| 45
Octubre - Diciembre 2005 |
|
| |
|
| |
| Reyes
de la creación |
38
- enero / febrero 2004 |
|
| 
|
por
Pilar Luque |
Dicen
que la vida es un don, o al menos eso oí decir a mis mayores
desde que era pequeña, y debe ser verdad, sobre todo para
aquellos que han tenido la suerte o el privilegio de nacer y vivir
en condiciones favorables. Por lo tanto, me decían ellos,
como tal don debe ser respetada en su sentido más amplio.
|
Pero he aquí,
que los años pasan y uno va tomando conciencia de que ese
precepto maravilloso se encuentra todavía lejos de ser
una realidad, y puede que todo se deba a una ingenua fantasía,
producto de nuestras aspiraciones más elevadas, pues a
la vista está que aunque teóricamente sencillas,
en la actualidad no dejan de ser utópicas.
Y llegados a este
punto hay algo que no me cuadra, pues según las informaciones
que nos llegan de distintos ámbitos de la Ciencia, el Hombre,
es decir, el Ser Humano es el ser más avanzado e inteligente
dentro de la escala evolutiva de este planeta. Y yo, con todos
mis respetos, tengo mis dudas; me explico: no llego a entender
por más que me empeño en ello (pues me parece una
rara incongruencia), que siendo como somos la Humanidad el “sumun”
de la evolución, sintamos tal desprecio por la vida y nos
regocijemos con absoluta crueldad en las distintas modalidades
de sufrimiento que constantemente infligimos a nuestros hermanos
pequeños los animales.
Con qué facilidad
hemos olvidado nuestra larga andadura a través de los milenios,
pasando por múltiples formas e indecibles padecimientos
hasta llegar a lo que somos. Pero para ser honestos y en mi opinión,
no sólo somos desmemoriados sino que además padecemos
una rara enfermedad: Delirios de Grandeza.
Y me remito a lo
dicho por varias razones. Con determinada frecuencia he leído
o escuchado que a mayor inteligencia mayor capacidad para percibir
las cosas tal como son, es decir, sin distorsiones de ningún
tipo. Y otro tópico: la inteligencia y la sensibilidad
están íntimamente relacionadas, y nuevamente aquí
las cosas no me encajan.
Nuestra insensibilidad
e irresponsabilidad con los animales es harto conocida e incluso
diría que en los últimos tiempos ha traspasado los
límites de lo permisible.
Con la puesta de
moda de la mascota en casa y su posterior abandono por motivos
insignificantes y fácilmente solucionables, la situación
de los animales en la actualidad es alarmante.
La ansiedad, la
angustia, el estrés, el miedo, la soledad, el dolor, el
hambre, la enfermedad, en una palabra, el sufrimiento que ocasionamos
a nuestros animales cuando los abandonamos, no tiene nombre. ¿Cómo
podemos llamarnos humanos y vivir tranquilos cuando somos los
causantes directos y conscientes de la desgracia de otro ser?.
Por mí misma
he podido comprobar en muchas ocasiones la infinidad de facetas
que nos unen, a veces incluso se diría que nos superan
en muchas de ellas. Sus emociones y sus sentimientos son los mismos
que los nuestros cuando se encuentran en parecidas circunstancias.
Su ternura, su capacidad de cariño y de sorpresa, su nobleza,
su fidelidad, es decir, un sinfín de atributos que nos
hermanan, se mire por donde se mire. Por eso me resulta difícil
aceptar que entre los animales y nosotros se interponga un abismo
tan grande.
Precisamente me
viene a la memoria una anécdota muy simpática: convivimos
con un gato siamés durante catorce años al que pusimos
de nombre Sócrates. No sé si se trataba de una extraña
coincidencia, pero con el paso de los años, su comportamiento
nos demostró que hacía honor a su nombre. El caso
es que un buen día en pleno verano se nos coló por
la ventana un periquito de esos azules, y como nos pilló
al comienzo de dos días seguidos de fiesta no pudimos comprar
una jaula para él. La cuestión es que César,
que así le empezamos a llamar, se instaló en uno
de los travesaños de la parte baja de una silla y allí
se quedó.
Hasta aquí
todo muy bien. La sorpresa llegó cuando nuestro querido
Sócrates se tumbó cerca de él, sin ningún
síntoma de agresividad. Sólo quería mirarlo
y conocerlo. Al finalizar los dos días de fiesta ya eran
“amiguetes”, y siguieron siéndolo durante mucho
tiempo. Sirva esto para corroborar todo lo expuesto anteriormente.
Por tanto es irreverente
que se siga negando la evidencia. El problema de los animales,
querámoslo o no, nos afecta a todos muy de cerca y hoy
por hoy la toma de conciencia de esta realidad se ha convertido
en algo urgente.
Nuestra falta de
respeto y sensibilidad hacia ellos ha alcanzado cotas escandalosas.
No sólo los abandonamos a su suerte, camino de la desgracia,
sino que en el peor de los casos los torturamos o matamos. Es
más, bajo mi punto de vista no sería ningún
disparate que en los centros docentes se nos instruyese desde
pequeños para tener una mayor conciencia en este sentido.
Con esta perspectiva
tan poco halagüeña para el equilibrio de la vida en
nuestro mundo, crecemos en el convencimiento absoluto de que somos
los “reyes de la creación”.
El trayecto por
la vida no es monopolio del ser humano. Un sinfín de criaturas
de distintas especies comparten con nosotros ese viaje al mismo
tiempo y en el mismo espacio.
Aprendamos pues
a respetarnos.
|
|
|
| |
| España:
profunda y cavernaria |
36
- septiembre / octubre 2003 |
|
|
| 
|
por
Matilde Figueroa |
| En
San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, una perra Pastor
Alemán abandonada, completamente inofensiva, ha parido a
sus cachorros. Vive en una especie de alcantarilla o tubo, donde
resguarda a sus pequeños. |
Niños
del pueblo han descubierto a la familia y han decidido cogerle
algunos perrillos, quiero creer que para jugar. La madre ha mordido
a un niño para defender a sus crías, y unos vecinos
han intervenido para defender al niño.
Han
bloqueado una salida del tubo, con los animales dentro, y a continuación
lo han rociado con gasolina y le han prendido fuego. Una gran
tea en llamas que es la madre, y varias pequeñas teas en
llamas que son sus hijos salen aullando de espanto y de dolor.
Inmovilizan a la madre por el cuello con una horca y la clavan
al suelo. Ella y dos de sus cachorros, los únicos que quedan
vivos, son arrastrados a las afueras del pueblo y abandonados
allí hasta su muerte.
No
es dolor. No es indignación. No es ni siquiera asco. Es
miedo. Lo que siento es miedo. Miedo de estos salvajes. Miedo
de estos seres cavernarios que conducen un coche o cortan el pan
con un cuchillo. Miedo de los restos del «hombre de Cromagnon»
que vive todavía en San Pedro del Arroyo, provincia de
Ávila, y que al presunto amparo de su Ayuntamiento, prende
fuego a una madre indefensa sin parpadear.
La
Asociación Protectora de Animales de Ávila ha presentado
una denuncia «ante las autoridades correspondientes»
por estos hechos, y las correspondientes autoridades, seguramente,
archivarán el tema en su memoria. Quizás deberían
adjuntarse los restos calcinados como «prueba de la acusación
número 1».
¿Qué
está enseñando a sus hijos esta gente? ¿De
qué pozo de las miserias ha salido? El término «España
profunda» se nos antoja corto, se nos antoja escaso.
Vecinos
ejecutores, jueces y verdugos: ¿No os dáis asco?
¿Podéis dormir cada noche? No os sorprenda que vuestros
hijos, ya mayores, os muelan a palos por una linde, os dejen asilados
para cobrar la paga, o directamente os tengan en casa encerrados
en una habitación llenos de llagas.
Es
vuestra herencia. Es vuestra enseñanza. San Pedro del Arroyo,
provincia de Ávila, ha saltado a los anales de la miseria
humana, y esos vecinos han puesto al resto del pueblo y al resto
de los abulenses en el muro de las infamias.
«En
España han quemado a un perra con sus cachorros».
Quién nos va a tomar en serio. Quién nos va a querer
de compañeros de viaje. España profunda, de playa,
sol y sangre. España cavernaria en la que se practica el
sacrificio a los dioses de la historia o del dinero, ofrendas
carniceras, mantón de luto.
España
de pandereta que se llena la boca hablando de defensa de la humanidad
en lejanas tierras, y no es capaz siquiera de defender la humanidad
futura de su propia casa. España de botijo. España
navajera. País de miserias que proclama sus avances tecnológicos,
que se sienta en mesas europeas, que quiere voto y peso entre
el mundo desarrollado, y que esconde la basura de su retraso bajo
la alfombra.
¿A
quién queremos engañar? ¿A quién quieren
que engañemos? Las gentes de las ONG españolas,
las humanas y las animales, todas, ya no tenemos más lágrimas
que verter. Los civilizados, los sensatos, los solidarios, los
respetuosos, los normales al fin y al cabo, ya no tenemos a dónde
huir del monigote sádico. Lo llevamos a la espalda clavado
con un estoque.
España
evoluciona. España se solidariza y se conciencia. Se rebela
contra las mutilaciones de animales, contra las guerras, contra
los odios, contra las torturas, contra el abuso, contra el horror.
España intenta sacudirse la histórica y tradicional
cultura de la muerte y del horror que lleva sobre el hombro. Se
centrifuga para liberar el suero del coágulo, se esfuerza
por apartar el poso. Pero el poso es grueso, no por abundante,
sino por hediondo. Y el poso apesta y nos sobrepasa, y se eleva
sobre nuestras cabezas para que lo huela el mundo y se asquee
de nosotros.
Qué
debió sentir esa madre en llamas, viendo arder a sus cachorros,
acosada con la horca, oyendo aullar a sus pequeños, oliendo
su carne infantil quemada. Puedo imaginar sus ojos, y puedo imaginar
su alma. Ignoro qué debió sentir la madre del niño
mordido viendo esa venganza en la otra madre. E ignoro qué
debió sentir el niño.
En
San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, unos vecinos
han rociado con gasolina a una perra y a sus cachorros porque
ha mordido a un niño que intentaba quitarle uno de los
perrillos.
En
San Pedro del Arroyo, provincia de Ávila, unos vecinos
y la Administración nos han puesto a todos en la cara,
grabados al fuego, los profundos sonrojos cavernarios.
|
|
|
| |
| Sólo
me queda el odio |
33
- marzo / abril 2003 |
|
| 
|
por
Matilde Figueroa |
Recuerdo
unas imágenes de televisión en las que se veía
la entrada de los tanques, abriendo fuego, en una ciudad. Recuerdo
ver gente anónima que corría a protegerse de los disparos. |
|
Y
recuerdo un perrito pequeño, mestizo, color canela que, completamente
desorientado, corría también a lo largo de una calle,
sin un rumbo fijo, seguramente asustado por el estruendo y el humo.
Mis primeros pensamientos, viendo aquellas imágenes tan recientes,
fueron de odio hacia aquellos tanques y de sufrimiento por ese perro,
y muchas veces me he preguntado qué habrá sido de
él, y si pudo salvar su vida.
Después,
una reflexión casi avergonzada, me ha conducido a otra pregunta:
¿qué habrá sido de aquellas personas que corrían?
¿Habrán salvado su vida? Y de ellas surge la más
dolorosa: ¿por qué mi temor es en primer lugar para
el animal, y no para las personas?
No
tengo respuestas claras. ¿La indefensión del animal?
¿El no saber qué pasa? ¿El miedo a ese repentino
infierno que no sabe lo que es?
La
creación divina, o las leyes de la evolución, nos
han diferenciado a los primates humanos del resto del mundo animal,
dotándonos a los primeros de dos capacidades: el habla y
la muerte. Y estamos tan asentados en ambas, que hablamos sin parar
y sin conducirnos a ninguna parte, y matamos sin parar y sin detenernos
ante ningún exceso.
Para
el hombre, el horror contra el hombre es ya un episodio renuente,
y ha pasado a nuestra vida cotidiana en forma de procesión
macabra en los telediarios, de repaso diario de atrocidades, de
cadena de noticias para comentar en los bares o en el taxi. Y para
el hombre, quizás ese horror contra los hombres ha creado
una costra, una pantalla refleja, un pañal absorbe-olores
que no asimila la información, sólo la procesa y la
reemite.
Ya
no nos mueve apenas nada, sólo grandes casos, públicos
y terribles, traídos por la prensa urbi et orbe; mientras,
asistimos como hastiados espectadores al hecho diario de la muerte
humana, al drama diario de la muerte humana.
Por
eso, quizás como proteccionista sólo me diferencio
de otros hombres en que aún queda un dolor, el de los animales,
que a mí me produce un dolor intenso y, para el sufrimiento
humano, aún me queda algo que me hace salir a la calle a
protestar contra grandes acontecimientos de crueldad.
Esa costra es tan dura que no me permite protestar en favor de los
hombres si no es en acontecimientos que, a su vez, salen en los
telediarios porque junto conmigo han salido millones. Acontecimientos
que "claman al cielo", como si la muerte anónima
de un solo hombre por la barbarie de otro, no clamara también.
Es
como si hubiera tirado la toalla de la salvación del hombre,
con algún coletazo de remordimiento intermitente, para agarrar
con uñas y dientes la toalla de la salvación animal
y luchar contra la apisonadora humana que, en forma de políticos,
de jueces, de empresas, de dueños, y hasta de entidades proteccionistas,
aplasta a los otros animales de la creación en aras del dinero,
del "salir en la foto", y hasta de la prevaricación
y del delito.
Y
entonces sólo tengo que odiar. Odio porque me han puesto
una coraza, porque me han hecho distinguir entre un dolor y otro,
por todo lo que me deja impasible, por el filtro de lo que me hace
interceder y manifestarme, por pasar de lado ante las tragedias
individuales y anónimas, por darme por vencida tantas veces
en tantas cosas y, finalmente, porque el hombre ha creado en mí
la coraza contra el hombre y, a su favor, sólo me ha dejado
el odio.
|
|
|
| |
| 15
muertes "apartadas de la realidad |
31
- noviembre / diciembre 2002 |
|
| 
|
por
Fabienne Tremblé |
| A
Domingo F.M, de 25 años de edad, le han condenado a pagar
una multa de 1.502€ a la Protectora de Tarragona que sufrió
la mutilación y posterior muerte de 15 de sus perros acogidos.
|
A
Domingo F.M, de 25 años de edad, el Juez le considera
mentalmente perturbado y califica de "trastorno esquizofrénico
que le apartó de la realidad" el motivo por el cual
actuó así.
A Domingo F.M, de 25 años de edad, a quien se considera
con las "capacidades anuladas" en el momento de cometer
aquella terrible barbarie, se le envía a que siga un
"programa formativo" (¿de qué?) en un
centro psiquiátrico...
A
Domingo F.M, de 25 años de edad, lo colgaba yo por donde
me sé del mismo olivo donde torturó, mutiló
y dejó morir desangrados a 15 animales inocentes...
Domingo
F.M, de 25 años de edad, no tendría tan anuladas
sus capacidades cuando fue capaz de llegar hasta la protectora,
abrir el recinto, penetrar en él, sacar a 15 perros (no
uno ni dos, sino 15), atarlos a un árbol y cometer la
salvajada que cometió, para después irse tan tranquilamente...
Ahora me dirán : ¿Pero en qué cabeza cabe
eso? En la de un demente, obviamente...
No estaba "apartado de la
realidad", no! 15 perros aullando de dolor y angustia no
pudieron alejarle de la atroz realidad que estaba cometiendo.
¡Quien está apartado de la realidad es el Sr. Juez
que ha dictado semejante sentencia!
Pero esto no es hacer justicia.
Una multa y la obligación de seguir un programa formativo
no son castigo ejemplar para una bestialidad de semejante envergadura.
Bestialidad, recordemos, que hizo movilizarse como nunca antes
a este país, que hizo verter ríos de tinta, que
acaparó la atención internacional en los medios
de comunicación, que hizo que se reunieran más
de 600.000 firmas para pedir la tipificación como delito
en el Código Penal de esta clase de actos.
Pero para la Justicia, Domingo
F.M, de 25 años de edad, solo cometió una "falta"...
Y para nuestros dirigentes del PP, esta "falta" es
un "hecho aislado", con lo cual la multa y el programa
de formación son más que suficiente castigo...
Yo no sé como se lo habrán
tomado los de la protectora de Tarragona, que no podrán
olvidar nunca a sus 15 perritos. Tampoco sé como se le
explica a un niño de 8 años porqué no hay
cárcel para este culpable, tendré que decirle
que "son cosas de adultos" mientras me odie a mi misma
por mentirle...
Cuando Domingo F.M, de 25 años
de edad, salga de su ciclo de formación psiquiátrica,
quizás esté más capacitado para entender
lo que hizo, o no... Puede que se arrepienta, o no... Posiblemente
le de por torturar otro tipo de animales, o... sí, ¿porqué
no decirlo? Seres humanos! Pero como el pobre Domingo F.M tiene
sus "capacidades anuladas" mientras comete barbaries,
lo más que le puede pasar es que le doblen la multa por
reincidente y le manden a seguir un cursillo de protocolo...
Mientras tanto, se cumple pronto
un año de aquella barbarie. Los medios de comunicación
lo recordarán en sus telediarios, pero no por respeto
a los 15 perros, no, únicamente porque la "sangre
vende" y aquél suceso vendió por la sangre
derramada de aquellos 15 inocentes. Mientras tanto, quienes
amamos a los animales, quienes lloramos entonces de pena hoy
lo hacemos de rabia. Quienes seguimos asistiendo impotentes
al rosario de injusticias cotidianas que se comenten contra
los animales, quienes sí tenemos nuestras capacidades
habilitadas para ejercer nuestro derecho a la pataleta, nos
preguntamos una vez más cuando cambiarán las cosas
en este país...
Cuando miro al cielo me pregunto
si entre tantas estrellas, brillan las de estos 15 perrufos
que nunca pudieron entender que Domingo F.M, de 25 años
de edad, tuviera sus "capacidades anuladas" mientras
los mutilaba fríamente ; y que dejaron este mundo cruel
sabiendo que habían muerto a manos de un hombre, que
hubiera debido ser su amigo, porque un perro no entiende de
otra cosa que no sea lealtad y amistad.
Desde esta protesta, vaya mi más
cálido abrazo a los de la protectora de Tarragona, así
como mi más sentido pésame por tan injusta condena.
Y a mis amigos los perros, la certeza de que algún día
conseguiremos justicia para ellos, no sé como, pero lo
conseguiremos, cuando este país se decida a ser civilizado.
17 Octubre 2002
|
|
|
| |
| ¡Qué
peligro de Decretos ...! |
30
- septiembre / octubre 2002 |
|
| 
|
por
Matilde Figueroa |
Mi
amigo Marcelo me ha hecho hoy un comentario que, por evidente,
casi me ha dado vergüenza que no se me hubiera ocurrido antes,
a mí o a otra persona. |
Desde
luego, a quien no se le ocurrió fue en primera instancia
al paridor del Real Decreto de Perros Potencialmente Peligrosos,
competente en perros, en segunda al Ministro de turno competente
en alarmas sociales de resolución inmediata como sea,
y en tercera al Consejo de Ministros reunido en pleno competente
de todas las cosas. Pero no puedo criticar a ninguno por tamaña
falta de imaginación, porque yo tampoco lo pensé.
El
comentario iba en relación a los posibles daños
por picotazo de los canarios, y en si deberían o no llevar
caperuza por obligación legal en caso de tener visitas
en casa o por si se abriera accidentalmente la jaula. Y la reflexión
no es gratuita. A saber: gracias al Real Decreto de Perros Potencialmente
Peligrosos, determinadas razas caninas van camino de desaparecer
de la faz de la tierra ibérica, bien por exterminio directo
(en perreras o batidas de abandonados), bien por desaparición
de potenciales propietarios (hay que ver, cuánta "potencia").
Cuando semejante hazaña se haya consumado, no tendremos
estos perros, pero seguiremos teniendo a los cabrones que los
utilizaban, y que puestas las cosas tan mal, deberán
optar por otros modelos caninos. Por tanto, es de prever una
paulatina "decretación" señalando con
la punta del bolígrafo a los amastinados, luego a los
pastores, pasaremos por los medianitos como el Cocker, liquidaremos
a continuación "realmente" a Chihuahuas, Shih-Tzus,
Caniches y Yorkshires, nos quedaremos sin gatos, sin cobayas,
sin hamsters, y finalmente, los mencionados cabrones tendrán
que recurrir al entrenamiento de canarios, como hemos visto,
que acabarán igualmente primero con la caperuza anti-picotazo
y luego sacrificados en las "canarieras" municipales,
para evitar que sean entrenados en el vaciado de ojos.
Y excluyo a varios otros animales, porque al no ser típicamente
de pasear por casa, parecen de momento a salvo de decretos.
Por ejemplo, no parece probable que se entrenen caballos para
cocear a diestro y siniestro, o carneros para dar topetazos
por doquier. Aunque este país da para mucho, y quien
sabe.
Yo por si acaso, que tengo cuatro perros variados, he puesto
a remojar mis barbas y las de ellos. Así que Otto tiene
instrucciones precisas para morderme sólo a mí,
si es que se le tercia dar una dentellada; Lanka ha sido puesta
en cuarentena, no la vaya a denunciar Yaya por destrozarle la
oreja a cuentas de un bocadillo que olvidé en el recibidor;
Yaya por su parte tiene gran potencial agresivo en defenderme,
pero con 18 años y 3 dientes poco destrozo puede hacer,
así que le he recomendado que se centre en su cestito
o en mis zapatos. Y Siri ha recibido ya varios pescozones (es
que yo soy potencialmente agresiva) por ladrar a las palomas,
no sea caso que sobresalte a un buen transeúnte y me
la denuncien por homicidio en grado de tentativa. También
he avisado a mi hermana de que vigile a su gato Puma, por si
mira a alguien de lado desde el balcón y atemoriza.
En
cualquier caso, lo que me pregunto es si una vez liquidado el
total de posibilidades, saldrá un real decreto de decretos
potencialmente peligrosos, que por cierto, no estaría
demás, visto con lo que nos desayunamos de vez en cuando.
Aunque una cosa no me pregunto porque la tengo clara: nos quedaremos
agotados de posibilidades, pero eso sí, con los cabrones.
|
|
|
| |
| ¿Un
paso atrás? |
27
- marzo / abril 2002 |
|
| 
|
por
Luis Luque |
El
Gobierno de la Generalitat de Cataluña ha presentado el
anteproyecto de la ley de protección de animales para ser
discutido en el Parlamento catalán, que vendría
a sustituir la actual ley 3/1988, una ley autonómica que
fue pionera en su día, pero que, como suele suceder, quedó
hace tiempo desfasada, al margen del hecho de que su desarrollo
nunca se llevó a cabo y apenas hubo voluntad efectiva de
aplicarla. |
¿Era,
es, un papel mojado, con escasa incidencia real en la protección
de los animales, a pesar de que nuestra sociedad ha cambiado
mucho desde entonces. Así las cosas, una modificación
profunda de esta ley o, en la práctica, una sustitución
de la misma, era deseada y esperada desde hacía tiempo.
Qué
parece, sin embargo, que puede suceder?
Algunos juristas tendrían
que cambiar de oficio y, quizás también, algunos
políticos y esto es lo primero que se nos ocurre ante
el texto de este anteproyecto que, de entrada, desconoce la
realidad de una sociedad cada vez más sensible a la protección
de los animales; de un texto que incluso apunta algunas barbaridades
como, por ejemplo, condicionar el nivel de la sanción
por los abandonos al hecho de que el animal haya salido mejor
o peor parado a consecuencia del mismo; o especificar la prohibición
del tiro al pichón, para luego decir que se podrá
autorizar a las sociedades de tiro la celebración de
competiciones deportivas homologadas de esa naturaleza. Un texto
en definitiva, sin aliento, sin espíritu; un texto cobarde
en relación con la protección de los animales,
que es de lo que se trata, en el que, sin duda, podemos encontrar
algunos aspectos positivos -no faltaría más, todo
no va a ser malo-, que tiene, entre otras perlas, la osadía
de endiñar responsabilidades a los ayuntamientos en el
tema de sanciones, responsabilidades que una administración
autonómica no puede o no debe abandonar ni ceder, salvo
que se dotara a los municipios de los medios adecuados y, aún
así, se tendría que ver.
No; realmente no estamos ante
un anteproyecto valiente, que respire una verdadera voluntad
política de contribuir seriamente a la protección
de los animales. Más bien parece, en el fondo y en muchas
de sus formas, todo lo contrario. Da la impresión que
a los legisladores que han trabajado en él -quizás
desde una torre de cristal- el tema les molesta o les viene
grande o, lo que sería peor, los animales les tienen
sin cuidado. Total, pobres bestias, bastante es que acabemos
haciendo una ley en relación con ellos.
Desde luego, si este anteproyecto
es aprobado en el Parlamento tal cual, la ley nacerá
muerta y habremos perdido una ocasión única. Nacerá
muerta, como muerta está la ley todavía vigente.
Nacerá muerta y entenderemos que, con todos los respetos,
los políticos que nos representan tocan al violín
una música, mientras el público que llena el auditorio
espera otra partitura bien diferente. Nacerá muerta y
pensaremos que para este camino, como dice el refrán,
no necesitábamos alforjas. Nacerá muerta y los
animales, pobres animales, seguirán sufriendo nuestra
falta de ética y también nuestra falta de inteligencia.
Nacerá muerta y, si es así, mejor que no nazca.
Pero tampoco sirve para mucho que a los cadáveres se
les maquille. Si la ley se aprueba así, la acataremos,
pero no la cumpliremos. Tampoco, claro está, la cumplirá
la administración; éste será nuestro único
consuelo.
Luis Luque
Director
Fundación Altarriba, Amigos de los Animale
|
|
|
| |
| Ya
es Navidad ... en la carretera |
25
- noviembre / diciembre 2001 |
|
| 
|
por
Matilde Figueroa |
Y
eso que faltan varios meses para las vacaciones estivales del
2002, pero hay un gran número de animales que, mientras
ustedes leen estas líneas, están apenas abriendo
los ojos y siendo amamantados, lamidos, vigilados y queridos por
una perra que, no por menos humana, es menos madre. |
Hermosos.
Regordetes. Inquietos. Olisqueando quizás ya el aire
en busca de una pista alimenticia diferente, y lanzando los
primeros gruñidos al cachorro de al lado para que no
le quite el sitio, mientras el esfuerzo le hace caer de lado
sobre sus patitas aún tiernas.
Estos bebés tan frágiles, tan hermosos, tan "monísimos",
no saben que dentro de siete u ocho meses, cuando empiecen de
verdad a disfrutar de la vida y de la compañía
de una familia, se van a ver de golpe privados de todo ello.
Dentro
de unas semanas, ignorantes del futuro, llegarán ilusionados
a su hogar, envueltos en celofanes de colores y con gran abundancia
de lazos y exclamaciones de alegría. Y se sentirán
los reyes de la casa. Y todos querrán jugar con ellos.
Y besarlos, y darles una galleta, y lanzarles la pelota al aire.
Y pensarán que la vida es hermosa, y cada noche darán
gracias al dios de los perros por haberles concedido el incomparable
don de la vida.
No saben que dentro de siete u ocho meses su vida, si aún
la tienen, se convertirá en un infierno. No saben que
el alimento de su comedero tendrán que buscarlo en bolsas
de basura arrojadas días atrás en un descampado.
El paseo de cada tarde por el parque, esquivando palomas, se
convertirá en una huida solitaria por la carretera, esquivando
los coches. Su manta de dormir, con suerte, será un suelo
de cemento humedecido con zotal.
Porque si siguen vivos en esa su edad adolescente, la misma
en que los cachorros humanos, por lo general, comerían
bollos de chocolate y jugarían al fútbol en los
patios, estos cachorros caninos estarán ya luchando por
su vida, y no sólo contra la Naturaleza que a todos nos
marca la hora, sino contra usted y contra mi, y contra "nuestros"
humanos cachorros, que también en la adolescencia humana
hay una buena dosis de sadismo.
Y entonces, dentro de siete u ocho meses, y sentados en una
cuneta o simplemente yaciendo en ella, tumbados sobre una camilla
fría y ya adormilados, hacinados en una jaula bajo el
sol y la lluvia, o refugiados bajo un contenedor de basura,
y con dolor, con hambre, con sed, con tristeza y con miedo,
quizás estos adolescentes le pregunten al dios de los
perros.
Pero
el dios de los perros no tiene ninguna respuesta para darles.
Porque a un pre-adolescente no le puedes hacer comprender que
su vida sólo tiene sentido si no molesta, si no supone
un gasto de residencia superior al 1% del total que gastará
la familia, y sobre todo, si no hay otra manera de hacer callar
una temporada a los cachorros humanos que quieren un juguete
que funcione sin pilas.
Feliz Navidad,
y mejor verano.
|
|
|
| |
| Tengo
el corazón partío... |
23
- julio / agosto 2001 |
|
| 
|
por
Matilde Figueroa
|
Quiero
hacer una propuesta, si puede ser de ley, para que los mayoristas
de viajes, los hoteleros, los constructores, los ginecólogos,
los alergólogos, los pediatras, los muertos, los caseros
y los vecinos, tengan la obligación de abonar una cantidad
fija mensual, como si de la Seguridad Social se tratara, destinada
al mantenimiento de los refugios para perros y gatos. |
Y
lo propongo, porque parecen ser directamente responsables de
los cientos de abandonos que se han registrado en nuestro departamento
de adopciones últimamente, todos ellos solapados bajo
la terapia vacacional, las reducidas medidas de los nuevos pisos,
la prescripción médica y la buena convivencia
vecinal. Eso sí, hay una pauta común: a todos
y cada uno de los propietarios se les destroza el corazón
porque, si no fuera por eso, jamás lo daría.
Y
si no fuera por la alergia del niño, que tiene 25 años,
y que es provocada sin duda por el perro, que tiene 12 (durante
11 años figura que el perro ha sido calvo), y que ha
surgido hace dos meses, no lo daría; le das el nombre
de un producto que elimina ese problema, y entonces con gran
espanto te añade que los vecinos se quejan porque ladra
(durante 11 años figura que ha sido mudo); le explicas
como solucionarlo, y aparece, bendito sea, el no poderlo atender
debidamente por el pequeño tamaño del piso, y
la falta de espacio para que el pobre animal viva con mediana
dignidad. Por todo ello, han tomado la durísima decisión,
a costa de grandes lágrimas y mesado de cabellos, de
darlo a una familia con un gran jardín.
Y
entonces te preguntas si durante 11 años ha sido un Yorkshire,
y de golpe una mañana, como reencarnación kafkiana,
se ha transformado en Pastor Alemán cruzado con Husky.
Y le sugieres que llame a la tele para que le hagan un reportaje
en algún programa de esos que presentan misterios paranormales
sin resolver.
Pero
no nos preocupa, porque como todos los que estamos en el mundo
de la protección ya sabemos, cada día se reciben
en cada refugio una media de 50 llamadas de familias que viven
en grandes casas con jardines inmensos, que además son
ricos, y cuya vida carece de sentido si no ofrecen una vida
de pompa y ceremonia a un perro de 12 años, cruzado de
Pastor Alemán con Husky.
Oiga.
Es usted muy libre, como lamentable propietario de un animal
que va a ser abandonado, de tener la poca cultura que estime
oportuno, y el nivel intelectual mínimo que le permita
firmar con una cruz y evitarse la tinta en la yema del dedo.
Pero por favor, no nos tenga veinte minutos al teléfono,
porque hay otras catorce llamadas en espera de soltar el mismo
rollo (¿dan cursillos sobre eso?). Si ello le parece
enriquecedor para su persona, sea usted imbécil. No nos
tome a nosotros por lo mismo. Bastante tenemos con aguantar
a pie firme sus cretineces, para evitar que acabe usted matando
al perro.
Y
sobre los muertos del primer párrafo, si es usted heredero,
nuestra felicitación. Suponemos que sí que ha
podido atender debidamente tanto la cuenta bancaria como las
propiedades de su difunto familiar que, quizás, confió
en que también atendería a su perro y a sus dos
gatos. Que disfrute de su herencia con salud. Se lo merece.
|
|
|
| |
| Discusiones
sobre la muerte |
16
- mayo / junio 2000 |
|
| 
|
por
Luis Luque |
Los
que estamos en contra de la pena de muerte no solemos caer en
la tentación de discutir si es mejor o peor un sistema determinado
para enviar a alguien al otro mundo, aunque sea bajo el imperio
de la ley. Simplemente, estamos en contra y basta. |
No
se nos ocurre sentarnos a negociar si es preferible la horca,
la silla eléctrica, la inyección letal, la cámara de gas o el
corte del pescuezo. Estos y otros sistemas se han empleado y
se siguen empleando en países, líderes por muchos conceptos,
pero no caemos en el error de defender métodos más humanos
para el pobre condenado.
Cualquier
método que quita la vida nos parece horroroso. Además, siempre
está el hecho de que nadie vuelve para contar, por propia experiencia,
o ajena, cuál es el sistema mejor o peor. La naturaleza misma,
al final, nos envía a todos a la muerte, a unos, al parecer,
apaciblemente, y a otros, con gran dolor.
Es
por ello que parece incomprensible que los proteccionistas de
los animales nos prestemos de pronto a discutir con las administraciones
métodos dignos para matar, asesorados, claro está,
por los veterinarios, que entienden de ese extremo. Es muy loable
defender la muerte digna y, a ser posible, indolora; no lo vamos
a discutir, pero un proteccionista sólo puede defender la vida
y, si no puede evitar la muerte por ley de los animales, es preferible
que se levante de la mesa de negociación y se marche.
Tampoco
puede discutir los plazos más convenientes para matar. Las leyes
de protección de los animales en nuestro país conceden, por
lo general, plazos terriblemente cortos antes de aplicar la
última pena a los animales abandonados; es verdad, es un vergüenza.
Y también es verdad que los abogados que tienen la ingrata tarea
de frecuentar los pasillos de la muerte donde esperan los humanos
condenados, tratan de conseguir aplazamientos, a la búsqueda
de un indulto final. Pero los proteccionistas de animales saben
cuál será casi siempre el final para miles y miles de perros,
para miles y miles de gatos y lo único que, en serio, tienen
por ética y por moral que defender es la vida. No cabe negociación
con la muerte. ésta es nuestra opinión. No caben paños calientes
en este caso. Además hay un último aspecto. ¿Cómo puede ver
nuestra sociedad que los que nos dedicamos a la protección de
los animales negociemos sobre la forma de matar y los plazos
para matar?. Los proteccionistas tenemos la obligación de insistir,
de empujar, hacia otro tipo de soluciones, que sean las que
sean, nunca contemplen como solución la muerte. Es una cuestión
de principios. Nuestras leyes proteccionistas serán siempre
unas malas leyes, mientras no acepten la vida como un bien que
hay que respetar. Que castiguen en otra parte, y a quien corresponda,
pero no sobre la cabeza de los animales. Resulta terriblemente
irónico que el mal que hacemos los humanos abandonando a animales
que confiaban en nosotros, lo paguen encima éstos, en base a
una ley que dice protegerles. Y no con un castigo cualquiera.
Ya sabemos de las escalofriantes cifras de perros y gatos abandonados
cada año. Pero detrás de cada perro abandonado existe, como
mínimo, una persona; a
veces, toda una familia, y no vamos a pedir, claro está, que
se lleve al patíbulo a los causantes de estas desgracias, de
esta actitud miserable, pero sí vale la pena pedir que la ley,
el rigor de la ley, se les aplique con seriedad, con eficacia,
para que el ejemplo no cunda. Entonces la ley, al menos en este
aspecto vital, será proteccionista de verdad; no lo es una ley
en la que pagan, como ahora, justos por pecadores.
Siempre
hay que alentar, no cabe duda, el camino del diálogo y la negociación.
Pero, por utilizar una expresión que le gustaba mucho a uno
de nuestros filósofos, no cogiendo el rábano por las hojas,
eludiendo por la tangente el problema principal, pues nada,
o poca cosa, hay que negociar cuando la muerte anda por medio.
La única respuesta a la muerte, es la vida.
|
|
|
HAZTE SOCIO |
| Necesitamos
que nos ayudes a seguir luchando por los animales. Las ONG dependemos
de vuestra generosidad para seguir trabajando. |
|
|
| |