionalistas, republicanos, antitaurinos y a la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, quien, según parece, se le ocurrió opinar que las corridas de toros debían de celebrarse a la portuguesa, es decir, sin matar al animal, entre otras razones, porque es cada vez más difícil defender esto en Europa. Estos catalanes, con la Virgen de Montserrat, el Estatut y "La Caixa" y, encima, se hacen pis en la patria. ¡A lo que hemos llegado, señor Corrales! Como diría el señor Acebes y otros, a desmembrar la nación con la excusa taurina.

Pese a las elucubraciones de algunos políticos y de quienes así piensan, nada se va a desmembrar porque defendamos la vida de los toros, ni la del resto de los animales, ni se va a hundir ninguna patria, ni vamos a ver mermada ninguna cultura, ni nos vamos a convertir en iconoclastas del arte. Mientras el movimiento cada vez más emergente en favor de la protección de los animales crece en todo el mundo, lo único que hacemos es tratar de desterrar en parte nuestro comportamiento más bárbaro con seres que comparten con nosotros la vida en la Tierra. Tardaremos, pero lo conseguiremos.

Concentración Antitaurina en La Monumental (Barcelona), en 2006


Hoy, por si alguien lo desconoce, "Islero" cuenta con un club de fans, admiradores, por cierto, de aquellos toros que acabaron según ellos con "mucho éxito" con los toreros que los martirizaban.

Luis Luque
Fundación Altarriba

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ISLERO
Luis Luque
 
Sacrificado en la plaza de Linares el 28 de agosto de 1947, después de llevarse por delante a Manuel Rodríguez, conocido por "Manolete", quien murió poco después.

Este hecho contribuyó a fortalecer el mito de los Miuras, ganadería de la que procedía, como toros bravos y peligrosos. Probablemente, nadie le lloró. Por aquel entonces, al menos en nuestro país, no existían entidades que se dedicaran a la protección de los animales y, de haber sido así, tampoco nadie se hubiera atrevido públicamente a atacar las corridas de toros y menos con ocasión de la muerte del conocido torero, que había, con su cuadrilla, mortificado y muerto a infinidad de toros. Supuso en aquella época una conmoción en todo el país, alentada por la prensa y la radio de aquella época, medios todos controlados férreamente por el régimen de Franco, que apoyaba sin pudor las corridas de toros.

Desde entonces, se han seguido martirizando y sacrificando en las Plazas de toda España a innumerables toros y todavía hoy se sigue manteniendo un espectáculo anacrónico y cruel que, a pesar de estar perdiendo paulatinamente el favor del público, las Administraciones, comenzando por el propio Gobierno del Estado, siguen apoyándolo de muchas maneras, bajo las excusas de siempre: que forma parte de nuestra tradición, de nuestra cultura y su prohibición representaría un atentado a la libertad. ¿A qué libertad?, nos preguntamos.

A Partidos aparentemente progresistas como el PSOE, o en sus versiones autonómicas, les tiembla el pulso ante la idea de suprimir en nuestro país este tema. Lo mismo les sucede a los aparentemente de derechas, como el PP. Escuchan sin pestañear -incluso en ocasiones nos dan la razón- cuando les hablamos de la obligación ética y moral de proteger a los animales. Pero si el tema son los toros, su ánimo se viene abajo. ¿Por qué? ¿Acaso por un puñado de votos que temen perder? ¿Acaso por la presión que representa el loby taurino en el que se manejan muchos dineros? ¿Acaso porque llevan en el corazón la cultura y la tradición de que somos un pueblo singular, valiente y bravío y creen que este tipo de crueldad con animales indefensos fortalece aún más nuestra raza? ¿O piensan, quizás, que estamos ante un arte noble y sublime, porque así lo ensalzaron algunos poetas, escritores, pintores y músicos; un arte que hay que proteger? La postura de algunos partidos políticos es un misterio tan insoldable como el universo o tan infinito como la estupidez humana. No nos rompamos la cabeza pretendiendo desentrañarlo, pero, eso sí, pongamos los puntos sobre las íes.

"Islero", el toro que mató a Manolete es, para algunos, un símbolo. Nadie quiere que un torero muera en la Plaza, que dicho sea de paso, son muy pocos a los que esto les sucede, gracias a la penicilina y otros adelantos de la ciencia médica, pero tampoco queremos lo que se hace con los toros. La mayor idiotez que los taurinos dicen de los toros es que llevan una vida de privilegio en las dehesas, dando a entender así que bien vale esto la atroz muerte que tienen. ¿Cómo se puede decir, en sano juicio, tanta barbaridad? ¿Algún político defiende esto? ¿Estuvo justificada la muerte de Manolete a cambio del éxito del que gozó en vida?

"Islero" es un símbolo, como podría serlo "Bailador", que acabó con Joselito en Talavera de la Reina, o "Granadino", que acabó con Ignacio Sánchez, o más recientemente, "Avispado", que corneó a Francisco Rivera, más conocido por Paquirri, en Pozoblanco

. Hay otros, claro, pero estas muertes, pocas, en el transcurso de los años, que siempre hay que lamentar, y que quizás son pocas porque los toreros tienen la sana costumbre de encomendarse a las vírgenes y santos, cosa que al parecer, no hacen los toros, ¡qué le vamos a hacer!, están numéricamente muy lejos de las cifras de toros sacrificados, pero que dejan constancia de lo desigual de la lucha, si de ello se tratara, una lucha que el toro, animal pacífico, ni nunca quiso, ni nunca quiere, pero al que, cobardemente, le obligan -muerto de miedo- a embestir, a defenderse, lo que nunca consigue con éxito al menos hasta el punto de salvar la vida, pero ¿qué es un toro, al fin y al cabo? Por favor, sea usted quien responda a esta pregunta, porque la del Gobierno y la de algunos partidos políticos ya la conocemos.

© SHARK. Vivo y consciente mientras le cortan las orejas.
Lo dejaron luego allí tirado convulsionando mientras el torero daba la vuelta al ruedo
.


Hoy, por si alguien lo desconoce, "Islero" cuenta con un club de fans, admiradores, por cierto, de aquellos toros que acabaron según ellos con "mucho éxito" con los toreros que los martirizaban.

Luis Luque
Fundación Altarriba

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UN DESASTRE MONUMENTAL
Matilde Figueroa


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Fotografias Animanaturalis

Pues eso. El 8 de abril pasado la dicha plaza de toros de Barcelona, engalanada con sus mejores lutos, ofreció un festival taurino nacional. Objetivo: recaudar fondos con los que mantener una penosa campaña para potenciar el "arte de Cúchares" en nuestra ciudad. La Plataforma para la Defensa de la Fiesta, que dirige magistralmente el Sr. Corrales, montó un cartel de tronío, con lo mejorcito que ofrece hoy en día la profesión de matarife, y como no acababa de fiarse del tirón, se aseguró la entrada ofertando autocares por toda la geografía nacional, a precio de segundas rebajas de agosto, todo incluído.

Desde fuera, ya merecía la pena el desplazamiento para ver entrar a la gente en el moribundo coso barcelonés. Me siento incapaz de recordar el número de patillas, cadenas de oro, pelos engominados, bigotes circulares, mujeres vestidas para la boda de la Infanta, boinas y garrotes que desfilaron. Un fotógrafo extranjero me dijo: "Esa gente da miedo". Pues sí, lo daba, incluyendo cuatro pequeños cafres que saltaban enfrente nuestro agitando una bandera de España gigante en la que resaltaba una bonita simbología ajena (lo de pequeños se refiere al volumen craneal).

No faltaron señoras dándonos la espalda en medio de la calle y moviendo el culo medio agachadas en un alarde de equilibrio que admitía apuestas, y marcando por cierto una faja que suspiraba por soltarse, desenlace que también admitía apuestas; seguramente en su pueblo todavía vacían las palanganas por la ventana ante el horror de sus convecinos.

Pero no todo era garrulo o cutrecillo, no voy a ser injusta. Había gente fina también, vestida de Domingo en Sábado, eso sí, para no desentonar con el resto. Y pude distinguir, no sin cierta dificultad, algunas personas (pocas) cuyo aspecto desencajaba por completo en ese entorno, porque parecían completamente normales.

Incluso había intelectuales, como el Sr. Albert Boadella, que si puede no se pierde un evento histórico de estos, y que tuvo a bien dedicarnos un emocionado recuerdo en cuanto le pusieron un micro delante de la boca: nos llamó "ignorantes", y yo creo que se refería a que no entendemos la relación entre el arte y el apuñalamiento en la nuca de un animal drogado. Sr. Boadella, es que no todos tenemos estudios ...

Y allí estábamos nosotros, unos cientos de personas de todas las edades (recalco el "todas"), golpeando cazuelas en homenaje a los cultos de dentro, con nuestros tambores, y con el cláxon de los coches acompañándonos y aplaudiéndonos.

Y el Sr. Corrales que debía estar con acidez, porque su famoso llenazo, por el que tanto había suspirado y llorado, se había ido al cuerno. La primera corrida de la temporada, el cartel en el que sólo faltaba un señor al que tiran sujetadores, los autocares, y sobre todo la "gran afición barcelonesa y catalana" (que brilló por su ausencia, en el caso supuesto de que exista), se convirtió en un alarde técnico de las televisiones para que no se viera el mogollón de asientos vacíos. Destaco la entrevista al Sr. Boadella (al que tengo todo el rato muy presente, no sé por qué): detrás de él era más fácil contar cabezas que contar respaldos. Bonitas sillas tiene la Monumental. Yo ya no sé si esas tres televisiones autonómicas retransmitieron una feria taurina o una feria del mueble.

En fin. Que el sábado 8 de abril hubo una reunión de "ignorantes" en la acera izquierda de la calle Marina, y una reunión variopinta en la acera derecha. Y allí dentro, seguro que en buena hermandad histórica, pasaron una bonita tarde de toros los patilleros, los de la boda, los bigotudos, un grupo de japoneses, y varias fajas reventonas. Un lujazo. Pena que no acompañara el aforo, Sr. Corrales. ¡Ah! También estaba dentro el Sr. Boadella.

Matilde Figueroa
Fundación Altarriba

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POR UN PUÑADO DE VOTOS
Luis Luque
 

Parece que un directivo de la "Plataforma para la Defensa de la Fiesta", creada para contrarrestar el empuje de los que cada vez somos más en contra de las salvajadas taurinas, ha dado a entender que están al habla con los partidos políticos de Catalunya, y que desde el PSC y el PP les han asegurado que ellos no votarán en contra de este llamado "valeroso arte" que tiene como destino final martirizar hasta la muerte a un animal entre vítores, decimos nosotros, palmas, olés y acompañamiento musical de banda o, si las cosas no vienen bien dadas para el disfrazado y muy macho bailarín con espada, llamado torero, con airear de pañuelos.

© Amnistía Animal

Al parecer, CiU no lo tiene tan claro y puede decantarse por un lado o por otro, o quien sabe si abstenerse, que es una fórmula inventada para tratar de no comprometerse, salvando la cara, aunque casi siempre queda hecha polvo. ERC e IC-V podrían, por el contrario, estar a favor de la prohibición.

Estas tendríamos según el citado personaje que, en declaraciones a un diario, da a entender que tienen que defenderse de los picadores antitaurinos que buscan, decimos otra vez nosotros, su trasero para hacer con ellos lo que ellos hacen con los toros.

Nos preguntamos ¿Qué harán los políticos a la "hora de la verdad"? ¿Tendrán en cuenta un puñado de votos y seguirán permitiendo el martirio de los toros? ¿O acaso buscarán, como es su obligación, ayudar a educar a la sociedad que dicen servir? ¿Serán líderes en serio o mediocres chafandines, escudándose en la libertad de todos, de los que quieran ir a los toros pues que vayan, y de los que buscamos una sociedad más ética, pues que no vayan?

En fin, contemplaremos el episodio desde la barrera.

Luis Luque
Director de la Fundación Altarriba

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TAURÓMACOS AL ATAQUE
Marc Boillat
 
 

He leído una noticia de aquellas que, a no ser por mi propensión proteccionista, cuya befa me produce cierto enfado, son solamente aptas para hacer morder los labios de risas hasta al individuo más huraño.

Se trata de una pobre ofensiva de los taurómacos que, una vez más, demuestran hacerse el cerebro un nudo a la hora de utilizar el lenguaje y la argumentación sosegada. Ellos saben solamente perseguir, torturar y acabar con unas cuantas vacas. El lenguaje no es lo suyo; ellos no hablan, ¡actúan! Y eso, a causa de múltiples razones que voy a listar:

1) No saben expresarse con elegancia y objetividad;
2) Suelen recurrir a agresividad y talante violento para defender sus puntos de vista;
3) Se lían con los conceptos más elementales, que no logran manejar pese a sus atrevimientos.

Todo inició con un rebote de los violentos matarifes por la multa (por cierto anunciada) que la alcaldía de Tarragona impuso a la desafiante plaza de toros de esa ciudad por permitir la entrada al ruedo de menores de 14 años, en desprecio del artículo 6.2.a de la Ley catalana 22/2003 de protección de los animales.

La denuncia que llevó a la sanción de la alcaldía fue interpuesta por PACMA (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal), que basó sus alegaciones en pruebas fotográficas de menores que accedían, acompañados, al coso.

La asociación taurómaca “Burladerodos.com” se quejó de la sanción alegando que las fotos tomadas concernían a menores, lo que es una ilegalidad.

Al analizar su ofensiva, uno se sorprende al ver como las elementales argumentaciones desplegadas no vayan más allá de una conceptualización de parvulario, a pesar de haberles probablemente costado, a sus autores, magna fatiga mental.

Análisis de la rabieta.

Cabe anticipar que, pese a la gravedad de la incorrección que afecta a todo el discurso ofensivo de ese grupo de agitados histriones, hay una debida atenuante, consistente en que es más que probable que, no obstante sus esfuerzos, los interesados no hayan detectado la simpleza y equivocación de sus argumentaciones, ni lograrán verla nunca.

Por esta limitación que les afecta, bien merecen una excusa que no otorgaríamos a intelectos de otro nivel.

1. No saben expresarse con elegancia y objetividad. Los taurómacos, en su perorata, atacan los conceptos fundamentales de la Ley catalana de protección animal 22/2003 de una manera chabacana, esgrimiendo argumentos puerilmente subjetivos tales como “que no es justa” (ya que les afecta). Este perorar, típico de los jóvenes por debajo de los 14-15 años, es sorprendentemente empleado por personas adultas que, sin embargo y análogamente a los pre-adolescentes, no saben aceptar la derrota ni la frustración de sus caprichos. Luego de expresarse – bastante vulgarmente –, pasan a atacar montados en su Rocinante de batalla de siempre, a saber, la monserga de la tradición y el llamamiento a la lucha para conjurar su trágica, anunciada desaparición de la península ibérica y de su cultura. Este desgraciado argumento, refutado con amplitud y calidad de argumentos una y otra vez, vuelve a flote cada vez que los aficionados a la “violenta matanza ritualizada de bóvidos” – alias “tauromaquia” - padecen algún nuevo golpe. Personalmente no creo que detrás de su insistencia por un argumento destartalado y temblequeando se deba a estrategia o mala fe; más bien creo que no logran aferrar el sentido de las críticas demoledoras que les conciernen, creo que no logran leer y comprender algo más complejo que un tebeo.

Para terminar, de su escrito se entrevé una rabieta que se expresa mediante términos que rozan el insulto y que expresan desprecio por quienes no piensan como ellos. Y todo ello solamente porque la nación, en su mayoría representada en la Ley, no quiere más identificarse con unos matarifes agresivos y chovinistas. Con esto demuestran no aceptar el principio de la mayoría, una de las notas distintivas de los sistemas pluralistas y democráticos. Este tipo de rasgo psicológico caracterizado por el autoritarismo, es típico de las sociedades chovinistas y represivas, que ellos bien representan ya a partir de su manera de argumentar.

2. Recurren siempre a agresividad y talante violento. En su crítica apodan a los contrarios de “listos” y otros términos sarcásticos baratos por el estilo, lo que demuestra una agresividad gratuita alineada con su incapacidad para el debate civilizado y educado. Esto podría interpretarse como una confirmación de aquella violencia que aprenden desde pequeños también yendo a ver masacres de animales inocentes como si fuera la norma del comportamiento. Además, expresan su violenta actitud cuando afirman que “nadie les puede decir como educar a sus hijos”, desafiando así hasta a la Ley que resume, por su legitimidad, los principios básicos del Derecho.

3. Se lían con los conceptos más elementales, que no logran manejar. Tras toda esta confusión de conceptos, emociones y rabietas, lo más divertido llega cuando los matarifes se atreven en el terreno de la especulación intelectual. No sabemos si ello sea el fruto de la contribución de algún “docto” del grupo, pero propendemos por pensar que no, que se trata simplemente de un brote de valor intelectual autónomo, aunque lo único que consigue es hacernos pasar un buen rato de risas.

En efecto, atacan la denuncia y la sanción por el siguiente motivo, según ellos, “jurídicamente” fundado. Dicen que, siendo ilegal la toma de fotos de menores sin el permiso de sus tutores (los inconscientes e infractores padres que los llevaban al ruedo), la denuncia estaría afectada por ilegalidad, y así también la sanción.

Este discurso puede hallar adhesiones, pero solamente entre aquellos que no conocen bien los principios generales de la ley. Esto no quiere decir que no haya administradores o juristas que puedan estar convencidos de la corrección de tal argumento, pero, si se tomaran la molestia de estudiar y comparar los ordenamientos más avanzados y de tradición democrática más consolidada, hallarían la constate por la que una prueba tomada en violación de ciertas normas de procedimiento se puede considerar como válida cuando no hubiese otra manera para llegar al descubrimiento de la infracción y cuando haya proporcionalidad entre la irregularidad procedimental el interés protegido. El Derecho no permite que se recurra a él para legitimar conductas inmorales o ilegales ni escudarse detrás de supuestas irregularidades para franquear la Ley.

Es obvio que los padres de esos menores eran quienes voluntariamente incumplían la ley y que ocultar el menor, como es praxis periodística, afectaría a la totalidad de la prueba, puesto que el infractor podría alegar que no conoce al menor (cuya identidad no se podría revelar).

En segundo lugar los taurómacos vuelven a insistir sobre el hecho de que son los padres los que deben decidir acerca de la educación de sus hijos.

Para sustentar sus argumentaciones recurren – ¡y como no! – al viejísimo parangón entre “malos” y “malísimos”, sacando a relucir, con dramatismo diletante, que “el mismo día en que los padres llevaban a sus vástagos al ruedo”, un joven de 16 años mataba a tiros en EE.UU. a sus abuelos, profesores, un guardia jurado de la escuela, y 5 compañeros, para luego suicidarse. Ese joven “nunca había ido a una corrida de toros”, concluyen simplonamente los taurómacos. Con esto demuestran no comprender el concepto fundamental y las debidas diferencias entre antisocialidad, asocialidad, violencia, agresividad y crueldad. Para ellos, todo es lo mismo, y la prohibición de la entrada de los menores a los “espectáculos” taurinos se habría decretado para evitar que los niños conviertan en asesinos en serie o cosas por el estilo. Con esto, hacen alardeo de insuficiente perspicacia, ya que eso no es exactamente el motivo.

Es obvio que no todos los asesinos, delincuentes, y sujetos violentos que gozan – o no – del sufrimiento ajeno se han formado en los ruedos taurinos, así como es obvio que no todos los taurinos son unos sujetos agresivos sudados y exaltados. Lo que la prohibición refleja, por el contrario, es un conjunto de factores más complejos que se resumen en:

1) Recoger la voluntad de la mayoría de los catalanes que ya no se identifican con la tauromaquia y rechazan estos espectáculos;
2) Proteger a los menores que – como indica esa ciencia que los taurinos evidencian desconocer, son psiques inmaduras e impresionables - de escenas que pueden afectar profundamente a su equilibrio mental;
3) Proteger a los animales de sufrimientos inútiles y anacrónicos apoyados solamente por una minoría, al menos en Cataluña.

Como se ve el entramado de la prohibición no es tan sencillo y llano como creen nuestros amigos matarifes.

Los taurinos dicen ser “muchos” en el mundo y llaman a la lucha para defender su tradición. Que sean muchos en el mundo es un dato relativo que hay que poner en comparación con otro término para definir esa supuesta profusión. Si lo relacionamos con los aficionados al “Tag of War” en Escocia, probablemente resultarán ser muchos; pero, si simplemente los relacionamos con las mentes normales que no aprecian ni quieren que los animales sean tratados y masacrados de esa manera, y bien, los taurinos no amontarán más que a un puñado de personajes bizarros extrapolados de otros tiempos y culturas.

E incluso de querer concederles el beneficio del número, resultaría bastante sorprendente que esa cantidad se esparza integralmente entre América Latina y España, mientras que Cataluña se quiere alejar de ese tipo de cultura, y en Francia, el otro país europeo que aún mantiene esa sandez, los taurinos sean justamente “4 gatos”.

En cuanto a la afirmación taurómaca de “ausencia de estudios científicos” que prueben que la violencia hacia los animales conduce a serios disturbios de la personalidad, los taurinos demuestran no haber aún aferrado la siguiente proporción: “no todos los maltratadores de animales son psicópatas; la inmensa mayoría de los psicópatas tienen un historial de maltrato de animales”. Ser un disturbado mental no es sinónimo de haber llegado a padecer un trastorno a través de presenciar espectáculos violentos con toros en tierna edad. Sin embargo, no hay duda de que algún que otro espectáculo violento Jeff Weise debe de haberlo vivido en sus carnes. El problema pues, no está en los toros en sí, sino en la violencia* que ellos engloban y que no acarrea por ejemplo el “Rodeo” americano. Sobre el nexo entre disturbios de la personalidad y crueldad con animales, hay consenso entre los estudiosos y existe copiosa literatura e investigaciones que ya he mencionado difundidamente en otros escritos. Los taurinos deberían leer dichos estudios antes de dejarse tentar en proferir tan fáciles cuan infundadas conclusiones.

Pero su propensión para la auto-justicia y rebeldía agresiva se demuestra patentemente en su rechazo a conformarse a Derecho, insistiendo obtusamente en que “nadie puede decirles como educar a sus hijos”. Aquí la confusión mental que evidencian es titánica, mezclando en una menestra incomestible valores elevados y viles bajezas, como cuando fusionan “educación de los menores” (una actividad delicadísima que incide sin retorno en la construcción de la personalidad) y “espectáculo violento”, “crueldad”, “desobediencia civil e infracciones a las leyes”. El hecho de que quieran educar a sus hijos en estos valores debería justificar ya de por sí el retiro de la potestad.

Contrariamente a su creencia, la sociedad en la que ellos quieren insertarse e insertar a sus hijos, sí que puede legítimamente exigirles que se conformen a ciertos valores generalmente aceptados (en el objeto que nos concierne, alejar a los menores de ciertas influencias nefastas), cosa que hace a través de la Ley. El hecho de no quererse conformar a dichas exigencias sociales es lo que se califica como “a-socialidad” y, cuando llega a infringir las normas jurídicas, como “anti-socialidad”.

Esperaría que esta explicación excitara en los taurómacos una debida revisión de sus prioridades y construcciones intelectuales, pero no me hago ilusiones, sé que no entenderán ni un tercio de lo escrito. Por lo tanto me lo tomo como un pequeño desahogo para aquella propensión proteccionista que se ha sentido befada por tan bufo ataque.

En conclusión: bien hicieron los de PACMA en fotografiar a los menores que eran llevados al ruedo por sus irresponsables padres, puesto que de no ser así, el apartado 2.a del artículo 6 de la Ley catalana quedaría en letra muerta. Y si esos faranduleros padres quisieran denunciar, que lo hagan, así la Generalitat podrá multar y perseguir directamente a los responsables directos de tanta desobediencia.

* La definición exacta de “Violencia” es: “Ejercer fuerza injusta para obligar otros a hacer o no hacer algo”.

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LOS POBRES ARGUMENTOS TAURINOS
Luis Luque
   
 

Los argumentos que esgrimen los defensores de las corridas de toros tratando de evitar que esta crueldad se acabe de una vez por todas son, en los tiempos que corren, para partirse de risa. Uno comprende que haya gente que le guste esta clase de espectáculos, que hay A quien todavía le gusta el boxeo o en tiempos ya pasados gustaban de las luchas de gladiadores.

© Compassion for the Animals

Todos estos espectáculos y otros gozaron en sus diferentes épocas de plumas ilustres que los apoyaron, hoy ya pocas, pero la humanidad, si es que sirve para algo, debe de servir entre otras cosas para tratar de superarse a sí misma, desterrando sus violentas y gratuitas actuaciones contra los demás, en este caso, los animales. La cabeza no está tan sólo sobre nuestros hombros para llevar boina o barretina, sino para algo más

Por otra parte, el arte es un concepto muy amplio, pero no por eso lo ampara todo. Si así no fuera, por este camino, podríamos llegar a una situación de permisividad escalofriante en nombre de la creación artística. Bergamín, por ejemplo, pudo escribir preciosas páginas sobre el "arte de birlibirloque"; era un gran prosista, pero en este caso de los toros, viviendo su época, la sensibilidad que tuvo para otros temas le faltó precisamente a la hora de contemplar el dolor y la agonía de los toros en las plazas.

Protestar sobre la prohibición de las corridas de toros porque eso no sería libertad, es una sinrazón absolutamente infantil. Una sociedad tiene la obligación de prohibir aquello que está en contra de los principios elementales de la ética y la moral, y las corridas de toros pisotean esos principios al maltratar con saña y sufrimiento hasta la muerte a un indefenso y miedoso animal, que da alguna que otra cornada para defenderse en desigualdad de condiciones.

Con culturas y tradiciones de este tipo no vamos a ninguna parte. Todos sabemos (hasta los taurinos) que la famosa "fiesta" terminará, languideciendo, por acabarse y, posiblemente, no lo hará antes porque todavía hay intereses que la sustentan. Pero los políticos harán mal en formar parte de esos intereses, y entrar así en graves contradicciones con lo que la mayoría del pueblo demanda. Pero es que, aunque no lo demandara, un político, no está para defender su silla, sino ideas válidas, acordes con una sociedad mejor. Y nos preguntamos: ¿Acaso es mejor la idea de martirizar un animal? De modo que tienen que obrar en consecuencia y no hacer de Don Tancredo. Por eso, bravo por la propuesta de ERC pidiendo que al menos esto termine en Catalunya. El colmo de la cantinflada es lo que dijo el taurino Luis Corrales, presidente de una peña del gremio: no hay tortura, pues"es un acto de homenaje al toro". Dios nos libre de homenajes semejantes.

Luis Luque
Director de la Fundación Altarriba

   
 
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