45 Octubre - Diciembre 2005
 
 
Reyes de la creación
38 - enero / febrero 2004

por Pilar Luque
Dicen que la vida es un don, o al menos eso oí decir a mis mayores desde que era pequeña, y debe ser verdad, sobre todo para aquellos que han tenido la suerte o el privilegio de nacer y vivir en condiciones favorables. Por lo tanto, me decían ellos, como tal don debe ser respetada en su sentido más amplio.
Pero he aquí, que los años pasan y uno va tomando conciencia de que ese precepto maravilloso se encuentra todavía lejos de ser una realidad, y puede que todo se deba a una ingenua fantasía, producto de nuestras aspiraciones más elevadas, pues a la vista está que aunque teóricamente sencillas, en la actualidad no dejan de ser utópicas.

Y llegados a este punto hay algo que no me cuadra, pues según las informaciones que nos llegan de distintos ámbitos de la Ciencia, el Hombre, es decir, el Ser Humano es el ser más avanzado e inteligente dentro de la escala evolutiva de este planeta. Y yo, con todos mis respetos, tengo mis dudas; me explico: no llego a entender por más que me empeño en ello (pues me parece una rara incongruencia), que siendo como somos la Humanidad el “sumun” de la evolución, sintamos tal desprecio por la vida y nos regocijemos con absoluta crueldad en las distintas modalidades de sufrimiento que constantemente infligimos a nuestros hermanos pequeños los animales.

Con qué facilidad hemos olvidado nuestra larga andadura a través de los milenios, pasando por múltiples formas e indecibles padecimientos hasta llegar a lo que somos. Pero para ser honestos y en mi opinión, no sólo somos desmemoriados sino que además padecemos una rara enfermedad: Delirios de Grandeza.

Y me remito a lo dicho por varias razones. Con determinada frecuencia he leído o escuchado que a mayor inteligencia mayor capacidad para percibir las cosas tal como son, es decir, sin distorsiones de ningún tipo. Y otro tópico: la inteligencia y la sensibilidad están íntimamente relacionadas, y nuevamente aquí las cosas no me encajan.

Nuestra insensibilidad e irresponsabilidad con los animales es harto conocida e incluso diría que en los últimos tiempos ha traspasado los límites de lo permisible.

Con la puesta de moda de la mascota en casa y su posterior abandono por motivos insignificantes y fácilmente solucionables, la situación de los animales en la actualidad es alarmante.

La ansiedad, la angustia, el estrés, el miedo, la soledad, el dolor, el hambre, la enfermedad, en una palabra, el sufrimiento que ocasionamos a nuestros animales cuando los abandonamos, no tiene nombre. ¿Cómo podemos llamarnos humanos y vivir tranquilos cuando somos los causantes directos y conscientes de la desgracia de otro ser?.

Por mí misma he podido comprobar en muchas ocasiones la infinidad de facetas que nos unen, a veces incluso se diría que nos superan en muchas de ellas. Sus emociones y sus sentimientos son los mismos que los nuestros cuando se encuentran en parecidas circunstancias. Su ternura, su capacidad de cariño y de sorpresa, su nobleza, su fidelidad, es decir, un sinfín de atributos que nos hermanan, se mire por donde se mire. Por eso me resulta difícil aceptar que entre los animales y nosotros se interponga un abismo tan grande.

Precisamente me viene a la memoria una anécdota muy simpática: convivimos con un gato siamés durante catorce años al que pusimos de nombre Sócrates. No sé si se trataba de una extraña coincidencia, pero con el paso de los años, su comportamiento nos demostró que hacía honor a su nombre. El caso es que un buen día en pleno verano se nos coló por la ventana un periquito de esos azules, y como nos pilló al comienzo de dos días seguidos de fiesta no pudimos comprar una jaula para él. La cuestión es que César, que así le empezamos a llamar, se instaló en uno de los travesaños de la parte baja de una silla y allí se quedó.

Hasta aquí todo muy bien. La sorpresa llegó cuando nuestro querido Sócrates se tumbó cerca de él, sin ningún síntoma de agresividad. Sólo quería mirarlo y conocerlo. Al finalizar los dos días de fiesta ya eran “amiguetes”, y siguieron siéndolo durante mucho tiempo. Sirva esto para corroborar todo lo expuesto anteriormente.

Por tanto es irreverente que se siga negando la evidencia. El problema de los animales, querámoslo o no, nos afecta a todos muy de cerca y hoy por hoy la toma de conciencia de esta realidad se ha convertido en algo urgente.

Nuestra falta de respeto y sensibilidad hacia ellos ha alcanzado cotas escandalosas. No sólo los abandonamos a su suerte, camino de la desgracia, sino que en el peor de los casos los torturamos o matamos. Es más, bajo mi punto de vista no sería ningún disparate que en los centros docentes se nos instruyese desde pequeños para tener una mayor conciencia en este sentido.

Con esta perspectiva tan poco halagüeña para el equilibrio de la vida en nuestro mundo, crecemos en el convencimiento absoluto de que somos los “reyes de la creación”.

El trayecto por la vida no es monopolio del ser humano. Un sinfín de criaturas de distintas especies comparten con nosotros ese viaje al mismo tiempo y en el mismo espacio.

Aprendamos pues a respetarnos.

 
España: profunda y cavernaria
36 - septiembre / octubre 2003

por Matilde Figueroa

En San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, una perra Pastor Alemán abandonada, completamente inofensiva, ha parido a sus cachorros. Vive en una especie de alcantarilla o tubo, donde resguarda a sus pequeños.

Niños del pueblo han descubierto a la familia y han decidido cogerle algunos perrillos, quiero creer que para jugar. La madre ha mordido a un niño para defender a sus crías, y unos vecinos han intervenido para defender al niño.

Han bloqueado una salida del tubo, con los animales dentro, y a continuación lo han rociado con gasolina y le han prendido fuego. Una gran tea en llamas que es la madre, y varias pequeñas teas en llamas que son sus hijos salen aullando de espanto y de dolor. Inmovilizan a la madre por el cuello con una horca y la clavan al suelo. Ella y dos de sus cachorros, los únicos que quedan vivos, son arrastrados a las afueras del pueblo y abandonados allí hasta su muerte.

No es dolor. No es indignación. No es ni siquiera asco. Es miedo. Lo que siento es miedo. Miedo de estos salvajes. Miedo de estos seres cavernarios que conducen un coche o cortan el pan con un cuchillo. Miedo de los restos del «hombre de Cromagnon» que vive todavía en San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, y que al presunto amparo de su Ayuntamiento, prende fuego a una madre indefensa sin parpadear.

La Asociación Protectora de Animales de Ávila ha presentado una denuncia «ante las autoridades correspondientes» por estos hechos, y las correspondientes autoridades, seguramente, archivarán el tema en su memoria. Quizás deberían adjuntarse los restos calcinados como «prueba de la acusación número 1».

¿Qué está enseñando a sus hijos esta gente? ¿De qué pozo de las miserias ha salido? El término «España profunda» se nos antoja corto, se nos antoja escaso.

Vecinos ejecutores, jueces y verdugos: ¿No os dáis asco? ¿Podéis dormir cada noche? No os sorprenda que vuestros hijos, ya mayores, os muelan a palos por una linde, os dejen asilados para cobrar la paga, o directamente os tengan en casa encerrados en una habitación llenos de llagas.

Es vuestra herencia. Es vuestra enseñanza. San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, ha saltado a los anales de la miseria humana, y esos vecinos han puesto al resto del pueblo y al resto de los abulenses en el muro de las infamias.

«En España han quemado a un perra con sus cachorros». Quién nos va a tomar en serio. Quién nos va a querer de compañeros de viaje. España profunda, de playa, sol y sangre. España cavernaria en la que se practica el sacrificio a los dioses de la historia o del dinero, ofrendas carniceras, mantón de luto.

España de pandereta que se llena la boca hablando de defensa de la humanidad en lejanas tierras, y no es capaz siquiera de defender la humanidad futura de su propia casa. España de botijo. España navajera. País de miserias que proclama sus avances tecnológicos, que se sienta en mesas europeas, que quiere voto y peso entre el mundo desarrollado, y que esconde la basura de su retraso bajo la alfombra.

¿A quién queremos engañar? ¿A quién quieren que engañemos? Las gentes de las ONG españolas, las humanas y las animales, todas, ya no tenemos más lágrimas que verter. Los civilizados, los sensatos, los solidarios, los respetuosos, los normales al fin y al cabo, ya no tenemos a dónde huir del monigote sádico. Lo llevamos a la espalda clavado con un estoque.

España evoluciona. España se solidariza y se conciencia. Se rebela contra las mutilaciones de animales, contra las guerras, contra los odios, contra las torturas, contra el abuso, contra el horror.
España intenta sacudirse la histórica y tradicional cultura de la muerte y del horror que lleva sobre el hombro. Se centrifuga para liberar el suero del coágulo, se esfuerza por apartar el poso. Pero el poso es grueso, no por abundante, sino por hediondo. Y el poso apesta y nos sobrepasa, y se eleva sobre nuestras cabezas para que lo huela el mundo y se asquee de nosotros.

Qué debió sentir esa madre en llamas, viendo arder a sus cachorros, acosada con la horca, oyendo aullar a sus pequeños, oliendo su carne infantil quemada. Puedo imaginar sus ojos, y puedo imaginar su alma. Ignoro qué debió sentir la madre del niño mordido viendo esa venganza en la otra madre. E ignoro qué debió sentir el niño.

En San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, unos vecinos han rociado con gasolina a una perra y a sus cachorros porque ha mordido a un niño que intentaba quitarle uno de los perrillos.

En San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, unos vecinos y la Administración nos han puesto a todos en la cara, grabados al fuego, los profundos sonrojos cavernarios.

 
Sólo me queda el odio
33 - marzo / abril 2003

por Matilde Figueroa

Recuerdo unas imágenes de televisión en las que se veía la entrada de los tanques, abriendo fuego, en una ciudad. Recuerdo ver gente anónima que corría a protegerse de los disparos.
Y recuerdo un perrito pequeño, mestizo, color canela que, completamente desorientado, corría también a lo largo de una calle, sin un rumbo fijo, seguramente asustado por el estruendo y el humo. Mis primeros pensamientos, viendo aquellas imágenes tan recientes, fueron de odio hacia aquellos tanques y de sufrimiento por ese perro, y muchas veces me he preguntado qué habrá sido de él, y si pudo salvar su vida.

Después, una reflexión casi avergonzada, me ha conducido a otra pregunta: ¿qué habrá sido de aquellas personas que corrían? ¿Habrán salvado su vida? Y de ellas surge la más dolorosa: ¿por qué mi temor es en primer lugar para el animal, y no para las personas?

No tengo respuestas claras. ¿La indefensión del animal? ¿El no saber qué pasa? ¿El miedo a ese repentino infierno que no sabe lo que es?

La creación divina, o las leyes de la evolución, nos han diferenciado a los primates humanos del resto del mundo animal, dotándonos a los primeros de dos capacidades: el habla y la muerte. Y estamos tan asentados en ambas, que hablamos sin parar y sin conducirnos a ninguna parte, y matamos sin parar y sin detenernos ante ningún exceso.

Para el hombre, el horror contra el hombre es ya un episodio renuente, y ha pasado a nuestra vida cotidiana en forma de procesión macabra en los telediarios, de repaso diario de atrocidades, de cadena de noticias para comentar en los bares o en el taxi. Y para el hombre, quizás ese horror contra los hombres ha creado una costra, una pantalla refleja, un pañal absorbe-olores que no asimila la información, sólo la procesa y la reemite.

Ya no nos mueve apenas nada, sólo grandes casos, públicos y terribles, traídos por la prensa urbi et orbe; mientras, asistimos como hastiados espectadores al hecho diario de la muerte humana, al drama diario de la muerte humana.

Por eso, quizás como proteccionista sólo me diferencio de otros hombres en que aún queda un dolor, el de los animales, que a mí me produce un dolor intenso y, para el sufrimiento humano, aún me queda algo que me hace salir a la calle a protestar contra grandes acontecimientos de crueldad.
Esa costra es tan dura que no me permite protestar en favor de los hombres si no es en acontecimientos que, a su vez, salen en los telediarios porque junto conmigo han salido millones. Acontecimientos que "claman al cielo", como si la muerte anónima de un solo hombre por la barbarie de otro, no clamara también.

Es como si hubiera tirado la toalla de la salvación del hombre, con algún coletazo de remordimiento intermitente, para agarrar con uñas y dientes la toalla de la salvación animal y luchar contra la apisonadora humana que, en forma de políticos, de jueces, de empresas, de dueños, y hasta de entidades proteccionistas, aplasta a los otros animales de la creación en aras del dinero, del "salir en la foto", y hasta de la prevaricación y del delito.

Y entonces sólo tengo que odiar. Odio porque me han puesto una coraza, porque me han hecho distinguir entre un dolor y otro, por todo lo que me deja impasible, por el filtro de lo que me hace interceder y manifestarme, por pasar de lado ante las tragedias individuales y anónimas, por darme por vencida tantas veces en tantas cosas y, finalmente, porque el hombre ha creado en mí la coraza contra el hombre y, a su favor, sólo me ha dejado el odio.

 
15 muertes "apartadas de la realidad
31 - noviembre / diciembre 2002

por Fabienne Tremblé

A Domingo F.M, de 25 años de edad, le han condenado a pagar una multa de 1.502€ a la Protectora de Tarragona que sufrió la mutilación y posterior muerte de 15 de sus perros acogidos.

A Domingo F.M, de 25 años de edad, el Juez le considera mentalmente perturbado y califica de "trastorno esquizofrénico que le apartó de la realidad" el motivo por el cual actuó así.
A Domingo F.M, de 25 años de edad, a quien se considera con las "capacidades anuladas" en el momento de cometer aquella terrible barbarie, se le envía a que siga un "programa formativo" (¿de qué?) en un centro psiquiátrico...

A Domingo F.M, de 25 años de edad, lo colgaba yo por donde me sé del mismo olivo donde torturó, mutiló y dejó morir desangrados a 15 animales inocentes...

Domingo F.M, de 25 años de edad, no tendría tan anuladas sus capacidades cuando fue capaz de llegar hasta la protectora, abrir el recinto, penetrar en él, sacar a 15 perros (no uno ni dos, sino 15), atarlos a un árbol y cometer la salvajada que cometió, para después irse tan tranquilamente... Ahora me dirán : ¿Pero en qué cabeza cabe eso? En la de un demente, obviamente...

No estaba "apartado de la realidad", no! 15 perros aullando de dolor y angustia no pudieron alejarle de la atroz realidad que estaba cometiendo. ¡Quien está apartado de la realidad es el Sr. Juez que ha dictado semejante sentencia!

Pero esto no es hacer justicia.
Una multa y la obligación de seguir un programa formativo no son castigo ejemplar para una bestialidad de semejante envergadura. Bestialidad, recordemos, que hizo movilizarse como nunca antes a este país, que hizo verter ríos de tinta, que acaparó la atención internacional en los medios de comunicación, que hizo que se reunieran más de 600.000 firmas para pedir la tipificación como delito en el Código Penal de esta clase de actos.

Pero para la Justicia, Domingo F.M, de 25 años de edad, solo cometió una "falta"... Y para nuestros dirigentes del PP, esta "falta" es un "hecho aislado", con lo cual la multa y el programa de formación son más que suficiente castigo...

Yo no sé como se lo habrán tomado los de la protectora de Tarragona, que no podrán olvidar nunca a sus 15 perritos. Tampoco sé como se le explica a un niño de 8 años porqué no hay cárcel para este culpable, tendré que decirle que "son cosas de adultos" mientras me odie a mi misma por mentirle...

Cuando Domingo F.M, de 25 años de edad, salga de su ciclo de formación psiquiátrica, quizás esté más capacitado para entender lo que hizo, o no... Puede que se arrepienta, o no... Posiblemente le de por torturar otro tipo de animales, o... sí, ¿porqué no decirlo? Seres humanos! Pero como el pobre Domingo F.M tiene sus "capacidades anuladas" mientras comete barbaries, lo más que le puede pasar es que le doblen la multa por reincidente y le manden a seguir un cursillo de protocolo...

Mientras tanto, se cumple pronto un año de aquella barbarie. Los medios de comunicación lo recordarán en sus telediarios, pero no por respeto a los 15 perros, no, únicamente porque la "sangre vende" y aquél suceso vendió por la sangre derramada de aquellos 15 inocentes. Mientras tanto, quienes amamos a los animales, quienes lloramos entonces de pena hoy lo hacemos de rabia. Quienes seguimos asistiendo impotentes al rosario de injusticias cotidianas que se comenten contra los animales, quienes sí tenemos nuestras capacidades habilitadas para ejercer nuestro derecho a la pataleta, nos preguntamos una vez más cuando cambiarán las cosas en este país...

Cuando miro al cielo me pregunto si entre tantas estrellas, brillan las de estos 15 perrufos que nunca pudieron entender que Domingo F.M, de 25 años de edad, tuviera sus "capacidades anuladas" mientras los mutilaba fríamente ; y que dejaron este mundo cruel sabiendo que habían muerto a manos de un hombre, que hubiera debido ser su amigo, porque un perro no entiende de otra cosa que no sea lealtad y amistad.

Desde esta protesta, vaya mi más cálido abrazo a los de la protectora de Tarragona, así como mi más sentido pésame por tan injusta condena. Y a mis amigos los perros, la certeza de que algún día conseguiremos justicia para ellos, no sé como, pero lo conseguiremos, cuando este país se decida a ser civilizado.

17 Octubre 2002

 
¡Qué peligro de Decretos ...!
30 - septiembre / octubre 2002

por Matilde Figueroa

Mi amigo Marcelo me ha hecho hoy un comentario que, por evidente, casi me ha dado vergüenza que no se me hubiera ocurrido antes, a mí o a otra persona.

Desde luego, a quien no se le ocurrió fue en primera instancia al paridor del Real Decreto de Perros Potencialmente Peligrosos, competente en perros, en segunda al Ministro de turno competente en alarmas sociales de resolución inmediata como sea, y en tercera al Consejo de Ministros reunido en pleno competente de todas las cosas. Pero no puedo criticar a ninguno por tamaña falta de imaginación, porque yo tampoco lo pensé.

El comentario iba en relación a los posibles daños por picotazo de los canarios, y en si deberían o no llevar caperuza por obligación legal en caso de tener visitas en casa o por si se abriera accidentalmente la jaula. Y la reflexión no es gratuita. A saber: gracias al Real Decreto de Perros Potencialmente Peligrosos, determinadas razas caninas van camino de desaparecer de la faz de la tierra ibérica, bien por exterminio directo (en perreras o batidas de abandonados), bien por desaparición de potenciales propietarios (hay que ver, cuánta "potencia").

Cuando semejante hazaña se haya consumado, no tendremos estos perros, pero seguiremos teniendo a los cabrones que los utilizaban, y que puestas las cosas tan mal, deberán optar por otros modelos caninos. Por tanto, es de prever una paulatina "decretación" señalando con la punta del bolígrafo a los amastinados, luego a los pastores, pasaremos por los medianitos como el Cocker, liquidaremos a continuación "realmente" a Chihuahuas, Shih-Tzus, Caniches y Yorkshires, nos quedaremos sin gatos, sin cobayas, sin hamsters, y finalmente, los mencionados cabrones tendrán que recurrir al entrenamiento de canarios, como hemos visto, que acabarán igualmente primero con la caperuza anti-picotazo y luego sacrificados en las "canarieras" municipales, para evitar que sean entrenados en el vaciado de ojos.

Y excluyo a varios otros animales, porque al no ser típicamente de pasear por casa, parecen de momento a salvo de decretos. Por ejemplo, no parece probable que se entrenen caballos para cocear a diestro y siniestro, o carneros para dar topetazos por doquier. Aunque este país da para mucho, y quien sabe.

Yo por si acaso, que tengo cuatro perros variados, he puesto a remojar mis barbas y las de ellos. Así que Otto tiene instrucciones precisas para morderme sólo a mí, si es que se le tercia dar una dentellada; Lanka ha sido puesta en cuarentena, no la vaya a denunciar Yaya por destrozarle la oreja a cuentas de un bocadillo que olvidé en el recibidor; Yaya por su parte tiene gran potencial agresivo en defenderme, pero con 18 años y 3 dientes poco destrozo puede hacer, así que le he recomendado que se centre en su cestito o en mis zapatos. Y Siri ha recibido ya varios pescozones (es que yo soy potencialmente agresiva) por ladrar a las palomas, no sea caso que sobresalte a un buen transeúnte y me la denuncien por homicidio en grado de tentativa. También he avisado a mi hermana de que vigile a su gato Puma, por si mira a alguien de lado desde el balcón y atemoriza.

En cualquier caso, lo que me pregunto es si una vez liquidado el total de posibilidades, saldrá un real decreto de decretos potencialmente peligrosos, que por cierto, no estaría demás, visto con lo que nos desayunamos de vez en cuando. Aunque una cosa no me pregunto porque la tengo clara: nos quedaremos agotados de posibilidades, pero eso sí, con los cabrones.

 
¿Un paso atrás?
27 - marzo / abril 2002

por Luis Luque

El Gobierno de la Generalitat de Cataluña ha presentado el anteproyecto de la ley de protección de animales para ser discutido en el Parlamento catalán, que vendría a sustituir la actual ley 3/1988, una ley autonómica que fue pionera en su día, pero que, como suele suceder, quedó hace tiempo desfasada, al margen del hecho de que su desarrollo nunca se llevó a cabo y apenas hubo voluntad efectiva de aplicarla.

¿Era, es, un papel mojado, con escasa incidencia real en la protección de los animales, a pesar de que nuestra sociedad ha cambiado mucho desde entonces. Así las cosas, una modificación profunda de esta ley o, en la práctica, una sustitución de la misma, era deseada y esperada desde hacía tiempo.

Qué parece, sin embargo, que puede suceder?

Algunos juristas tendrían que cambiar de oficio y, quizás también, algunos políticos y esto es lo primero que se nos ocurre ante el texto de este anteproyecto que, de entrada, desconoce la realidad de una sociedad cada vez más sensible a la protección de los animales; de un texto que incluso apunta algunas barbaridades como, por ejemplo, condicionar el nivel de la sanción por los abandonos al hecho de que el animal haya salido mejor o peor parado a consecuencia del mismo; o especificar la prohibición del tiro al pichón, para luego decir que se podrá autorizar a las sociedades de tiro la celebración de competiciones deportivas homologadas de esa naturaleza. Un texto en definitiva, sin aliento, sin espíritu; un texto cobarde en relación con la protección de los animales, que es de lo que se trata, en el que, sin duda, podemos encontrar algunos aspectos positivos -no faltaría más, todo no va a ser malo-, que tiene, entre otras perlas, la osadía de endiñar responsabilidades a los ayuntamientos en el tema de sanciones, responsabilidades que una administración autonómica no puede o no debe abandonar ni ceder, salvo que se dotara a los municipios de los medios adecuados y, aún así, se tendría que ver.

No; realmente no estamos ante un anteproyecto valiente, que respire una verdadera voluntad política de contribuir seriamente a la protección de los animales. Más bien parece, en el fondo y en muchas de sus formas, todo lo contrario. Da la impresión que a los legisladores que han trabajado en él -quizás desde una torre de cristal- el tema les molesta o les viene grande o, lo que sería peor, los animales les tienen sin cuidado. Total, pobres bestias, bastante es que acabemos haciendo una ley en relación con ellos.

Desde luego, si este anteproyecto es aprobado en el Parlamento tal cual, la ley nacerá muerta y habremos perdido una ocasión única. Nacerá muerta, como muerta está la ley todavía vigente. Nacerá muerta y entenderemos que, con todos los respetos, los políticos que nos representan tocan al violín una música, mientras el público que llena el auditorio espera otra partitura bien diferente. Nacerá muerta y pensaremos que para este camino, como dice el refrán, no necesitábamos alforjas. Nacerá muerta y los animales, pobres animales, seguirán sufriendo nuestra falta de ética y también nuestra falta de inteligencia. Nacerá muerta y, si es así, mejor que no nazca. Pero tampoco sirve para mucho que a los cadáveres se les maquille. Si la ley se aprueba así, la acataremos, pero no la cumpliremos. Tampoco, claro está, la cumplirá la administración; éste será nuestro único consuelo.

Luis Luque
Director
Fundación Altarriba, Amigos de los Animale

 
Ya es Navidad ... en la carretera
25 - noviembre / diciembre 2001

por Matilde Figueroa

Y eso que faltan varios meses para las vacaciones estivales del 2002, pero hay un gran número de animales que, mientras ustedes leen estas líneas, están apenas abriendo los ojos y siendo amamantados, lamidos, vigilados y queridos por una perra que, no por menos humana, es menos madre.

Hermosos. Regordetes. Inquietos. Olisqueando quizás ya el aire en busca de una pista alimenticia diferente, y lanzando los primeros gruñidos al cachorro de al lado para que no le quite el sitio, mientras el esfuerzo le hace caer de lado sobre sus patitas aún tiernas.

Estos bebés tan frágiles, tan hermosos, tan "monísimos", no saben que dentro de siete u ocho meses, cuando empiecen de verdad a disfrutar de la vida y de la compañía de una familia, se van a ver de golpe privados de todo ello.

Dentro de unas semanas, ignorantes del futuro, llegarán ilusionados a su hogar, envueltos en celofanes de colores y con gran abundancia de lazos y exclamaciones de alegría. Y se sentirán los reyes de la casa. Y todos querrán jugar con ellos. Y besarlos, y darles una galleta, y lanzarles la pelota al aire. Y pensarán que la vida es hermosa, y cada noche darán gracias al dios de los perros por haberles concedido el incomparable don de la vida.

No saben que dentro de siete u ocho meses su vida, si aún la tienen, se convertirá en un infierno. No saben que el alimento de su comedero tendrán que buscarlo en bolsas de basura arrojadas días atrás en un descampado. El paseo de cada tarde por el parque, esquivando palomas, se convertirá en una huida solitaria por la carretera, esquivando los coches. Su manta de dormir, con suerte, será un suelo de cemento humedecido con zotal.

Porque si siguen vivos en esa su edad adolescente, la misma en que los cachorros humanos, por lo general, comerían bollos de chocolate y jugarían al fútbol en los patios, estos cachorros caninos estarán ya luchando por su vida, y no sólo contra la Naturaleza que a todos nos marca la hora, sino contra usted y contra mi, y contra "nuestros" humanos cachorros, que también en la adolescencia humana hay una buena dosis de sadismo.

Y entonces, dentro de siete u ocho meses, y sentados en una cuneta o simplemente yaciendo en ella, tumbados sobre una camilla fría y ya adormilados, hacinados en una jaula bajo el sol y la lluvia, o refugiados bajo un contenedor de basura, y con dolor, con hambre, con sed, con tristeza y con miedo, quizás estos adolescentes le pregunten al dios de los perros.

Pero el dios de los perros no tiene ninguna respuesta para darles. Porque a un pre-adolescente no le puedes hacer comprender que su vida sólo tiene sentido si no molesta, si no supone un gasto de residencia superior al 1% del total que gastará la familia, y sobre todo, si no hay otra manera de hacer callar una temporada a los cachorros humanos que quieren un juguete que funcione sin pilas.

Feliz Navidad, … y mejor verano.

 
Tengo el corazón partío...
23 - julio / agosto 2001

por Matilde Figueroa

Quiero hacer una propuesta, si puede ser de ley, para que los mayoristas de viajes, los hoteleros, los constructores, los ginecólogos, los alergólogos, los pediatras, los muertos, los caseros y los vecinos, tengan la obligación de abonar una cantidad fija mensual, como si de la Seguridad Social se tratara, destinada al mantenimiento de los refugios para perros y gatos.

Y lo propongo, porque parecen ser directamente responsables de los cientos de abandonos que se han registrado en nuestro departamento de adopciones últimamente, todos ellos solapados bajo la terapia vacacional, las reducidas medidas de los nuevos pisos, la prescripción médica y la buena convivencia vecinal. Eso sí, hay una pauta común: a todos y cada uno de los propietarios se les destroza el corazón porque, si no fuera por eso, jamás lo daría.

Y si no fuera por la alergia del niño, que tiene 25 años, y que es provocada sin duda por el perro, que tiene 12 (durante 11 años figura que el perro ha sido calvo), y que ha surgido hace dos meses, no lo daría; le das el nombre de un producto que elimina ese problema, y entonces con gran espanto te añade que los vecinos se quejan porque ladra (durante 11 años figura que ha sido mudo); le explicas como solucionarlo, y aparece, bendito sea, el no poderlo atender debidamente por el pequeño tamaño del piso, y la falta de espacio para que el pobre animal viva con mediana dignidad. Por todo ello, han tomado la durísima decisión, a costa de grandes lágrimas y mesado de cabellos, de darlo a una familia con un gran jardín.

Y entonces te preguntas si durante 11 años ha sido un Yorkshire, y de golpe una mañana, como reencarnación kafkiana, se ha transformado en Pastor Alemán cruzado con Husky. Y le sugieres que llame a la tele para que le hagan un reportaje en algún programa de esos que presentan misterios paranormales sin resolver.

Pero no nos preocupa, porque como todos los que estamos en el mundo de la protección ya sabemos, cada día se reciben en cada refugio una media de 50 llamadas de familias que viven en grandes casas con jardines inmensos, que además son ricos, y cuya vida carece de sentido si no ofrecen una vida de pompa y ceremonia a un perro de 12 años, cruzado de Pastor Alemán con Husky.

Oiga. Es usted muy libre, como lamentable propietario de un animal que va a ser abandonado, de tener la poca cultura que estime oportuno, y el nivel intelectual mínimo que le permita firmar con una cruz y evitarse la tinta en la yema del dedo. Pero por favor, no nos tenga veinte minutos al teléfono, porque hay otras catorce llamadas en espera de soltar el mismo rollo (¿dan cursillos sobre eso?). Si ello le parece enriquecedor para su persona, sea usted imbécil. No nos tome a nosotros por lo mismo. Bastante tenemos con aguantar a pie firme sus cretineces, para evitar que acabe usted matando al perro.

Y sobre los muertos del primer párrafo, si es usted heredero, nuestra felicitación. Suponemos que sí que ha podido atender debidamente tanto la cuenta bancaria como las propiedades de su difunto familiar que, quizás, confió en que también atendería a su perro y a sus dos gatos. Que disfrute de su herencia con salud. Se lo merece.

 
Discusiones sobre la muerte
16 - mayo / junio 2000

por Luis Luque

Los que estamos en contra de la pena de muerte no solemos caer en la tentación de discutir si es mejor o peor un sistema determinado para enviar a alguien al otro mundo, aunque sea bajo el imperio de la ley. Simplemente, estamos en contra y basta.

No se nos ocurre sentarnos a negociar si es preferible la horca, la silla eléctrica, la inyección letal, la cámara de gas o el corte del pescuezo. Estos y otros sistemas se han empleado y se siguen empleando en países, líderes por muchos conceptos, pero no caemos en el error de defender métodos “más humanos” para el pobre condenado.

Cualquier método que quita la vida nos parece horroroso. Además, siempre está el hecho de que nadie vuelve para contar, por propia experiencia, o ajena, cuál es el sistema mejor o peor. La naturaleza misma, al final, nos envía a todos a la muerte, a unos, al parecer, apaciblemente, y a otros, con gran dolor.

Es por ello que parece incomprensible que los proteccionistas de los animales nos prestemos de pronto a discutir con las administraciones “métodos dignos” para matar, asesorados, claro está, por los veterinarios, que entienden de ese extremo. Es muy loable defender la muerte digna y, a ser posible, indolora; no lo vamos a discutir, pero un proteccionista sólo puede defender la vida y, si no puede evitar la muerte por ley de los animales, es preferible que se levante de la mesa de negociación y se marche.

Tampoco puede discutir los plazos más convenientes para matar. Las leyes de protección de los animales en nuestro país conceden, por lo general, plazos terriblemente cortos antes de aplicar la última pena a los animales abandonados; es verdad, es un vergüenza. Y también es verdad que los abogados que tienen la ingrata tarea de frecuentar los pasillos de la muerte donde esperan los humanos condenados, tratan de conseguir aplazamientos, a la búsqueda de un indulto final. Pero los proteccionistas de animales saben cuál será casi siempre el final para miles y miles de perros, para miles y miles de gatos y lo único que, en serio, tienen por ética y por moral que defender es la vida. No cabe negociación con la muerte. ésta es nuestra opinión. No caben paños calientes en este caso. Además hay un último aspecto. ¿Cómo puede ver nuestra sociedad que los que nos dedicamos a la protección de los animales negociemos sobre la forma de matar y los plazos para matar?. Los proteccionistas tenemos la obligación de insistir, de empujar, hacia otro tipo de soluciones, que sean las que sean, nunca contemplen como solución la muerte. Es una cuestión de principios. Nuestras leyes proteccionistas serán siempre unas malas leyes, mientras no acepten la vida como un bien que hay que respetar. Que castiguen en otra parte, y a quien corresponda, pero no sobre la cabeza de los animales. Resulta terriblemente irónico que el mal que hacemos los humanos abandonando a animales que confiaban en nosotros, lo paguen encima éstos, en base a una ley que dice protegerles. Y no con un castigo cualquiera. Ya sabemos de las escalofriantes cifras de perros y gatos abandonados cada año. Pero detrás de cada perro abandonado existe, como mínimo, una persona;  a veces, toda una familia, y no vamos a pedir, claro está, que se lleve al patíbulo a los causantes de estas desgracias, de esta actitud miserable, pero sí vale la pena pedir que la ley, el rigor de la ley, se les aplique con seriedad, con eficacia, para que el ejemplo no cunda. Entonces la ley, al menos en este aspecto vital, será proteccionista de verdad; no lo es una ley en la que pagan, como ahora, justos por pecadores.

Siempre hay que alentar, no cabe duda, el camino del diálogo y la negociación. Pero, por utilizar una expresión que le gustaba mucho a uno de nuestros filósofos, no cogiendo el rábano por las hojas, eludiendo por la tangente el problema principal, pues nada, o poca cosa, hay que negociar cuando la muerte anda por medio. La única respuesta a la muerte, es la vida.

 

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