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diciembre 2006 |
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TOROS, POLÍTICOS Y GOBERNANTES |
Adelanto de la Editorial del Núm. 50 |
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No nos interesan los políticos que apenas tienen sensibilidad con los animales, porque creemos que, si es así, tampoco lo tienen con las personas.
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Todo es opinable, pero a nosotros no nos merecen ningún respeto las corridas de toros, ni en democracia, ni fuera de ella, y el hecho de que sigan siendo legales en nuestro país, como en algunos otros, dice bastante de la escasa valía ética y moral de nuestros gobernantes y de sus ideas sobre cómo conducir una sociedad por lo caminos de la educación, rechazando los espectáculos crueles y sangrientos con un pobre animal.
El respeto a las minorías y a sus posibles gustos indeseables pueden protegerse y es bueno que se haga, si llega el caso, pero nunca a costa del sufrimiento de un animal. El gran reformador persa Zaratustra que, al parecer, sabía de ética más que muchos de nuestros políticos, lo vio claro y luchó para acabar con los sacrificios de los pobres animales en honor de los dioses, impulsando así el respeto a sus vidas.
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Nosotros, sin embargo, no sabemos acabar con un espectáculo sangriento y no solamente lo mantenemos legalmente, sino que, encima, lo amparamos con ayudas económicas y lo difundimos por la televisión pública, empujando desde el poder un reconocimiento cada vez más degradado. Es vergonzoso y es una prueba más de que tendríamos que tener la fuerza y la inteligencia de mandar a casa a muchos de nuestros dirigentes para que cumplieran, al menos, arresto domiciliario.
En el siglo XXI, buscando todos una sociedad mejor, esto no es de recibo. La educación es siempre una asignatura pendiente, pero siempre es también prioritaria. Pero las autoridades tienen poca imaginación para educarnos cualitativamente y con frecuencia también les falta ganas, voluntad. Hablan de la educación, pero ellas no están educadas. No saben crear ilusión, ni ética, ni saben manejar los cambios que se avecinan. Por este camino, será cada vez más difícil que la sociedad se identifique con esta clase de políticos y gobernantes, y quizás esta sea una de las razones de la creciente abstención que se produce en las elecciones. Es triste, pero a mucha gente le importa un bledo votar o no votar y muchos de los que lo hacen les mueve la inercia o un extraño sentido del deber y la lejana ilusión de que algo cambiará. La arteriosclerosis domina el panorama y el caso de los toros es paradigmático. Porque detrás de la fiesta, como a los taurinos les gusta llamarla, que ya hay que ser cínico para denominar fiesta a algo en lo que se cometen crueldades con un animal, se esconden muchas cosas, entre ellas el que nuestra conciencia mejore y no sea un pudridero más de los muchos que ya existen en nuestro planeta.
No nos interesan los políticos que apenas tienen sensibilidad con los animales, porque creemos que, si es así, tampoco lo tienen con las personas, ni con la cultura, ni con la educación. Y el tema de los toros no es un tema trivial. La protección de los animales trasciende lo aparente y sobrepasa el sanbenito de la anécdota que algunos quieren colgarnos. No hay que ser activista, ni formar parte de una organización que defiende los animales, para darse cuenta. Sólo es necesario olfato y sensibilidad, y una cabeza medianamente amueblada; no es pedir mucho. Se lo pediríamos a un niño con buena formación. Es más que probable que las corridas de toros hayan entrado en un período agónico, que se mantiene y alarga al estar el enfermo en una especie de U.C.I., que conserva su estado de coma profundo. Son las autoridades las que tienen que decidir sobre esta situación. Desconectarlas de la máquina que las mantiene vivas, retirando las ayudas económicas y apoyos de otra índole que hasta hoy han recibido, sería lo decente y serviría para sanear nuestro comportamiento, al margen de clamores insensatos. Esto también es educación y sí es respetarnos. Respetar la barbarie no es respetar nada y, por otra parte, la ética es un bien público, cosa que no son las corridas de toros, sino todo lo contrario.
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HAMBRE PARA LOS GATOS |
49 - octubre / diciembre Pp. 7 |

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Desde las ciudades y pueblos en el mundo que han declarado a sus gatos callejeros patrimonio suyo que hay que proteger hasta esta actitud de crueldad de acabar con ellos por hambre hay un abismo.
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Los responsables de muchos ayuntamientos de nuestro país parecen tener el alma de piedra y la cabeza de cartón cuando demuestran no haberse enterado de que las leyes de protección animal, aunque todavía muy tibias en general, suelen contemplar el hecho de que a los animales no se les puede maltratar. Pues bien, a lo que se ve, entre el maltrato no figura para ellos el prohibir el dar de comer a los gatos callejeros y arremeten contra las personas que lo hacen, con amenazas y multas y así ordenan a sus guardias municipales que actúen en consecuencia. Vaya una salvajada. Por lo que parece, no tienen otra fórmula más expeditiva -sí, el veneno- para "solucionar" la proliferación de gatos en la calle que, por otra, es cierto, gentes también sin alma abandonan continuamente.
¿Cómo es posible que se persiga a las personas que llevan a cabo esta labor de caridad con los animales y que, muchas veces, a costa de sus propios bolsillos pagan esterilizaciones y otros cuidados en favor de los pobres gatos?.
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No cabe duda que los ayuntamientos tienen muchos problemas donde acudir, pero si los gatos callejeros son en ocasiones un problema, es también a los consistorios a quienes corresponde en primer lugar solucionarlo, con la ventaja, en este caso, de que pueden contar -en todas las partes las hay- con gentes dispuestas a sacrificarse por estos animales.
Lo que no es de recibo es la postura incivilizada de atacar a los gatos con la fórmula de a ver si se mueren de hambre y, naturalmente, acosando con multas, broncas y similares a quienes hacen la tarea que tendrían que hacer ellos. Los gatos de la calle probablemente no son de nadie o, quizás, son de todos los ciudadanos, pero en un orden de responsabilidades, el primer lugar lo ocupa, sin lugar a dudas, el ayuntamiento del lugar y su comportamiento al respecto merece estar a la altura de nuestros tiempos. Desde las ciudades y pueblos en el mundo que han declarado a sus gatos callejeros patrimonio suyo que hay que proteger, hasta esta actitud de crueldad de acabar con ellos por hambre, hay un abismo sobre el que tendríamos que reflexionar. Los entes locales están siempre en la primera línea de las políticas educativas por tratarse de las administraciones públicas más próximas a la ciudadanía y su ejemplo no puede ser el de las hordas tabernarias y deben practicar el respeto hacia los animales. Está, como principio, en las leyes autonómicas y está, sobre todo, en el comportamiento ético y moral que cada vez más exige nuestra sociedad. Por favor, no sean ustedes brutos. Es una brutalidad perseguir gatos, maltratarlos, tratar de prohibir que se les dé de comer y nuestra obligación es ampararlos como sea con nuestros medios y, por supuesto, con los medios de los ayuntamientos. Es verdad que hay gente a la que no les gusta los gatos, ¡qué le vamos a hacer! pero, nos gusten o no, forman parte de nuestro entorno y hay que protegerlos, y no debemos permitir que nuestras autoridades se prostituyan en la barbarie.
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VISTAZO AL FUTURO |
48 - julio / septiembre 2006 Pp. 7 |

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Como decía Maquiavelo, "Dios hace los milagros, pero lo demás debemos hacerlo nosotros" |
Con este número, la Fundación Altarriba finaliza ocho años ininterrumpidos de trabajo en favor de la protección de los animales, pues éste es el período que llevamos actuando, desde que en octubre de 1998 iniciamos nuestras actividades. No tiene sentido celebrar esta clase de efemérides. Lo único positivo de conmemorar cumpleaños es la constatación de que se sigue con vida, pero sin duda estos momentos invitan a la reflexión y, si es necesario y es posible, a la rectificación de cuanto no se está haciendo bien. |
No es fácil en la protección de los animales enjuiciar lo que se está haciendo bien o mal. La presión es muy fuerte, las necesidades son muchas, los medios escasos y todo esto contribuye a ir configurando una sensación de impotencia que, junto a la falta de autocrítica, puede conducir al desánimo, a la depresión. La idea de que la acción en defensa de los animales viene, como un milagro del cielo o debe de ser asunto de las administraciones públicas posee una carga tremenda de ingenuidad y sólo sirve a los que sentimos el tema para autoengañarnos o para contentar nuestra adormecida conciencia y mirar hacia otra parte. ¿Por qué? Porque todos, la sociedad entera, tenemos nuestra parte de responsabilidad.
Es aquí, en conseguir que mayores porcentajes de nuestra sociedad apoye la causa de los animales -que, no lo olvidemos, es también la causa de la defensa de la naturaleza, de la vida- donde está nuestro principal objetivo. Entonces, el cielo nos ayudará y también, con mayor eficacia, las administraciones. Como, con acierto e ironía, decía un viejo poemilla: <<"Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos y es que Dios premia a los malos cuando son más que los buenos">>.
La actividad de protección de los animales se debate todavía hoy en un terreno donde abunda la hostilidad y la indiferencia. La Fundación Altarriba vio esto muy claro desde un principio, y de ahí nuestro contínuo esfuerzo en ser más fuertes, en contar con una base amplia y en dar el valor a la imagen que debíamos de proyectar a nuestra sociedad, incorporando a nuestra causa los diferentes segmentos que la constituyen.
En esta dirección, es verdad que durante estos años hemos hecho un gran esfuerzo, hemos crecido y hemos llevado a cabo numerosas acciones que forman parte de nuestra corta historia, pero también es cierto que todavía queda casi todo por delante, un largo y, probablemente, complicado camino en el que nuestro compromiso con nuestros amigos los animales deberá fortalecerse con la ayuda de cuantos nos apoyan. Como decía Maquiavelo, "Dios hace los milagros, pero lo demás debemos de hacerlo nosotros".
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| HACIA
EL FORO MUNDIAL DE LOS ANIMALES |
47
- abril / junio 2006 Pp. 7 |
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"Paz a los Animales" será su lema. |
Barcelona
será en el 2008 la sede del Foro Mundial de los
Animales (FMA), sobre el que se ha empezado ya a trabajar,
y que se pretende sea, con múltiples actividades, una magna
asamblea del universo animalista, con proyección en todos
los confines de la Tierra. Esta fue la noticia con la que se clausuró
la 3ª CIPLAE, celebrada semanas atrás también
en Barcelona, y con ella encabezamos nuestra editorial de este
número del "Bú Bup". "Paz
a los Animales" será su lema. Paz para proteger
sus vidas, su integridad, su libertad. La 4ª CIPLAE se incluirá
dentro de su programa. |
La propuesta, que había
partido de la Fundación Altarriba y
a la que se sumaron la Fundación Trifolium
y la Fundación FAADA, organizadoras
asimismo de la 3ª CIPLAE, tuvo enseguida numerosas adhesiones
nada más anunciarse. Contamos así, entre otras,
la de Jane Goodall, Tom Regan, Marc Bekoff, Rosa Montero,
Joaquín Arozamena, Juanma Bajo Ulloa, Marc Boillat, Kepa
Tamames (ATEA), Adriano Fragano (Oltre la Specie Onlus).
Días después se uniría WWF / ADENA
y aprobaría también la propuesta el Consejo
Municipal de Convivencia, Defensa y Protección de los
Animales del Ayuntamiento de Barcelona, en su reunión
plenaria.
¿Por qué el Foro
Mundial de los Animales? Para incidir más en la sensibilidad
de nuestras sociedades en favor de ellos; para demostrar la
fuerza y la expansión del movimiento animalista en el
mundo; para mejorar las leyes que los protejan; para conservar
sus hábitats; para luchar contra las agresiones de que
son objeto a todos los niveles, que terminan aniquilándoles
y que destruyen de paso a la humanidad. Sí, prácticas
que nos destruyen ética y moralmente, que acaban con
nuestra espiritualidad, con nuestro avance educativo y, por
último, con nuestra realidad biológica y física.
El Foro Mundial de los Animales debe ser la prueba de que la
globalización es para todos. Tensemos la cuerda.
Meses después (el FMA está
previsto para la primavera del 2008) se celebrará, igualmente
en Barcelona, el Consejo Mundial de la Naturaleza,
(octubre 2008), convocado por la UICN. Dos
acontecimientos que se deberán dar la mano en nuestra
ciudad. No es que los dos sean paralelos, es que, sin duda,
son complementarios. Por la Paz con los animales y, claro, por
la Paz entre nosotros, los humanos. Un reto importante
para elevar nuestra conciencia global ante el hecho de la vida.
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| TRES
FUNDACIONES EN TORNO A UN ACUERDO |
46
- enero / marzo 2006 Pp. 7 |
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El compromiso va más allá de una simple declaración
de intenciones... |
Tres
fundaciones dedicadas íntegramente a la protección
de los animales -Fundación Altarriba, Fundación
Trifolium y FAADA- comenzaron el 2006 firmando un acuerdo para
potenciar conjuntamente acciones que tengan que ver con la proyección
de las ideas -y de los hechos- en favor de los animales, entendiendo
que ésta es una labor fundamental para ir alcalzando una
mayor sensibilización de nuestra sociedad sobre esta problemática,
que forma parte de nuestro trabajo diario. |
El compromiso va más allá de una simple declaración
de intenciones y para este año se ha concretado 1º)
en impulsar la propia revista "Bú Bup", que
supone desde hace tiempo un referente de las publicaciones europeas
animalistas, que cuenta, además, con un respaldo cada
vez más amplio de lectores; 2º) en la traducción
y edición en España de la última obra del
filósofo Tom Regan -"Jaulas Vacías"-,
considerado una de las primeras figuras del pensamiento animalista
y 3º) en la organización de la III Conferencia Internacional
sobre la Protección Legal de los Animales en España
(CIPLAE), que tendrá lugar del 1 al 3 de junio de 2006
en la Universidad de Barcelona y que, precisamente, versará
sobre temas educativos.
Cada una de las tres fundaciones llevan
tiempo dedicando esfuerzos por su cuenta en labores que tienen
que ver con la naturaleza del acuerdo ahora suscrito, pero lo
importante del mismo viene aquí señalado por el
hecho de que quizás sea ésta una de las pocas
veces en nuestro país que unas organizaciones de protección
animal se plantean sumar voluntades y medios económicos
para ir empujando acciones educativas y de divulgación
que puedan contribuir, a diferentes niveles, a concienciarnos.
En la curva, primero ascendente y luego descendente que, gráficamente,
puede representar la vida de una persona, intervienen con diferentes
orígenes muchos aspectos que tienen que ver con la educación
y nuestro comportamiento y, en este sentido, no es demasiado
lo que hasta hoy hemos podido hacer para conseguir que nuestra
actitud en relación con los animales cambie favorablemente.
Sí; hemos hecho y conseguido cosas, pero aún estamos
lejos del aprobado aceptable, de modo que tendríamos
que seguir repitiendo curso, utilizando el ejemplo escolar;
sí, hasta que nos sepamos la asignatura.
Toda esta labor que, por supuesto, no excluye
otras igualmente necesarias, que ya practican las citadas fundaciones,
lo que en el caso de la Fundación Altarriba ya es del
conocimiento de los lectores del "Bú Bup",
no debe de plantearse sobre quimeras y abstracciones, sino sobre
temas concretos, que hoy pueden ser unos y mañana otros,
pero que todos deben de tener como condición básica
su potencial capacidad para influir en los cambios que deseamos
en pro de los animales.
La CIPLAE, por ejemplo, va a reunir en
junio a algunas de las personalidades más importantes
del mundo en el desarrollo del pensamiento en favor de los animales,
pero también de la práctica, y esto, por sí
mismo, convertirá a esta acción en algo, sin duda,
notable en esta linea de trabajo que anunciamos. Ojalá
que este paso inicial dado, alcance a sumar otras voluntades
y genere otras iniciativas.
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| III
CIPLAE: EDUCACIÓN |
45
- octubre / diciembre 2005 Pp. 9 |
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la III CIPLAE, que se celebrará del 1 al 3 de junio de
2006, en Barcelona, planteará precisamente esta cuestión
... |
La
educación es un tema estratégico al que todos damos
mucha importancia, pero una sociedad consumista y pretendidamente
pragmática está derivándolo hacia soluciones
en las que lo mejor de los valores humanos apenas se tienen en
cuenta y se da la paradoja de que nuestros niños, nuestros
jóvenes, parecen saber hoy más que nunca, pero carecen
de una formación humanista, que los adultos no les sabemos
dar. |
Creemos prepararles con el conocimiento para la lucha diaria
de cada día, como si fueran futuros gladiadores, pero
estamos a un paso de crear autómatas insensibles y egoístas,
preocupados tan solo por salir adelante en la vida, que es una
preocupación lógica y natural, pero incapaces
de comprender que el desarrollo de sus propias vidas puede enriquecerse
con otras aportaciones, no necesariamente materiales, que les
da sentido y dignidad. ¿Qué hacemos, si es que
hacemos algo, para que esto sea menos así? la III CIPLAE,
que se celebrará del 1 al 3 de junio de 2006, en Barcelona,
planteará precisamente esta cuestión en relación
con la protección de los animales y, en general, del
medioambiente, tema éste, en el que la educación
resulta primordial para que nuestra sociedad cambie favorablemente
muchas de sus actitudes actuales y, sobre todo, las nuevas generaciones
contemplen el valor de la vida -la propia y la ajena- desde
otra perspectiva.
Hace años que se viene diciendo
por las mentes más claras que los sistemas educativos
están en crisis. Sin duda se trata de una cuestión
difícil, entre otras razones porque casi nada de lo que
hoy nos rodea ayuda a influir en su mejora. Vivimos en un caldo
de cultivo hostil a la sensibilidad; nada propicio a lo que
no sea el éxito, la competitividad, el hedonismo, la
diversión, el dinero... . Somos pasto de unos medios
televisivos, públicos y privados, de contenido por lo
general deleznable; de una prensa que frecuentemente nos desinforma
y a la que pocas veces le importa contrastar las fuentes de
las que se nutre, y que acaba ofreciéndonos lo falso
como verdadero, esperando que nuestra garganta sea profunda
para tragárnoslo todo. En este caldo, aderezado con otros
ingredientes, resulta sin duda difícil que la educación
no se convierta en un pastiche, del que, salimos cada vez más
tontos titulados con la peregrina ilusión de que lo que
sabemos, si algo hemos asimilado, nos sirve para vivir mejor.
Desgraciadamente, ni tan siquiera nos preparamos para luego
comprender las experiencias que viviremos, que nos enseñarán
todo lo contrario, probablemente.
En realidad no nos enseñan
a amar la vida, ni mucho menos a amar o a comprender la vida
de los animales. Como no nos enseñan otras cosas. La
próxima CIPLAE procurará tratar sobre estas cuestiones,
desde diferentes puntos de vista, en la seguridad de que incidir
en esta cuestión resulta vital y cuanto aportemos para
resolverla, paso a paso, representará una mejora para
nuestra sociedad y el entorno en el que se desarrolla: el conjunto
de la vida en nuestro planeta.
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| Protección
animal y Medio Ambiente |
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- julio / agosto 2005 Pp. 8 - 9 |
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Olvidándonos
de la vida de los animales nos alejamos de nosotros mismos por
el peor camino.
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Dejando
al margen el hecho de que todavía hay administraciones
públicas, como es el caso de muchos ayuntamientos, que
parecen no haberse enterado de que el comportamiento en favor
de los animales no debe de ser competencia de sanidad, aunque
esté bien que exista también una preocupación
en este sentido, pero no para convertirlos en un peligro del que
nos tenemos que defender, sin más consideraciones, cuando
en realidad el verdadero peligro somos nosotros, a veces se extiende
la falsa idea de que la protección de los animales y la
defensa del medioambiente son dos cosas distintas y es que tenemos
la tendencia a simplificar, no porque sea más sencillo,
sino porque así tranquilizamos a veces más nuestra
pobre conciencia. |
En otro sentido, es como cuando
nos referimos en términos generales a la humanidad -que,
por cierto, no parece que, de momento, esté en peligro
de extinción- una denominación muy amplia que
sirve para muy poco y nos olvidamos, que lo que cuentan son
las personas que la integran, usted y yo, por ejemplo; o por
otro lado, hablamos de especies de animales y a partir de aquí
decidimos cuáles son las que debemos proteger más
y cuáles no, qué política vamos a seguir,
etc., sin pensar en las diferentes vidas individuales que representan
porque el grupo nos interesa más que la unidad. Y es
que ver las cosas globalmente, a vista, digamos, de pájaro,
da siempre una perspectiva insuficiente, que puede ser válida
en líneas generales, pero que hace necesaria una mayor
aproximación a la realidad, si conviene hasta la visión
microscópica, para comprender la vida de cada uno de
los seres que pueblan nuestro planeta. Quizás es que
nos falta más alma de cuidadosos y sensibles jardineros
y priva más en nosotros la masificación, con lo
que eludimos los problemas concretos. Todo lo que está
sobre la Tierra forma parte del medioambiente; los animales
también. El horror de los incendios, que este año
se han cobrado vidas humanas y han llevado tristemente la tragedia
a muchas familias, acabaron sin duda también con miles
de vidas de animales, no solamente con bosques y matorrales.
Cuando se informa de estos sucesos, producidos casi siempre
por la mano estúpida o criminal del hombre, pocos se
acuerdan de este hecho. Si el erizo y sus crías, los
conejos y otros animales mueren achicharrados, no hay tragedia,
ni alarma social. Como no la hay cuando un cazador se divierte
matando palomas u otros pájaros, jabalíes y lo
que se pone por delante de la escopeta y todavía hay
quien dice que esto beneficia el medioambiente, porque así
se ayuda a equilibrarlo. Tampoco hay alarma social cuando acabamos
gratuitamente con la vida de nuestros perros cuando son muchos,
porque son viejos o, simplemente, porque nos molestan. ¿Quién
nos va a pedir cuentas por estas y otras acciones? ¿Qué
fiscal nos va a acusar de criminales por matar a un chimpancé?.
Hay que preservar el medioambiente y la
vida que nos rodea, que forma parte del mismo, y esto nos exige
una buena lupa para verlo de cerca. Olvidándonos de la
vida de los animales nos alejamos de nosostros mismos por el
peor camino y hay que denunciar las muchas incongruencias de
nuestros gobernantes que, por un lado, se les llena la boca
en favor de la protección del medioambiente y del ecologismo
y, por otro, parecen impotentes, quizás por falta de
valentía, para resolver lo más próximo,
lo que parece más fácil, pero que les produce
incomodidades políticas. Que no nos vengan diciendo que
hay intereses creados, ya lo sabemos. Por la vía de los
intereses creados, por la vía de que no hay presupuesto,
por la vía de una pésima educación en relación
con estos temas, por la vía de la defensa de las tradiciones
culturales que resultan ser una salvajada; por estas y por otras
vías, no defendemos el medioambiente, ni la vida que
contiene, incluida la nuestra. Lo que defendemos es lo peor
de nosotros mismos: nuestro egoísmo, nuestros caprichos,
nuestra insanía, nuestra insensibilidad. Lo estamos pagando
y lo pagaremos más.
La llamada sociedad del bienestar, que
además nadie sabe si será sostenible y a qué
precio en el futuro, no parece que deba de consistir en una
globalización desaforada del consumismo, cuando, por
otra parte, resulta que la gente se sigue muriendo de hambre,
de sed y de otras calamidades.
Cada vez tenemos, por fortuna,
más universidades, pero nuestras taras siguen ahí
y la protección real de la vida no va a mejor. A nuestros
perros, pongamos por caso, los seguimos abandonando y sacrificando.
Puede que, sin advertirlo, estamos patrocinando con respeto
al medioambiente, entre unos y otros, una especie de plataforma
de la estupidez. Luchemos contra ello a todos los niveles. Es
nuestra única salida.
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| Las
cuentas |
43
- mayo / junio 2005 Pp. 7 |
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El
camino está, precisamente, en fortalecernos. Sólo
así, podremos influir más,
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La
Fundación Altarriba inició en 1998 su actividad
en favor de los animales con unos medios ciertamente muy limitados
para la ingente tarea que nos planteábamos. Hoy, sin duda,
estos medios han crecido, gracias sobre todo a la confianza de
muchas personas de toda condición que, con la suma de su
apoyo, han ido fortaleciendo nuestra posición, permitiéndonos
paulatinamente alcanzar nuevos objetivos, ser más eficaces
y mejorar nuestras actuaciones. |
Durante todo este tiempo, muy corto en realidad, nos hemos esforzado,
casi siempre con angustia, en resolver problemas que directa
o indirectamente afectaban a la protección de los animales
y hemos dejado conocidas y no tan conocidas señales de
esta actuación, que se han venido produciendo, simultáneamente,
en diferentes frentes, que, en un arco amplio, van desde la
atención directa a animales que requieren de nuestra
ayuda a temas educativos, de sensibilización, legislativos,
etc. en favor de ellos. Nuestra dedicación al respecto
ha sido absoluta. Hemos marcado diferencias en relación
con lo que era habitual en nuestro país en otras entidades
de origen y finalidad similares; diferencias, probablemente,
de filosofía operativa, de organización, de estilo.
Nos ha movido el corazón, el sentimiento de que los animales
-seres vivos también como nosotros- necesitan de nuestro
amparo y ésta es una causa justa, pero hemos tratado
de movernos con la cabeza, porque así, entendemos, podemos
ser más efectivos. Con todo, nuestras fuerzas, han sido
en todo momento insuficientes, incluso a pesar de que, con frecuencia,
hemos asumido más de lo que éstas, razonablemente,
nos permitían en algunos casos. En este tema de la protección
de los animales se da, hoy por hoy, ennuestro país, la
paradoja de que cuanto más fuerte e influyente se es
más problemas te llegan. Y como decíamos tiempo
atrás, en otra editorial, "No somos el Gobierno",
somos una ONG, totalmente independiente; algo que en ocasiones
se olvida o se desconoce, no siempre con la mejor intención.
Las cuentas del pasado ejercicio están
aquí y se comparan además con las de los dos anteriores.
A decir verdad, a nosotros nos parecen todavía de posibilidades
muy limitadas, si se tiene en cuenta lo que la Fundación
Altarriba ha desarrollado en los 12 meses que comprenden: si
se contemplan los miles de animales que hemos amparado, las
muchas acciones llevadas a cabo; por no referirnos a lo que,
lamentablemente, no hemos podido atender por insuficiencia de
medios; a los proyectos educativos o de más atención
a los animales que deberán esperar. No obstante, como
hemos dicho, hemos crecido, y a pesar de que acabamos de afirmar
lo paradójico de ser más fuertes y, sin embargo,
confrontar más problemas; en definitiva, más necesidades
a atender, no debemos engañarnos. El camino está,
precisamente, en fortalecernos. Sólo así, podremos
influir más, se nos respetará más y los
animales, a través nuestro, podrán tener un mayor
y mejor amparo, que, junto a la labor que realizan otras organizaciones,
ayudará a acelerar el cambio de sensibilidad de nuestra
sociedad hacia ellos.
En definitiva, la ayuda, el empuje
de todos es vital, es imprescindible. En este momento hemos
sobrepasado los 4.000 socios y buscamos con empeño nuestro
mayor crecimiento, porque esta cifra nos sigue pareciendo insuficiente
para las necesidades que confrontamos y para extender nuestro
mensaje proteccionista.
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| No
matar en el 2007 |
42
- enero / marzo 2005 Pp. 7 |
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Posiblemente
el artículo más valiente de la nueva ley de protección
de los animales, aprobada en el Parlament de la Generalitat de Catalunya,
es aquel que señala que en los centros de acogida, privados
o municipales, no se podrá matar a los seres allí
refugiados a partir del 2007, a no ser por causas muy justificadas,
que nunca serán las de conseguir el equilibrio entre entradas
y salidas, como es habitual hoy en toda España. |
Muchas entidades proteccionistas luchamos como pudimos para conseguir
esto y, concretamente, la Fundación Altarriba se dejó
las pestañas en demostrar que esto era posible, como lo
hemos hecho en la perrera de Mataró durante más
de tres años y durante año y medio en la de Barcelona,
por no citar los centros propios. Pero, curiosamente, desde el
primer momento, comenzaron a levantarse voces catastróficas
en contra de esta ley, en base a argumentos de toda índole,
pero ninguno que contemplara el derecho a la vida del propio animal.
Gentes incluso que se califican de protectores y amantes de los
animales han ido poniendo leña al fuego sobre la imposibilidad
de cumplir esta ley en las actuales condiciones de nuestro país,
con la saturación de abandonos existentes. Y para acabar,
comienzan a pedir responsabilidades a las administraciones catalanas
y sembrando la duda, parecen auspiciar, quizás sin quererlo,
una vuelta atrás.
Derogar una ley es muy fácil,
incluso ésta que costó lo suyo conseguirla, y no
somos tan ingenuos para pensar que de aquí al 2007, por
muchas medidas administrativas que se tomen, nuestra sociedad
va a cambiar lo suficiente para que el abandono de perros y gatos
descienda tan drásticamente que haga fácil la aplicación
de esta ley. Otros temas, con muchos más medios, -la terrible
mortandad y otras secuelas en vidas humanas en nuestras carreteras,
por ejemplo- no se atajan así como así y el caso
de los perros y gatos abandonados tampoco es cuestión de
un día para otro, en una sociedad mayoritariamente todavía
insensible y quizás también brutal, poco civilizada
o como queramos definirlo.
Es verdad que las administraciones
tienen que tomarse en serio este tema y, no convertir por desidia,
por falta de voluntad política, una ley en algo perverso,
como es el caso de las leyes que no se aplican. Pero también
es verdad que cañoneando a las administraciones como principal
solución para que se muevan y decirles que la ley, que
esta ley, irá al desastre, es ponérselo muy sencillo
para que acaben con ella o nos señalen otra moratoria para
las calendas griegas.
Esta ley sirve y debe de aplicarse
en el momento previsto. Se puede aplicar, como hemos dicho, y
las entidades proteccionistas tenemos la obligación moral
y ética de cumplirla y hacerla cumplir. Nosotros la hemos
cumplido antes de que entrara en vigor y la cumplíamos
en nuestras casas mucho antes de que se previera en parlamento
alguno, siendo los abandonos los que eran y estando las cosas
como están. Esto es lo serio y, desde luego, por nuestra
parte, no vamos a ser agoreros para contribuir a un fracaso. Y
naturalmente, en lo que corresponde a las administraciones, seguiremos
pidiendo que hagan cuanto tienen que hacer para que los malos
hábitos de nuestra sociedad con respecto a los animales
cambien. Pero, como dice el refrán, no nos pongamos el
parche antes de que salga la herida, actuando con oportunismo
ante los medios de comunicación, diciendo desde el ámbito
proteccionista que todo será un desastre porque el gobierno,
el que sea, no hace lo necesario, y si alguien quiere estadísticas
sobre los perros y los gatos cuyas vidas hemos sacado adelante,
que nos las pida. Con mucho gusto se las daremos.
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| Violencia |
41
- noviembre / diciembre 2004 Pp. 9 |
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Es
evidente que las acciones contra los animales, que están
en el origen de muchas actitudes indeseables, trascienden su propio
ámbito y nos embrutecen...
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La
idea de que muchos asesinos natos comenzaron sus primeras prácticas
maltratando animales, atormentándoles y quitándoles
la vida no es una idea peregrina y no pocas policías del
mundo, entre ellos el FBI, saben que esto es un hecho y cuentan
con suficiente documentación que lo demuestra. La violencia
se ejerce, en primer lugar, contra los débiles y en los eslabones
que componen una cadena de seres débiles, incapaces o con
dificultades para defenderse, los animales ocupan un lugar importante. |
Núria Querol, responsable de las relaciones internacionales
de la Fundación Altarriba, bióloga y experta en
estos temas con los que ha participado en importantes foros, ya
nos lo dijo con motivo de sus intervenciones en la 1ª Conferencia
Internacional sobre la Protección Legal de los Animales
en España (CIPLAE), celebrada en noviembre de 2002, en
la Universidad de Barcelona, destacando la necesidad de que las
leyes prevean y castiguen, como en otros casos, este tipo de actuaciones,
que tienen, con frecuencia, su origen en el hogar, pero también
fuera de él, y que no se limita, exclusivamente, a los
animales de compañía, como a veces suele creerse,
sino que abarca toda clase de animales, porque estos sujetos practican
su violencia con los seres que más a mano tienen.
Kathleen Heide, famosa criminóloga
de la Universidad del Sur de Florida, hoy miembro del Comité
de Honor de la Fundación Altarriba, ya ha señalado
también la estrecha relación existente entre las
conductas homicidas en niños y adolescentes y sus trayectorias
como practicantes de la violencia con animales. Lo mismo ha estudiado
y señalado, en numerosas publicaciones, Frank R. Ascione,
de la Universidad del Estado de Utah (Usa), miembro también
de nuestra Fundación y una personalidad en esta materia
y en la protección de los animales, tema éste último
en el que incluso colabora con la primatóloga Jane Goodall.
En relación con la protección
de los animales nuestras leyes avanzan tímidamente, aunque
avanzan, pero aún parece que estamos lejos de elevar, por
ejemplo, a nuestra Constitución este tema, como se hizo
en Alemania, y cabría reflexionar, como han hecho los especialistas
señalados, si no estamos restando importancia a la violencia
que, diariamente, se produce contra ellos, incidiendo negativamente
en la educación de nuestra sociedad. Es evidente que las
acciones contra los animales, que están en el origen de
muchas actitudes indeseables, trascienden su propio ámbito
y nos embrutecen un poco más, pero, lamentablemente, nuestras
legislaciones, cuando se trata de violencia contra los animales,
todavía consideran que el rango de la acción es
menos punible y, a partir de ahí, desde la policía
hasta los jueces pueden estimar que merece menos atención,
y lo mismo puede suceder con los educadores, comenzando por los
propios padres de familia que deben de velar por la formación
de sus hijos. Por poner un caso, todavía existen muchas
instituciones -colegios incluidos- que ante la entrada de gatos
callejeros en sus recintos ajardinados no se les ocurre mejor
solución que exterminarlos.
Kathleen Heide manifestó
en Valencia, durante la VIII Reunión Internacional sobre
Biología y Sociología de la Violencia, organizada
por el Centro Reina Sofía, que la actitud negligente de
los padres, la ausencia de modelos, habían contribuido
en EEUU a un "fuerte" aumento del número de homicidios
cometidos por jóvenes y en la carrera hacia la criminalidad
está también la conducta contra los animales.
Siempre hemos dicho que la defensa
de los animales es un aspecto más, y muy importante, de
nuestra propia defensa como seres humanos, así es que tenemos
una razón añadida a otras muchas para seguir preocupándonos
por ellos.
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| Mirar
hacia delante |
40
- septiembre / octubre 2004 Pp. 7 |
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En
medio de las contínuas dificultades, notamos, paso a paso,
que, en alguna parte, hay un animal que nos mira.
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La
protección de los animales, que nos preocupa a todos los
que sentimos esta causa, no es un campo de rosas, miremos hacia
donde miremos, pero por encima de dificultades, a pesar de que nos
sentimos a veces nadando contra corriente, nuestra labor avanza
sin desánimo alguno y, poco a poco, es mucho lo que conseguimos,
aunque pueda parecernos que no es así. |
Cada día, en el caso de la Fundación Altarriba,
se suman más gentes a nuestra organización y el
crecimiento en ocasiones nos desborda. Es buena señal.
Quiere decir que el valor de nuestras ideas se extiende y que
la eficacia de nuestro trabajo se hace sentir, y a la Fundación
Altarriba se la respeta cada vez más, incluso en ocasiones
se nos teme y, por supuesto, también se nos critica. No
es malo esto último porque quiere decir que nuestra presencia
es activa, no pasa desapercibida. No es malo tampoco, porque las
críticas nos llegan casi siempre de quienes deberían
callar, porque suelen ser críticas solapadas, hechas desde
la debilidad, de ideas insostenibles, que antes o después,
se van viniendo abajo.
Desde el principio hemos siempre
mirado hacia adelante. No hemos presumido de verdes, ni de ecologistas,
ni de medioambientalistas, aunque estas preocupaciones han estado
siempre implícitas en nuestra labor. Pero de lo que sí
nos sentimos cada día más orgullosos es de saber
que todas nuestras fuerzas, que son las fuerzas sumadas de cuantos
nos apoyan, las empleamos por entero en defender a los animales
y lo que conseguimos está a la vista; convirtiendo nuestra
voz y nuestros hechos en algo que no se puede desconocer.
En medio de las contínuas
dificultades, notamos, paso a paso, que, en alguna parte, hay
un animal que nos mira. Y la justificación de nuestra labor
está en esa mirada. Por eso tratamos de que nadie se cruce
entre él y nosotros. Tratamos de que nadie nos impida hacerlo.
Hoy, por fortuna, podemos atender más miradas que ayer,
pero seguimos pensando que es mucho todavía lo que nos
queda por hacer. Constituimos un equipo, el más amplio
posiblemente de cuantos operan en nuestro país diariamente
en la protección de los animales y, como decimos, las fuerzas
de nuestra sociedad que nos apoyan, que contribuyen a nuestra
labor, van también creciendo día a día. Miremos,
pues, hacia adelante.
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| Solidaridad
con los débiles |
39
- marzo / abril 2004 Pp. 9 |
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Sin
voz ni voto están totalmente a nuestras expensas.
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De entre todas las
caras que presenta el alma humana, probablemente la que mejor refleja
hasta dónde puede llegar su capacidad de nobleza es la de
la solidaridad. Somos seres sociales, pero no siempre solidarios
y, con demasiada frecuencia, tendemos a mirar hacia otro lado ante
las necesidades ajenas a las que, quizás, podíamos
echar una mano, aunque por fortuna no siempre es así. |
Muchas personas sienten el dolor
de los demás, las angustias de los demás y les afectan
como propios los problemas de los otros, sobre todo cuando esos
otros forman parte de los más débiles, como es el
caso de los animales que, en el conjunto de la vida, constituyen
globalmente el último eslabón de la cadena de la
debilidad, una cadena en la que, sin duda alguna, están
incluidos también, con cifras escalofriantes, los seres
humanos que padecen hambre, sed, guerras, maltratos y miserias
de todo tipo.
Los que tratamos de ser solidarios
con los animales no sólo no desconocemos la necesidad de
serlo también con los seres humanos, sino que, además,
solemos ser conscientes de que en nuestra actuación, directa
o indirectamente, queda lejos toda exclusión, y aunque
nuestras fuerzas y nuestros recursos se encaminen hacia la defensa
y protección de los primeros, al tratar de amparar sus
vidas influimos también en el amparo de las nuestras, extendiendo
el concepto más amplio y profundo, no limitativo, de que
el comportamiento ético y moral debe de llegar, como mínimo,
a la vida evolutivamente más próxima a nosotros,
como hoy llega, o trata de llegar, a toda la naturaleza de la
que formamos parte y que no es una herencia de nuestro exclusivo
uso.
No se trata, pues, de que primero
somos los seres humanos, como argumentan con simpleza los que
generalmente no están dispuestos a hacer nada, ni por unos,
ni por otros. Se trata de que los animales son también
importantes -lo son, sin duda, para ellos mismos- y que la vertical
antropocéntrica -egoista y corta de miras- que nos ha llevado
a ejercer todo tipo de presiones contra ellos, no puede mantenerse
si buscamos la nobleza de nuestra alma, la nobleza de nuestro
comportamiento e incluso nuestro propio bienestar en un mundo
un poco mejor.
Oponer una solidaridad a otra no
tiene sentido. Como no lo tiene referirse aquí a las prioridades.
Son las ONG las que establecen, dentro de sus respectivos campos
de acción, sus programas de prioridades a tenor de los
medios de que disponen y la parte de la sociedad que las apoyan,
lo hacen de acuerdo con estas finalidades.
En cuanto a los animales, nadie
medianamente sensible, que se haya detenido a enterarse y a reflexionar,
puede desconocer cuál es, en general, su situación,
tanto si nos referimos a animales domésticos, de compañía
o a fauna silvestre. Y todos sabemos que esta situación
es consecuencia en la inmensa mayoría de los casos de la
actuación nuestra, los seres humanos, con el agravante,
como se ha dicho tantas veces, de que ellos no pueden valerse
por sí mismos para contrarrestarnos. Sin voz ni voto están
totalmente a nuestras expensas. ¿Quién realmente
les representa ante el ordeno y mando que, de hecho, ostentamos?
Nadie. Únicamente aquellas personas y organizaciones solidarias
con su debilidad son las que presionan para que también
las cosas cambien en favor de su protección. Sintámonos,
por lo tanto, orgullosos de formar parte de estas personas, con
la humildad, además, de saber de antemano que no recibiremos
felicitaciones por ello.
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| Claroscuros
en la política de no sacrificar animales de compañía |
38
- enero / febrero 2004 |
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Se
está demostrando que es posible, no sin esfuerzo, aplicar la ley
de no eutanasiar.
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Hay
que pensar en los imposibles para solucionarlos. Es lo que, desde
el primer día, nos planteábamos en relación
con la política de no sacrificar los animales abandonados,
que entraban en los centros de acogida, en los que, sobre todo,
si dependían de las administraciones públicas, la
practica habitual para equilibrar entradas y salidas, era despacharlos
con la eutanasia. |
Así
las cosas, algunas entidades de protección, utilizando
un lenguaje extremo, calificaban de criminales a los que actuaban
de esta manera e incluso no faltó quien utilizó
la amenaza de publicar listas acusatorias.
Cada
organización tiene su política y sus métodos,
y, aunque desde el primer momento de la Fundación Altarriba,
fuimos muy claros, en público y en privado, sobre cuál
era nuestra postura al respecto, que entendíamos no podía
ser otra que la defensa de la vida de los animales de compañía,
en este caso, ya cruelmente maltratados por el abandono de que
eran objeto, asumimos, además, el reto de demostrar que
esta política era posible, además de que, éticamente,
era la única que se debía propiciar. Difícilmente,
señalábamos, podemos hablar de protección
y acabar con lo que decimos proteger. Por esta razón, aparte
de nuestras acciones privadas salvando y protegiendo animales,
a la primera oportunidad que tuvimos aceptamos la gestión
de la perrera de Mataró, después de que, tras no
pocas conversaciones, el propio ayuntamiento, aceptando nuestras
ideas, asumió la política de prohibir el sacrificio
de animales. Luego vino Barcelona, cuya gestión también
asumimos y, finalmente, llegó la nueva ley de protección
de Cataluña, prohibiendo asimismo, aunque con una moratoria
que acaba en el 2007, la “solución” del sacrificio.
Quizás algún día
cabrá contar lo que para la Fundación Altarriba
ha supuesto el reto de conducir la gestión de dos perreras
municipales- además de los centros propios- tan señaladas
como la de Mataró y, no digamos, Barcelona. Quizás
no valga la pena contarlo nunca. En un mundo de resúmenes
y abreviaturas como el nuestro, sin apenas estelas indelebles,
la posible eficacia está en el día a día,
en los resultados, y menos o nada en los discursos y las explicaciones.
Siempre creíamos que además de predicar, teníamos
que dar trigo, como se apunta, sabiamente, en nuestro refranero
popular, que suele rechazar que la oferta se limite exclusivamente
a músicas celestiales, sin maná alguno. Pues bien,
dos años de gestión en Mataró han supuesto
el paso el 1.017 perros, de los cuales sólo 13 se tuvieron,
por razones, llamémoslo humanitarias, que sacrificar (el
1,3%). En el caso de Barcelona, durante un año, se gestionaron
2132 perros entrados, de los cuales, por las mismas razones, se
eutanasiaron 35 (1,6%). Ni que decir hay que, salvo estos casos
aislados y algún otro, la situación en el resto
del país, al menos en lo que se refiere a centros de acogida
dependientes de las administraciones públicas, es, sencillamente,
de sacrificios generalizados o, como se han descrito, de mataderos
encubiertos, aunque la presión en contra de esta política
sea cada vez mayor por parte de nuestra sociedad, que, todo hay
que decirlo, es la que sigue provocando, por otra parte y de muchas
maneras, la grave crueldad de abandonar animales.
En el caso de Cataluña, la
pregunta es qué puede pasar, tras la indicada moratoria,
en enero de 2007. Se está demostrando que es posible, no
sin esfuerzos, aplicar la ley de no eutanasiar, pero convendría
hacer serias advertencias sobre esta cuestión, para no
acabar dando la razón a las voces que en su día
se levantaron criticando en este sentido la nueva ley, como antes
se habían levantado poniendo en cuestión las decisiones
de Mataró y Barcelona, con argumentos, a nuestro entender,
casi siempre peregrinos.
Es, como puede comprenderse, una
pregunta que inquieta y nos inquieta, sobre todo, a quienes sentimos
el tema de la protección y venimos luchando para que se
implante esta política de no dar como “premio”
a los animales abandonados una incalificable patada a sus vidas,
como siempre se ha hecho, especialmente en las perreras municipales,
y como se hacía antes también en Mataró y
Barcelona. Y lo primero que cabe señalar es que con los
medios que, al menos hasta hoy, han puesto las administraciones,
no llegaremos muy lejos. Matar perros y gatos es sin duda más
barato que no hacerlo, protegiendo sus vidas e impulsando una
seria acción a favor de las adopciones. No hay milagros,
por muchas leyes que existan, que permitan llevar a cabo la política
de no eutanasiar, si las administraciones no ponen los presupuestos
adecuados, si no profundizan en todo lo que tiene que ver con
la nueva filosofía, (instalaciones, veterinarios etc.)
y si, en paralelo, no toman medidas serias para disminuir la presión
de los abandonos.
La Fundación Altarriba tiene
hoy autoridad moral y operativa, basada en su experiencia, para
hablar y opinar sobre este tema. ¿Qué hubiera hecho
en nuestro lugar una empresa privada, gestionando las citadas
perreras, en las que, por cierto, hemos tenido que poner de nuestros
propios recursos económicos por encima de la dotación
recibida de ambas Administraciones, a todas luces insuficientes?
¿Cómo lo hubiéramos tenido que hacer si,
además hubiéramos querido ganar dinero? ¿Y
cómo lo hubiéramos hecho con funcionarios, con todos
los respetos?
Estamos totalmente de acuerdo con
la nueva ley de Cataluña de prohibir el sacrificio de los
animales abandonados en su territorios, en este caso a partir
del 2007, pero también estamos de acuerdo de que cumplir
la ley exige entrar a fondo en los medios necesarios para que
esto no sea un brindis al sol y un nuevo motivo para ponerse medallas
inmerecidas. De nuevo, predicar y dar trigo. O esto, o a esperar
que el tema explote en los mismísimas narices de los políticos,
cosa que no queremos nadie y menos que nadie nosotros que, contra
viento y marea, nos estamos quemando las pestañas para
llevar esta lucha adelante.
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| Tristes
navidades para los macacos en Camarles |
37
- noviembre / diciembre 2003 |
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Irlanda,
por poner un ejemplo notorio, prohibe su importación para estos
fines.
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Nadie
ha hecho el cálculo, pero probablemente en los últimos
100 años, han fallecido en el mundo más niños,
mujeres y hombres como consecuencia de las apocalípticas
calamidades que el ser humano sigue originando, que las vidas que
hemos sido capaces de salvar, experimentando a costa de los animales.
Claro que hay quien piensa que un millón de animales sacrificados
no valen una sola vida humana. . |
Y hay quien piensa que 298 macacos,
entrando ilegalmente en Camarles en bien de los viles negocios de
una empresa, nada significan en este contexto del pretendido bien
de la humanidad. El bien del género humano, que todos deseamos,
es una cosa; la destrucción y el martirio de la vida que
nos rodea, a beneficio de un inmoral inventario, es otra.
Recientemente, José María
Pérez Monguió, profesor de Derecho Administrativo
de la Universidad de Cádiz, ha recopilado una serie de
“Textos Legales sobre Experimentación Animal”,
que en un más menos, en su conjunto, suponen la legislación
del horror, lo que no es culpa suya, sino el resultado de lo que
la sensibilidad de nuestra sociedad es hoy capaz en relación
con esta práctica, con cada vez más detractores
enfrente, incluidos muchos científicos, entre otras razones
por la abrumadora inutilidad de estos experimentos que, además,
cuentan hoy con otras alternativas. En realidad, estos textos
tratan de salvar la mala conciencia humana por infringir daños
y torturas a los animales y pretenden paliar lo que con ellos
se hace, un horror, como decimos.
En la civilizada Unión Europea,
un informe de la comisión a su consejo y a su parlamento
señalaba que en 1999 se habían utilizado para experimentación
cerca de diez millones de animales en su territorio, de ellos
en torno a diez mil primates. El ser humano, por cierto, es un
primate, pero, claro, no figura en estas cifras. La época
del nazi Mengele es ya historia, por fortuna. Es bueno, al menos,
constatar que algunos países, muy pocos, son cada vez menos
permisivos en el tema de la experimentación con animales,
sobre todo si se tratan de primates.
Otros países han iniciado
una drástica reducción. No es el caso, por desgracia,
de España, donde se sigue mirando hacia otro lado en estas
cuestiones y donde la autoridad CITES da licencias de importación
a una empresa que, sin la debida autorización del Ayuntamiento
-Camarles- para desarrollar sus actividades mercantiles, consistentes
en traer macacos y venderlos a los laboratorios de Europa, de
todo el mundo probablemente, nos planta en territorio de Cataluña
298 ejemplares, procedentes de Isla Mauricio.
El caso de Camarles, municipio al
borde del Delta del Ebro, en Tarragona, donde una empresa pretende
funcione una granja con macacos, blanqueando así el tráfico
de unos animales para una más fácil circulación
hacia otros países, está desbordando todos los despropósitos.
El gran negocio de los animales quiere ahora servirse de nuestro
país para que estemos un poco más cerca del estercolero.
Ni leyes, ni moral, ni ética, ni nada. Una vergüenza
que hay quien pretende sostener, por encima de la inmensa mayoría
de las voluntades, ondeando la bandera humanitaria. Pobres primates,
parientes nuestros. ¿Pasarán los macacos nuestras
Navidades en Camarles?.
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| Derechos
y no derechos |
36
- septiembre / octubre 2003 |
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| Que
la ley catalana se refiera al derecho de los animales es un paso adelante,
no cabe duda.
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En
la exposición de motivos de la nueva Ley de protección
de los animales en Cataluña aprobada por su Parlamento el
día 26 de junio de 2003, se subrayaba como declaración
de principios el hecho de que éstos estaban dotados de sensibilidad
psíquica, además de física, lo que quería
decir que eran merecedores de unos derechos, propios a su condición
animal. |
La historia de los derechos humanos ha sido
larga y azarosa, con innumerables cambios en función de cada
momento, de cada época, y basta meditar sobre la actualidad
para entender que seguirá siendo azarosa en el futuro. La
historia sobre los derechos de los animales prácticamente
no existe, o es todavía tan joven que ofrece poca perspectiva.
Por esto, cuando se habla de los derechos de estos últimos,
todavía hay mucha gente, en todos los niveles de la escala
social, que no entiende la razón de los mismos, máxime
cuando con los animales hemos hecho, por lo general, lo que nos
ha parecido, con escaso provecho para ellos y, sin duda, mucho para
nosotros. Estas gentes, conscientes o no, piensan y actúan
con parecida mentalidad a los que en el pasado se alarmaban y sorprendían
de que alguien quisiera elevarse por encima de sus derechos de cuna.
El esclavo es esclavo; la mujer es mujer; los pobres son pobres;
los animales son animales y cada uno, dentro del orden establecido,
tiene que estar en su sitio. En 1667, cuando se publicó en
Francia la “Memoria para la reforma de las Universidades”
el problema de fondo era la creciente presión por parte de
las capas sociales menos favorecidas, para acceder, a través
de la educación a niveles superiores, escapando así
a los límites impuestos por el hecho de haber nacido dentro
de unas condiciones que, tradicionalmente, les obligaban a no salir
de ellas. Sus “derechos de cuna” no daban para más.
Salvando todas las distancias, los derechos de cuna de los animales
tampoco han dado para más, desde nuestra óptica y
desde nuestra práctica.
Es obvio, sin embargo, que por parte
de los animales, no ha habido, ni hay, ni habrá ningún
tipo de presión para que esto cambie. El concepto sobre
el orden establecido en la sociedad humana de hoy ha variado mucho
del que se podía tener en el ejemplo de Francia de 1667,
pero al ser el concepto del derecho una invención exclusivamente
humana, ajena por completo a una inimaginable acción promovida
por los animales, su aplicación a ellos ha dependido y
depende exclusivamente de nosotros, de nuestra inteligencia y
buena voluntad, y supone sin duda una novedad, incomprensible
todavía para mucha gente, como decíamos al principio.
Todos los animales -incluidos los humanos- nacemos y morimos,
y en esto somos iguales, pero esta evidencia no ha sido suficiente
para sentirnos, aunque sea en la lejanía, sus semejantes
y en nuestra relación con ellos hemos invocado continuamente
nuestra cuna -y nuestros derechos- sobre la de ellos para someterlos,
maltratarlos y aniquilarlos, directa o indirectamente, como es
hoy evidente, por ejemplo, con la continua destrucción
de sus hábitats en el caso de la fauna salvaje, por no
citar otro tipo de actuaciones, que convierten a los animales
en simples objetos de nuestro consumo, de nuestro capricho, etc.
Que la ley catalana se refiera al
derecho de los animales es un paso adelante, no cabe duda. El
ser humano inventa el derecho, lo da, lo modifica e incluso lo
quita, y los animales son sujetos pasivos de nuestro comportamiento,
el que sea, hacia ellos. En este sentido quizás habría
que hablar no tanto del derecho de los animales, sino de lo que
no tenemos derecho a hacer nosotros con ellos, es decir, si los
animales no tienen derechos -como quieren algunos-, tampoco la
especie humana tiene derecho a ciertos comportamientos con ellos.
Expuesto de otra manera: o se los damos a ellos o nos los quitamos
nosotros.
Hoy sabemos, sin ningún género
de duda, que los animales -sobre todo los más próximos
a nosotros- sienten, gozan y padecen, de una manera similar a
la nuestra. Como dice la citada ley, son seres psíquicos
y físicamente sensibles. Hoy también sabemos que
la lucha a favor de los animales -al margen de nuestro progreso
ético y moral, dos temas nada baladíes- es la lucha
a favor de una nueva concepción de la vida en nuestro planeta,
que animales, humanos o no, compartimos, viniendo todos de un
tronco común. Por esto, y por muchas razones -incluyendo
razones de interés vital para nuestro propio futuro-, hablar
del derecho de los animales es ir por el buen camino.
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| Nueva
ley de protección en Cataluña |
35
- julio / agosto 2003 |
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| Ahora
habrá que ver qué voluntad política se pone en aplicarla.
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El
pasado 26 de junio, el Parlamento de Cataluña aprobó
la nueva Ley de Protección de los Animales, que, en uno de
sus enunciados más destacados reconoce el hecho de que los
animales son seres con sensibilidad psíquica y física,
merecedores, por lo tanto, de derechos de acuerdo con su condición. |
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Reconocer
de entrada esto en una ley es muy importante y, en muy buena parte,
aunque no en todos, los artículos que la configuran son consecuentes
con esta declaración, como, por ejemplo, cuando en la misma
-aunque concediendo una moratoria hasta el 2007- se prohíbe
el sacrificio de los animales de compañía, perros
y gatos, abandonados y recogidos en los centros creados para esta
finalidad. Este solo artículo bien vale que aplaudamos la
nueva Ley, pero ésta contiene otros muy positivos que la
convierten en conjunto, hoy por hoy, en la más avanzada ley
proteccionista de España, equiparable en algunos aspectos
a las que considerábamos mejores en otros países.
Es evidente que el
debatido tema de las corridas de toros -la más cruel acción
pública con los animales que se lleva a cabo en nuestro país-,
como las incivilizadas “fiestas populares”, siguen sin
tocarse apenas. El diente político no se ha atrevido todavía
en serio con estos dos temas, que son una vergüenza, aunque,
en el caso primero, la Ley, volviendo atrás, prohíbe
de nuevo a los menores de catorce años el acceso a los espectáculos
de las plazas de toros. Pero, en otros casos, la Ley sí es
taxativa en señalar, sin condicionantes, otras prohibiciones,
como la práctica del tiro al pichón o la de instalar
granjas de primates en el territorio de Cataluña, destinadas
a la comercialización o a la experimentación, y aquí
cabe recordar el desdichado caso de Camarles.
Independientemente
de las sanciones que la Ley contempla para los que la infrinjan,
que pueden llegar a multas de 20.000d y que incluye en los casos
graves el abandono de animales de compañía, los legisladores
señalan una serie de medidas, que habrá que desarrollar,
tanto para proteger a los animales, como para impulsar la tenencia
responsable de los propietarios de los mismos, incluyendo otras
cuestiones importantes relativas a su comercialización en
sus puntos de venta, a la regulación de los criadores autorizados,
a la profesionalización -hoy, en la práctica, casi
inexistente- de los que tienen que gestionar y cuidar su protección,
además de otros etcéteras.
No se trata de hacer
aquí un análisis exhaustivo del contenido de esta
Ley. Las leyes cambian al paso de las sociedades y lo positivo es
que cambien para mejor y, en este sentido, como decimos, ésta
es bastante mejor que lo que había hasta ahora y quizás
es cuanto, en este momento, se podía conseguir. Los amantes
dicen, a veces, estar satisfechos, pero no saciados, y puede que
ésta sea la postura más razonable que se podría
expresar por parte de un proteccionista en cuanto al conjunto de
la nueva ley en Cataluña en favor de los animales. Ahora
habrá que ver qué voluntad política se pone
en aplicarla y qué medios se destinan a ello. Seamos optimistas.
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| De
momento, muy pocos años |
34
- mayo / junio 2003 |
|
| En
cualquier caso, esta labor, o la mayor parte de ella, está a la
vista de quien la quiera ver, y no se sustenta ni en retóricas,
ni en pancartas.
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Tuvimos
claro desde el primer momento que nadie es lo que dice que es, sino
lo que hace. En una entidad proteccionista este principio nos parece
todavía más cierto y, en nuestro caso, hemos tratado
de seguirlo, preocupándonos continuamente de trabajar, ampliando
al mismo paso nuestros programas de defensa de los animales, nuestras
acciones en favor de ellos y asumiendo, en definitiva, nuevas y
constantes responsabilidades, que sin duda, hubiera sido en muchas
ocasiones más cómodo y fácil declinar. |
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Tanto
es así que, con nuestros medios actuales, nos resulta cada
vez más problemático dar cuenta de lo que hacemos,
a pesar de que contamos con la revista “Bú Bup”,
que sale cada dos meses, y a pesar de que vamos incorporando a nuestra
página web constantes informaciones, y a pesar, por último
de emplear otros sistemas de comunicación.
En cinco años,
un período breve para cualquier organización, que
la Fundación Altarriba cumple ahora; nuestra entidad, sin
mencionar lo hecho anteriormente, se encuentra hoy, gestionando
o apoyando, cinco centros de animales abandonados; está en
fase de construcción de uno nuevo y en poco tiempo abrirá
en una finca recién adquirida el que, posiblemente, será
el primer centro dedicado exclusivamente a perros abandonados de
avanzada edad. Ello sin mencionar gestiones en curso, que podrían
derivar en asumir en este sentido nuevas responsabilidades.
En el tema de los
gatos callejeros, la extensión de los programas en los que
venimos actuando es cada vez mayor y abarca más ciudades
y pueblos. Pero esto no es todo. Estamos intensificando nuestra
labor en todos los órdenes. Lo estamos haciendo en el terreno
de la difusión de nuestras ideas, a través de los
materiales que editamos, de los medios electrónicos, de la
prensa, de los actos públicos, de nuestros contactos con
las administraciones, de también cada vez más ciudades,
con el mundo político, de nuestra labor educativa. Y seguimos
estudiando y preparando nuevos proyectos. No paramos, no descansamos,
no vivimos, salvo en nuestra dedicación a los animales. El
equipo de la Fundación Altarriba crece para sostener toda
esta labor, que nos desborda. Crece asimismo el número de
personas que nos apoyan por todo el país, como también
crece el movimiento voluntario que ayuda a sostener nuestra labor
de campo. Y también, claro está, crecen los problemas
y nuestras necesidades.
Creemos honestamente
que estamos realizando una labor seria, en muchos momentos más
allá de nuestras propias fuerzas. En cualquier caso, esta
labor, o la mayor parte de ella, está a la vista de quien
la quiera ver, y no se sustenta ni en retóricas, ni en pancartas.
No se requiere para ello ni gafas especiales, ni aguda vista de
lince. Y no tiene secretos o, mejor dicho, sí los tiene:
se basan, como hemos dicho, en el trabajo; en mirar adelante; en
desarrollar al máximo nuestra capacidad de gestión
responsable; en nuestro amor a los animales, al que se suma el de
las personas que nos apoyan. Esto es cuanto hay al cumplir un período
tan corto de cinco años
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| Juicios
sumarísimos |
33
- marzo / abril 2003 |
|
| Para
qué seguir. Los animales, como los humanos en tiempos de guerra,
sufren de manera sumaria las leyes, la justicia.
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Para
la gente llana, el mundo del Derecho y la jurisprudencia es un auténtico
galimatías. Pero si hablamos de este tema en relación
con la protección de los animales, ya no es que sea un galimatías,
que sería algo, es que no existe o es papel mojado. |
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Administrada
además la justicia, como no puede ser de otra manera, por
seres humanos y sabido que "humanum errare est"; jueces
al fin que no suelen derrochar, salvo excepciones, excesivas sensibilidades
hacia la defensa de los animales, el conjunto proporciona unos mimbres
de los que cabe esperar cualquier insólito resultado, todo
menos buenos cestos, y es que como se ha dicho tantas veces, la
justicia es ciega, así se la representa, con la balanza en
la mano y una venda en los ojos; pero quizás habría
que añadir que también, muchas veces, es miope.
La sentencia de lo
Penal Nº1 de Reus, en la causa contra el autor de los horribles
hechos de la protectora de Tarragona, que supuso la brutal mutilación
y, en definitiva, la muerte de 15 perros allí acogidos de
su abandono, es de las que producen escalofríos y hacen dudar
de casi todo. Dejando al margen el hecho de que sigue planteándose
la duda de que, difícilmente, fuera la acción de una
sola persona, dudas compartidas al parecer en su momento por la
propia policía, que chocó además con la barrera
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