49 diciembre 2006
 
TOROS, POLÍTICOS Y GOBERNANTES
Adelanto de la Editorial del Núm. 50

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No nos interesan los políticos que apenas tienen sensibilidad con los animales, porque creemos que, si es así, tampoco lo tienen con las personas.

 

Todo es opinable, pero a nosotros no nos merecen ningún respeto las corridas de toros, ni en democracia, ni fuera de ella, y el hecho de que sigan siendo legales en nuestro país, como en algunos otros, dice bastante de la escasa valía ética y moral de nuestros gobernantes y de sus ideas sobre cómo conducir una sociedad por lo caminos de la educación, rechazando los espectáculos crueles y sangrientos con un pobre animal.

El respeto a las minorías y a sus posibles gustos indeseables pueden protegerse y es bueno que se haga, si llega el caso, pero nunca a costa del sufrimiento de un animal. El gran reformador persa Zaratustra que, al parecer, sabía de ética más que muchos de nuestros políticos, lo vio claro y luchó para acabar con los sacrificios de los pobres animales en honor de los dioses, impulsando así el respeto a sus vidas.

Nosotros, sin embargo, no sabemos acabar con un espectáculo sangriento y no solamente lo mantenemos legalmente, sino que, encima, lo amparamos con ayudas económicas y lo difundimos por la televisión pública, empujando desde el poder un reconocimiento cada vez más degradado. Es vergonzoso y es una prueba más de que tendríamos que tener la fuerza y la inteligencia de mandar a casa a muchos de nuestros dirigentes para que cumplieran, al menos, arresto domiciliario.

En el siglo XXI, buscando todos una sociedad mejor, esto no es de recibo. La educación es siempre una asignatura pendiente, pero siempre es también prioritaria. Pero las autoridades tienen poca imaginación para educarnos cualitativamente y con frecuencia también les falta ganas, voluntad. Hablan de la educación, pero ellas no están educadas. No saben crear ilusión, ni ética, ni saben manejar los cambios que se avecinan. Por este camino, será cada vez más difícil que la sociedad se identifique con esta clase de políticos y gobernantes, y quizás esta sea una de las razones de la creciente abstención que se produce en las elecciones. Es triste, pero a mucha gente le importa un bledo votar o no votar y muchos de los que lo hacen les mueve la inercia o un extraño sentido del deber y la lejana ilusión de que algo cambiará. La arteriosclerosis domina el panorama y el caso de los toros es paradigmático. Porque detrás de la fiesta, como a los taurinos les gusta llamarla, que ya hay que ser cínico para denominar fiesta a algo en lo que se cometen crueldades con un animal, se esconden muchas cosas, entre ellas el que nuestra conciencia mejore y no sea un pudridero más de los muchos que ya existen en nuestro planeta.

No nos interesan los políticos que apenas tienen sensibilidad con los animales, porque creemos que, si es así, tampoco lo tienen con las personas, ni con la cultura, ni con la educación. Y el tema de los toros no es un tema trivial. La protección de los animales trasciende lo aparente y sobrepasa el sanbenito de la anécdota que algunos quieren colgarnos. No hay que ser activista, ni formar parte de una organización que defiende los animales, para darse cuenta. Sólo es necesario olfato y sensibilidad, y una cabeza medianamente amueblada; no es pedir mucho. Se lo pediríamos a un niño con buena formación. Es más que probable que las corridas de toros hayan entrado en un período agónico, que se mantiene y alarga al estar el enfermo en una especie de U.C.I., que conserva su estado de coma profundo. Son las autoridades las que tienen que decidir sobre esta situación. Desconectarlas de la máquina que las mantiene vivas, retirando las ayudas económicas y apoyos de otra índole que hasta hoy han recibido, sería lo decente y serviría para sanear nuestro comportamiento, al margen de clamores insensatos. Esto también es educación y sí es respetarnos. Respetar la barbarie no es respetar nada y, por otra parte, la ética es un bien público, cosa que no son las corridas de toros, sino todo lo contrario.

 
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HAMBRE PARA LOS GATOS
49 - octubre / diciembre Pp. 7

Desde las ciudades y pueblos en el mundo que han declarado a sus gatos callejeros patrimonio suyo que hay que proteger hasta esta actitud de crueldad de acabar con ellos por hambre hay un abismo.

Los responsables de muchos ayuntamientos de nuestro país parecen tener el alma de piedra y la cabeza de cartón cuando demuestran no haberse enterado de que las leyes de protección animal, aunque todavía muy tibias en general, suelen contemplar el hecho de que a los animales no se les puede maltratar. Pues bien, a lo que se ve, entre el maltrato no figura para ellos el prohibir el dar de comer a los gatos callejeros y arremeten contra las personas que lo hacen, con amenazas y multas y así ordenan a sus guardias municipales que actúen en consecuencia. Vaya una salvajada. Por lo que parece, no tienen otra fórmula más expeditiva -sí, el veneno- para "solucionar" la proliferación de gatos en la calle que, por otra, es cierto, gentes también sin alma abandonan continuamente.

¿Cómo es posible que se persiga a las personas que llevan a cabo esta labor de caridad con los animales y que, muchas veces, a costa de sus propios bolsillos pagan esterilizaciones y otros cuidados en favor de los pobres gatos?.

No cabe duda que los ayuntamientos tienen muchos problemas donde acudir, pero si los gatos callejeros son en ocasiones un problema, es también a los consistorios a quienes corresponde en primer lugar solucionarlo, con la ventaja, en este caso, de que pueden contar -en todas las partes las hay- con gentes dispuestas a sacrificarse por estos animales.

Lo que no es de recibo es la postura incivilizada de atacar a los gatos con la fórmula de a ver si se mueren de hambre y, naturalmente, acosando con multas, broncas y similares a quienes hacen la tarea que tendrían que hacer ellos. Los gatos de la calle probablemente no son de nadie o, quizás, son de todos los ciudadanos, pero en un orden de responsabilidades, el primer lugar lo ocupa, sin lugar a dudas, el ayuntamiento del lugar y su comportamiento al respecto merece estar a la altura de nuestros tiempos. Desde las ciudades y pueblos en el mundo que han declarado a sus gatos callejeros patrimonio suyo que hay que proteger, hasta esta actitud de crueldad de acabar con ellos por hambre, hay un abismo sobre el que tendríamos que reflexionar. Los entes locales están siempre en la primera línea de las políticas educativas por tratarse de las administraciones públicas más próximas a la ciudadanía y su ejemplo no puede ser el de las hordas tabernarias y deben practicar el respeto hacia los animales. Está, como principio, en las leyes autonómicas y está, sobre todo, en el comportamiento ético y moral que cada vez más exige nuestra sociedad. Por favor, no sean ustedes brutos. Es una brutalidad perseguir gatos, maltratarlos, tratar de prohibir que se les dé de comer y nuestra obligación es ampararlos como sea con nuestros medios y, por supuesto, con los medios de los ayuntamientos. Es verdad que hay gente a la que no les gusta los gatos, ¡qué le vamos a hacer! pero, nos gusten o no, forman parte de nuestro entorno y hay que protegerlos, y no debemos permitir que nuestras autoridades se prostituyan en la barbarie.

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VISTAZO AL FUTURO
48 - julio / septiembre 2006 Pp. 7

Como decía Maquiavelo, "Dios hace los milagros, pero lo demás debemos hacerlo nosotros"

Con este número, la Fundación Altarriba finaliza ocho años ininterrumpidos de trabajo en favor de la protección de los animales, pues éste es el período que llevamos actuando, desde que en octubre de 1998 iniciamos nuestras actividades. No tiene sentido celebrar esta clase de efemérides. Lo único positivo de conmemorar cumpleaños es la constatación de que se sigue con vida, pero sin duda estos momentos invitan a la reflexión y, si es necesario y es posible, a la rectificación de cuanto no se está haciendo bien.

No es fácil en la protección de los animales enjuiciar lo que se está haciendo bien o mal. La presión es muy fuerte, las necesidades son muchas, los medios escasos y todo esto contribuye a ir configurando una sensación de impotencia que, junto a la falta de autocrítica, puede conducir al desánimo, a la depresión. La idea de que la acción en defensa de los animales viene, como un milagro del cielo o debe de ser asunto de las administraciones públicas posee una carga tremenda de ingenuidad y sólo sirve a los que sentimos el tema para autoengañarnos o para contentar nuestra adormecida conciencia y mirar hacia otra parte. ¿Por qué? Porque todos, la sociedad entera, tenemos nuestra parte de responsabilidad.

Es aquí, en conseguir que mayores porcentajes de nuestra sociedad apoye la causa de los animales -que, no lo olvidemos, es también la causa de la defensa de la naturaleza, de la vida- donde está nuestro principal objetivo. Entonces, el cielo nos ayudará y también, con mayor eficacia, las administraciones. Como, con acierto e ironía, decía un viejo poemilla: <<"Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos y es que Dios premia a los malos cuando son más que los buenos">>.

La actividad de protección de los animales se debate todavía hoy en un terreno donde abunda la hostilidad y la indiferencia. La Fundación Altarriba vio esto muy claro desde un principio, y de ahí nuestro contínuo esfuerzo en ser más fuertes, en contar con una base amplia y en dar el valor a la imagen que debíamos de proyectar a nuestra sociedad, incorporando a nuestra causa los diferentes segmentos que la constituyen.
En esta dirección, es verdad que durante estos años hemos hecho un gran esfuerzo, hemos crecido y hemos llevado a cabo numerosas acciones que forman parte de nuestra corta historia, pero también es cierto que todavía queda casi todo por delante, un largo y, probablemente, complicado camino en el que nuestro compromiso con nuestros amigos los animales deberá fortalecerse con la ayuda de cuantos nos apoyan. Como decía Maquiavelo, "Dios hace los milagros, pero lo demás debemos de hacerlo nosotros".

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HACIA EL FORO MUNDIAL DE LOS ANIMALES
47 - abril / junio 2006 Pp. 7

"Paz a los Animales" será su lema.

Barcelona será en el 2008 la sede del Foro Mundial de los Animales (FMA), sobre el que se ha empezado ya a trabajar, y que se pretende sea, con múltiples actividades, una magna asamblea del universo animalista, con proyección en todos los confines de la Tierra. Esta fue la noticia con la que se clausuró la 3ª CIPLAE, celebrada semanas atrás también en Barcelona, y con ella encabezamos nuestra editorial de este número del "Bú Bup". "Paz a los Animales" será su lema. Paz para proteger sus vidas, su integridad, su libertad. La 4ª CIPLAE se incluirá dentro de su programa.

La propuesta, que había partido de la Fundación Altarriba y a la que se sumaron la Fundación Trifolium y la Fundación FAADA, organizadoras asimismo de la 3ª CIPLAE, tuvo enseguida numerosas adhesiones nada más anunciarse. Contamos así, entre otras, la de Jane Goodall, Tom Regan, Marc Bekoff, Rosa Montero, Joaquín Arozamena, Juanma Bajo Ulloa, Marc Boillat, Kepa Tamames (ATEA), Adriano Fragano (Oltre la Specie Onlus). Días después se uniría WWF / ADENA y aprobaría también la propuesta el Consejo Municipal de Convivencia, Defensa y Protección de los Animales del Ayuntamiento de Barcelona, en su reunión plenaria.

¿Por qué el Foro Mundial de los Animales? Para incidir más en la sensibilidad de nuestras sociedades en favor de ellos; para demostrar la fuerza y la expansión del movimiento animalista en el mundo; para mejorar las leyes que los protejan; para conservar sus hábitats; para luchar contra las agresiones de que son objeto a todos los niveles, que terminan aniquilándoles y que destruyen de paso a la humanidad. Sí, prácticas que nos destruyen ética y moralmente, que acaban con nuestra espiritualidad, con nuestro avance educativo y, por último, con nuestra realidad biológica y física. El Foro Mundial de los Animales debe ser la prueba de que la globalización es para todos. Tensemos la cuerda.

Meses después (el FMA está previsto para la primavera del 2008) se celebrará, igualmente en Barcelona, el Consejo Mundial de la Naturaleza, (octubre 2008), convocado por la UICN. Dos acontecimientos que se deberán dar la mano en nuestra ciudad. No es que los dos sean paralelos, es que, sin duda, son complementarios. Por la Paz con los animales y, claro, por la Paz entre nosotros, los humanos. Un reto importante para elevar nuestra conciencia global ante el hecho de la vida.

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TRES FUNDACIONES EN TORNO A UN ACUERDO
46 - enero / marzo 2006 Pp. 7

... El compromiso va más allá de una simple declaración de intenciones...

Tres fundaciones dedicadas íntegramente a la protección de los animales -Fundación Altarriba, Fundación Trifolium y FAADA- comenzaron el 2006 firmando un acuerdo para potenciar conjuntamente acciones que tengan que ver con la proyección de las ideas -y de los hechos- en favor de los animales, entendiendo que ésta es una labor fundamental para ir alcalzando una mayor sensibilización de nuestra sociedad sobre esta problemática, que forma parte de nuestro trabajo diario.


El compromiso va más allá de una simple declaración de intenciones y para este año se ha concretado 1º) en impulsar la propia revista "Bú Bup", que supone desde hace tiempo un referente de las publicaciones europeas animalistas, que cuenta, además, con un respaldo cada vez más amplio de lectores; 2º) en la traducción y edición en España de la última obra del filósofo Tom Regan -"Jaulas Vacías"-, considerado una de las primeras figuras del pensamiento animalista y 3º) en la organización de la III Conferencia Internacional sobre la Protección Legal de los Animales en España (CIPLAE), que tendrá lugar del 1 al 3 de junio de 2006 en la Universidad de Barcelona y que, precisamente, versará sobre temas educativos.

Cada una de las tres fundaciones llevan tiempo dedicando esfuerzos por su cuenta en labores que tienen que ver con la naturaleza del acuerdo ahora suscrito, pero lo importante del mismo viene aquí señalado por el hecho de que quizás sea ésta una de las pocas veces en nuestro país que unas organizaciones de protección animal se plantean sumar voluntades y medios económicos para ir empujando acciones educativas y de divulgación que puedan contribuir, a diferentes niveles, a concienciarnos. En la curva, primero ascendente y luego descendente que, gráficamente, puede representar la vida de una persona, intervienen con diferentes orígenes muchos aspectos que tienen que ver con la educación y nuestro comportamiento y, en este sentido, no es demasiado lo que hasta hoy hemos podido hacer para conseguir que nuestra actitud en relación con los animales cambie favorablemente. Sí; hemos hecho y conseguido cosas, pero aún estamos lejos del aprobado aceptable, de modo que tendríamos que seguir repitiendo curso, utilizando el ejemplo escolar; sí, hasta que nos sepamos la asignatura.

Toda esta labor que, por supuesto, no excluye otras igualmente necesarias, que ya practican las citadas fundaciones, lo que en el caso de la Fundación Altarriba ya es del conocimiento de los lectores del "Bú Bup", no debe de plantearse sobre quimeras y abstracciones, sino sobre temas concretos, que hoy pueden ser unos y mañana otros, pero que todos deben de tener como condición básica su potencial capacidad para influir en los cambios que deseamos en pro de los animales.

La CIPLAE, por ejemplo, va a reunir en junio a algunas de las personalidades más importantes del mundo en el desarrollo del pensamiento en favor de los animales, pero también de la práctica, y esto, por sí mismo, convertirá a esta acción en algo, sin duda, notable en esta linea de trabajo que anunciamos. Ojalá que este paso inicial dado, alcance a sumar otras voluntades y genere otras iniciativas.

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III CIPLAE: EDUCACIÓN
45 - octubre / diciembre 2005 Pp. 9

... la III CIPLAE, que se celebrará del 1 al 3 de junio de 2006, en Barcelona, planteará precisamente esta cuestión ...

La educación es un tema estratégico al que todos damos mucha importancia, pero una sociedad consumista y pretendidamente pragmática está derivándolo hacia soluciones en las que lo mejor de los valores humanos apenas se tienen en cuenta y se da la paradoja de que nuestros niños, nuestros jóvenes, parecen saber hoy más que nunca, pero carecen de una formación humanista, que los adultos no les sabemos dar.


Creemos prepararles con el conocimiento para la lucha diaria de cada día, como si fueran futuros gladiadores, pero estamos a un paso de crear autómatas insensibles y egoístas, preocupados tan solo por salir adelante en la vida, que es una preocupación lógica y natural, pero incapaces de comprender que el desarrollo de sus propias vidas puede enriquecerse con otras aportaciones, no necesariamente materiales, que les da sentido y dignidad. ¿Qué hacemos, si es que hacemos algo, para que esto sea menos así? la III CIPLAE, que se celebrará del 1 al 3 de junio de 2006, en Barcelona, planteará precisamente esta cuestión en relación con la protección de los animales y, en general, del medioambiente, tema éste, en el que la educación resulta primordial para que nuestra sociedad cambie favorablemente muchas de sus actitudes actuales y, sobre todo, las nuevas generaciones contemplen el valor de la vida -la propia y la ajena- desde otra perspectiva.

Hace años que se viene diciendo por las mentes más claras que los sistemas educativos están en crisis. Sin duda se trata de una cuestión difícil, entre otras razones porque casi nada de lo que hoy nos rodea ayuda a influir en su mejora. Vivimos en un caldo de cultivo hostil a la sensibilidad; nada propicio a lo que no sea el éxito, la competitividad, el hedonismo, la diversión, el dinero... . Somos pasto de unos medios televisivos, públicos y privados, de contenido por lo general deleznable; de una prensa que frecuentemente nos desinforma y a la que pocas veces le importa contrastar las fuentes de las que se nutre, y que acaba ofreciéndonos lo falso como verdadero, esperando que nuestra garganta sea profunda para tragárnoslo todo. En este caldo, aderezado con otros ingredientes, resulta sin duda difícil que la educación no se convierta en un pastiche, del que, salimos cada vez más tontos titulados con la peregrina ilusión de que lo que sabemos, si algo hemos asimilado, nos sirve para vivir mejor. Desgraciadamente, ni tan siquiera nos preparamos para luego comprender las experiencias que viviremos, que nos enseñarán todo lo contrario, probablemente.

En realidad no nos enseñan a amar la vida, ni mucho menos a amar o a comprender la vida de los animales. Como no nos enseñan otras cosas. La próxima CIPLAE procurará tratar sobre estas cuestiones, desde diferentes puntos de vista, en la seguridad de que incidir en esta cuestión resulta vital y cuanto aportemos para resolverla, paso a paso, representará una mejora para nuestra sociedad y el entorno en el que se desarrolla: el conjunto de la vida en nuestro planeta.

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Protección animal y Medio Ambiente
44 - julio / agosto 2005 Pp. 8 - 9

Olvidándonos de la vida de los animales nos alejamos de nosotros mismos por el peor camino.

Dejando al margen el hecho de que todavía hay administraciones públicas, como es el caso de muchos ayuntamientos, que parecen no haberse enterado de que el comportamiento en favor de los animales no debe de ser competencia de sanidad, aunque esté bien que exista también una preocupación en este sentido, pero no para convertirlos en un peligro del que nos tenemos que defender, sin más consideraciones, cuando en realidad el verdadero peligro somos nosotros, a veces se extiende la falsa idea de que la protección de los animales y la defensa del medioambiente son dos cosas distintas y es que tenemos la tendencia a simplificar, no porque sea más sencillo, sino porque así tranquilizamos a veces más nuestra pobre conciencia.

En otro sentido, es como cuando nos referimos en términos generales a la humanidad -que, por cierto, no parece que, de momento, esté en peligro de extinción- una denominación muy amplia que sirve para muy poco y nos olvidamos, que lo que cuentan son las personas que la integran, usted y yo, por ejemplo; o por otro lado, hablamos de especies de animales y a partir de aquí decidimos cuáles son las que debemos proteger más y cuáles no, qué política vamos a seguir, etc., sin pensar en las diferentes vidas individuales que representan porque el grupo nos interesa más que la unidad. Y es que ver las cosas globalmente, a vista, digamos, de pájaro, da siempre una perspectiva insuficiente, que puede ser válida en líneas generales, pero que hace necesaria una mayor aproximación a la realidad, si conviene hasta la visión microscópica, para comprender la vida de cada uno de los seres que pueblan nuestro planeta. Quizás es que nos falta más alma de cuidadosos y sensibles jardineros y priva más en nosotros la masificación, con lo que eludimos los problemas concretos. Todo lo que está sobre la Tierra forma parte del medioambiente; los animales también. El horror de los incendios, que este año se han cobrado vidas humanas y han llevado tristemente la tragedia a muchas familias, acabaron sin duda también con miles de vidas de animales, no solamente con bosques y matorrales. Cuando se informa de estos sucesos, producidos casi siempre por la mano estúpida o criminal del hombre, pocos se acuerdan de este hecho. Si el erizo y sus crías, los conejos y otros animales mueren achicharrados, no hay tragedia, ni alarma social. Como no la hay cuando un cazador se divierte matando palomas u otros pájaros, jabalíes y lo que se pone por delante de la escopeta y todavía hay quien dice que esto beneficia el medioambiente, porque así se ayuda a equilibrarlo. Tampoco hay alarma social cuando acabamos gratuitamente con la vida de nuestros perros cuando son muchos, porque son viejos o, simplemente, porque nos molestan. ¿Quién nos va a pedir cuentas por estas y otras acciones? ¿Qué fiscal nos va a acusar de criminales por matar a un chimpancé?.

Hay que preservar el medioambiente y la vida que nos rodea, que forma parte del mismo, y esto nos exige una buena lupa para verlo de cerca. Olvidándonos de la vida de los animales nos alejamos de nosostros mismos por el peor camino y hay que denunciar las muchas incongruencias de nuestros gobernantes que, por un lado, se les llena la boca en favor de la protección del medioambiente y del ecologismo y, por otro, parecen impotentes, quizás por falta de valentía, para resolver lo más próximo, lo que parece más fácil, pero que les produce incomodidades políticas. Que no nos vengan diciendo que hay intereses creados, ya lo sabemos. Por la vía de los intereses creados, por la vía de que no hay presupuesto, por la vía de una pésima educación en relación con estos temas, por la vía de la defensa de las tradiciones culturales que resultan ser una salvajada; por estas y por otras vías, no defendemos el medioambiente, ni la vida que contiene, incluida la nuestra. Lo que defendemos es lo peor de nosotros mismos: nuestro egoísmo, nuestros caprichos, nuestra insanía, nuestra insensibilidad. Lo estamos pagando y lo pagaremos más.

La llamada sociedad del bienestar, que además nadie sabe si será sostenible y a qué precio en el futuro, no parece que deba de consistir en una globalización desaforada del consumismo, cuando, por otra parte, resulta que la gente se sigue muriendo de hambre, de sed y de otras calamidades.

Cada vez tenemos, por fortuna, más universidades, pero nuestras taras siguen ahí y la protección real de la vida no va a mejor. A nuestros perros, pongamos por caso, los seguimos abandonando y sacrificando. Puede que, sin advertirlo, estamos patrocinando con respeto al medioambiente, entre unos y otros, una especie de plataforma de la estupidez. Luchemos contra ello a todos los niveles. Es nuestra única salida.

 

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Las cuentas
43 - mayo / junio 2005 Pp. 7
El camino está, precisamente, en fortalecernos. Sólo así, podremos influir más, ...
La Fundación Altarriba inició en 1998 su actividad en favor de los animales con unos medios ciertamente muy limitados para la ingente tarea que nos planteábamos. Hoy, sin duda, estos medios han crecido, gracias sobre todo a la confianza de muchas personas de toda condición que, con la suma de su apoyo, han ido fortaleciendo nuestra posición, permitiéndonos paulatinamente alcanzar nuevos objetivos, ser más eficaces y mejorar nuestras actuaciones.


Durante todo este tiempo, muy corto en realidad, nos hemos esforzado, casi siempre con angustia, en resolver problemas que directa o indirectamente afectaban a la protección de los animales y hemos dejado conocidas y no tan conocidas señales de esta actuación, que se han venido produciendo, simultáneamente, en diferentes frentes, que, en un arco amplio, van desde la atención directa a animales que requieren de nuestra ayuda a temas educativos, de sensibilización, legislativos, etc. en favor de ellos. Nuestra dedicación al respecto ha sido absoluta. Hemos marcado diferencias en relación con lo que era habitual en nuestro país en otras entidades de origen y finalidad similares; diferencias, probablemente, de filosofía operativa, de organización, de estilo. Nos ha movido el corazón, el sentimiento de que los animales -seres vivos también como nosotros- necesitan de nuestro amparo y ésta es una causa justa, pero hemos tratado de movernos con la cabeza, porque así, entendemos, podemos ser más efectivos. Con todo, nuestras fuerzas, han sido en todo momento insuficientes, incluso a pesar de que, con frecuencia, hemos asumido más de lo que éstas, razonablemente, nos permitían en algunos casos. En este tema de la protección de los animales se da, hoy por hoy, ennuestro país, la paradoja de que cuanto más fuerte e influyente se es más problemas te llegan. Y como decíamos tiempo atrás, en otra editorial, "No somos el Gobierno", somos una ONG, totalmente independiente; algo que en ocasiones se olvida o se desconoce, no siempre con la mejor intención.

Las cuentas del pasado ejercicio están aquí y se comparan además con las de los dos anteriores. A decir verdad, a nosotros nos parecen todavía de posibilidades muy limitadas, si se tiene en cuenta lo que la Fundación Altarriba ha desarrollado en los 12 meses que comprenden: si se contemplan los miles de animales que hemos amparado, las muchas acciones llevadas a cabo; por no referirnos a lo que, lamentablemente, no hemos podido atender por insuficiencia de medios; a los proyectos educativos o de más atención a los animales que deberán esperar. No obstante, como hemos dicho, hemos crecido, y a pesar de que acabamos de afirmar lo paradójico de ser más fuertes y, sin embargo, confrontar más problemas; en definitiva, más necesidades a atender, no debemos engañarnos. El camino está, precisamente, en fortalecernos. Sólo así, podremos influir más, se nos respetará más y los animales, a través nuestro, podrán tener un mayor y mejor amparo, que, junto a la labor que realizan otras organizaciones, ayudará a acelerar el cambio de sensibilidad de nuestra sociedad hacia ellos.

En definitiva, la ayuda, el empuje de todos es vital, es imprescindible. En este momento hemos sobrepasado los 4.000 socios y buscamos con empeño nuestro mayor crecimiento, porque esta cifra nos sigue pareciendo insuficiente para las necesidades que confrontamos y para extender nuestro mensaje proteccionista.

 

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No matar en el 2007
42 - enero / marzo 2005 Pp. 7

Posiblemente el artículo más valiente de la nueva ley de protección de los animales, aprobada en el Parlament de la Generalitat de Catalunya, es aquel que señala que en los centros de acogida, privados o municipales, no se podrá matar a los seres allí refugiados a partir del 2007, a no ser por causas muy justificadas, que nunca serán las de conseguir el equilibrio entre entradas y salidas, como es habitual hoy en toda España.


Muchas entidades proteccionistas luchamos como pudimos para conseguir esto y, concretamente, la Fundación Altarriba se dejó las pestañas en demostrar que esto era posible, como lo hemos hecho en la perrera de Mataró durante más de tres años y durante año y medio en la de Barcelona, por no citar los centros propios. Pero, curiosamente, desde el primer momento, comenzaron a levantarse voces catastróficas en contra de esta ley, en base a argumentos de toda índole, pero ninguno que contemplara el derecho a la vida del propio animal. Gentes incluso que se califican de protectores y amantes de los animales han ido poniendo leña al fuego sobre la imposibilidad de cumplir esta ley en las actuales condiciones de nuestro país, con la saturación de abandonos existentes. Y para acabar, comienzan a pedir responsabilidades a las administraciones catalanas y sembrando la duda, parecen auspiciar, quizás sin quererlo, una vuelta atrás.

Derogar una ley es muy fácil, incluso ésta que costó lo suyo conseguirla, y no somos tan ingenuos para pensar que de aquí al 2007, por muchas medidas administrativas que se tomen, nuestra sociedad va a cambiar lo suficiente para que el abandono de perros y gatos descienda tan drásticamente que haga fácil la aplicación de esta ley. Otros temas, con muchos más medios, -la terrible mortandad y otras secuelas en vidas humanas en nuestras carreteras, por ejemplo- no se atajan así como así y el caso de los perros y gatos abandonados tampoco es cuestión de un día para otro, en una sociedad mayoritariamente todavía insensible y quizás también brutal, poco civilizada o como queramos definirlo.

Es verdad que las administraciones tienen que tomarse en serio este tema y, no convertir por desidia, por falta de voluntad política, una ley en algo perverso, como es el caso de las leyes que no se aplican. Pero también es verdad que cañoneando a las administraciones como principal solución para que se muevan y decirles que la ley, que esta ley, irá al desastre, es ponérselo muy sencillo para que acaben con ella o nos señalen otra moratoria para las calendas griegas.

Esta ley sirve y debe de aplicarse en el momento previsto. Se puede aplicar, como hemos dicho, y las entidades proteccionistas tenemos la obligación moral y ética de cumplirla y hacerla cumplir. Nosotros la hemos cumplido antes de que entrara en vigor y la cumplíamos en nuestras casas mucho antes de que se previera en parlamento alguno, siendo los abandonos los que eran y estando las cosas como están. Esto es lo serio y, desde luego, por nuestra parte, no vamos a ser agoreros para contribuir a un fracaso. Y naturalmente, en lo que corresponde a las administraciones, seguiremos pidiendo que hagan cuanto tienen que hacer para que los malos hábitos de nuestra sociedad con respecto a los animales cambien. Pero, como dice el refrán, no nos pongamos el parche antes de que salga la herida, actuando con oportunismo ante los medios de comunicación, diciendo desde el ámbito proteccionista que todo será un desastre porque el gobierno, el que sea, no hace lo necesario, y si alguien quiere estadísticas sobre los perros y los gatos cuyas vidas hemos sacado adelante, que nos las pida. Con mucho gusto se las daremos.

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Violencia
41 - noviembre / diciembre 2004 Pp. 9
Es evidente que las acciones contra los animales, que están en el origen de muchas actitudes indeseables, trascienden su propio ámbito y nos embrutecen...

La idea de que muchos asesinos natos comenzaron sus primeras prácticas maltratando animales, atormentándoles y quitándoles la vida no es una idea peregrina y no pocas policías del mundo, entre ellos el FBI, saben que esto es un hecho y cuentan con suficiente documentación que lo demuestra. La violencia se ejerce, en primer lugar, contra los débiles y en los eslabones que componen una cadena de seres débiles, incapaces o con dificultades para defenderse, los animales ocupan un lugar importante.


Núria Querol, responsable de las relaciones internacionales de la Fundación Altarriba, bióloga y experta en estos temas con los que ha participado en importantes foros, ya nos lo dijo con motivo de sus intervenciones en la 1ª Conferencia Internacional sobre la Protección Legal de los Animales en España (CIPLAE), celebrada en noviembre de 2002, en la Universidad de Barcelona, destacando la necesidad de que las leyes prevean y castiguen, como en otros casos, este tipo de actuaciones, que tienen, con frecuencia, su origen en el hogar, pero también fuera de él, y que no se limita, exclusivamente, a los animales de compañía, como a veces suele creerse, sino que abarca toda clase de animales, porque estos sujetos practican su violencia con los seres que más a mano tienen.

Kathleen Heide, famosa criminóloga de la Universidad del Sur de Florida, hoy miembro del Comité de Honor de la Fundación Altarriba, ya ha señalado también la estrecha relación existente entre las conductas homicidas en niños y adolescentes y sus trayectorias como practicantes de la violencia con animales. Lo mismo ha estudiado y señalado, en numerosas publicaciones, Frank R. Ascione, de la Universidad del Estado de Utah (Usa), miembro también de nuestra Fundación y una personalidad en esta materia y en la protección de los animales, tema éste último en el que incluso colabora con la primatóloga Jane Goodall.

En relación con la protección de los animales nuestras leyes avanzan tímidamente, aunque avanzan, pero aún parece que estamos lejos de elevar, por ejemplo, a nuestra Constitución este tema, como se hizo en Alemania, y cabría reflexionar, como han hecho los especialistas señalados, si no estamos restando importancia a la violencia que, diariamente, se produce contra ellos, incidiendo negativamente en la educación de nuestra sociedad. Es evidente que las acciones contra los animales, que están en el origen de muchas actitudes indeseables, trascienden su propio ámbito y nos embrutecen un poco más, pero, lamentablemente, nuestras legislaciones, cuando se trata de violencia contra los animales, todavía consideran que el rango de la acción es menos punible y, a partir de ahí, desde la policía hasta los jueces pueden estimar que merece menos atención, y lo mismo puede suceder con los educadores, comenzando por los propios padres de familia que deben de velar por la formación de sus hijos. Por poner un caso, todavía existen muchas instituciones -colegios incluidos- que ante la entrada de gatos callejeros en sus recintos ajardinados no se les ocurre mejor solución que exterminarlos.

Kathleen Heide manifestó en Valencia, durante la VIII Reunión Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia, organizada por el Centro Reina Sofía, que la actitud negligente de los padres, la ausencia de modelos, habían contribuido en EEUU a un "fuerte" aumento del número de homicidios cometidos por jóvenes y en la carrera hacia la criminalidad está también la conducta contra los animales.

Siempre hemos dicho que la defensa de los animales es un aspecto más, y muy importante, de nuestra propia defensa como seres humanos, así es que tenemos una razón añadida a otras muchas para seguir preocupándonos por ellos.

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Mirar hacia delante
40 - septiembre / octubre 2004 Pp. 7
En medio de las contínuas dificultades, notamos, paso a paso, que, en alguna parte, hay un animal que nos mira.

La protección de los animales, que nos preocupa a todos los que sentimos esta causa, no es un campo de rosas, miremos hacia donde miremos, pero por encima de dificultades, a pesar de que nos sentimos a veces nadando contra corriente, nuestra labor avanza sin desánimo alguno y, poco a poco, es mucho lo que conseguimos, aunque pueda parecernos que no es así.


Cada día, en el caso de la Fundación Altarriba, se suman más gentes a nuestra organización y el crecimiento en ocasiones nos desborda. Es buena señal. Quiere decir que el valor de nuestras ideas se extiende y que la eficacia de nuestro trabajo se hace sentir, y a la Fundación Altarriba se la respeta cada vez más, incluso en ocasiones se nos teme y, por supuesto, también se nos critica. No es malo esto último porque quiere decir que nuestra presencia es activa, no pasa desapercibida. No es malo tampoco, porque las críticas nos llegan casi siempre de quienes deberían callar, porque suelen ser críticas solapadas, hechas desde la debilidad, de ideas insostenibles, que antes o después, se van viniendo abajo.

Desde el principio hemos siempre mirado hacia adelante. No hemos presumido de verdes, ni de ecologistas, ni de medioambientalistas, aunque estas preocupaciones han estado siempre implícitas en nuestra labor. Pero de lo que sí nos sentimos cada día más orgullosos es de saber que todas nuestras fuerzas, que son las fuerzas sumadas de cuantos nos apoyan, las empleamos por entero en defender a los animales y lo que conseguimos está a la vista; convirtiendo nuestra voz y nuestros hechos en algo que no se puede desconocer.

En medio de las contínuas dificultades, notamos, paso a paso, que, en alguna parte, hay un animal que nos mira. Y la justificación de nuestra labor está en esa mirada. Por eso tratamos de que nadie se cruce entre él y nosotros. Tratamos de que nadie nos impida hacerlo. Hoy, por fortuna, podemos atender más miradas que ayer, pero seguimos pensando que es mucho todavía lo que nos queda por hacer. Constituimos un equipo, el más amplio posiblemente de cuantos operan en nuestro país diariamente en la protección de los animales y, como decimos, las fuerzas de nuestra sociedad que nos apoyan, que contribuyen a nuestra labor, van también creciendo día a día. Miremos, pues, hacia adelante.

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Solidaridad con los débiles
39 - marzo / abril 2004 Pp. 9
Sin voz ni voto están totalmente a nuestras expensas.

De entre todas las caras que presenta el alma humana, probablemente la que mejor refleja hasta dónde puede llegar su capacidad de nobleza es la de la solidaridad. Somos seres sociales, pero no siempre solidarios y, con demasiada frecuencia, tendemos a mirar hacia otro lado ante las necesidades ajenas a las que, quizás, podíamos echar una mano, aunque por fortuna no siempre es así.

Muchas personas sienten el dolor de los demás, las angustias de los demás y les afectan como propios los problemas de los otros, sobre todo cuando esos otros forman parte de los más débiles, como es el caso de los animales que, en el conjunto de la vida, constituyen globalmente el último eslabón de la cadena de la debilidad, una cadena en la que, sin duda alguna, están incluidos también, con cifras escalofriantes, los seres humanos que padecen hambre, sed, guerras, maltratos y miserias de todo tipo.

Los que tratamos de ser solidarios con los animales no sólo no desconocemos la necesidad de serlo también con los seres humanos, sino que, además, solemos ser conscientes de que en nuestra actuación, directa o indirectamente, queda lejos toda exclusión, y aunque nuestras fuerzas y nuestros recursos se encaminen hacia la defensa y protección de los primeros, al tratar de amparar sus vidas influimos también en el amparo de las nuestras, extendiendo el concepto más amplio y profundo, no limitativo, de que el comportamiento ético y moral debe de llegar, como mínimo, a la vida evolutivamente más próxima a nosotros, como hoy llega, o trata de llegar, a toda la naturaleza de la que formamos parte y que no es una herencia de nuestro exclusivo uso.

No se trata, pues, de que primero somos los seres humanos, como argumentan con simpleza los que generalmente no están dispuestos a hacer nada, ni por unos, ni por otros. Se trata de que los animales son también importantes -lo son, sin duda, para ellos mismos- y que la vertical antropocéntrica -egoista y corta de miras- que nos ha llevado a ejercer todo tipo de presiones contra ellos, no puede mantenerse si buscamos la nobleza de nuestra alma, la nobleza de nuestro comportamiento e incluso nuestro propio bienestar en un mundo un poco mejor.

Oponer una solidaridad a otra no tiene sentido. Como no lo tiene referirse aquí a las prioridades. Son las ONG las que establecen, dentro de sus respectivos campos de acción, sus programas de prioridades a tenor de los medios de que disponen y la parte de la sociedad que las apoyan, lo hacen de acuerdo con estas finalidades.

En cuanto a los animales, nadie medianamente sensible, que se haya detenido a enterarse y a reflexionar, puede desconocer cuál es, en general, su situación, tanto si nos referimos a animales domésticos, de compañía o a fauna silvestre. Y todos sabemos que esta situación es consecuencia en la inmensa mayoría de los casos de la actuación nuestra, los seres humanos, con el agravante, como se ha dicho tantas veces, de que ellos no pueden valerse por sí mismos para contrarrestarnos. Sin voz ni voto están totalmente a nuestras expensas. ¿Quién realmente les representa ante el ordeno y mando que, de hecho, ostentamos? Nadie. Únicamente aquellas personas y organizaciones solidarias con su debilidad son las que presionan para que también las cosas cambien en favor de su protección. Sintámonos, por lo tanto, orgullosos de formar parte de estas personas, con la humildad, además, de saber de antemano que no recibiremos felicitaciones por ello.

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Claroscuros en la política de no sacrificar animales de compañía
38 - enero / febrero 2004
Se está demostrando que es posible, no sin esfuerzo, aplicar la ley de no eutanasiar.

Hay que pensar en los imposibles para solucionarlos. Es lo que, desde el primer día, nos planteábamos en relación con la política de no sacrificar los animales abandonados, que entraban en los centros de acogida, en los que, sobre todo, si dependían de las administraciones públicas, la practica habitual para equilibrar entradas y salidas, era despacharlos con la eutanasia.

Así las cosas, algunas entidades de protección, utilizando un lenguaje extremo, calificaban de criminales a los que actuaban de esta manera e incluso no faltó quien utilizó la amenaza de publicar listas acusatorias.

Cada organización tiene su política y sus métodos, y, aunque desde el primer momento de la Fundación Altarriba, fuimos muy claros, en público y en privado, sobre cuál era nuestra postura al respecto, que entendíamos no podía ser otra que la defensa de la vida de los animales de compañía, en este caso, ya cruelmente maltratados por el abandono de que eran objeto, asumimos, además, el reto de demostrar que esta política era posible, además de que, éticamente, era la única que se debía propiciar. Difícilmente, señalábamos, podemos hablar de protección y acabar con lo que decimos proteger. Por esta razón, aparte de nuestras acciones privadas salvando y protegiendo animales, a la primera oportunidad que tuvimos aceptamos la gestión de la perrera de Mataró, después de que, tras no pocas conversaciones, el propio ayuntamiento, aceptando nuestras ideas, asumió la política de prohibir el sacrificio de animales. Luego vino Barcelona, cuya gestión también asumimos y, finalmente, llegó la nueva ley de protección de Cataluña, prohibiendo asimismo, aunque con una moratoria que acaba en el 2007, la “solución” del sacrificio.

Quizás algún día cabrá contar lo que para la Fundación Altarriba ha supuesto el reto de conducir la gestión de dos perreras municipales- además de los centros propios- tan señaladas como la de Mataró y, no digamos, Barcelona. Quizás no valga la pena contarlo nunca. En un mundo de resúmenes y abreviaturas como el nuestro, sin apenas estelas indelebles, la posible eficacia está en el día a día, en los resultados, y menos o nada en los discursos y las explicaciones. Siempre creíamos que además de predicar, teníamos que dar trigo, como se apunta, sabiamente, en nuestro refranero popular, que suele rechazar que la oferta se limite exclusivamente a músicas celestiales, sin maná alguno. Pues bien, dos años de gestión en Mataró han supuesto el paso el 1.017 perros, de los cuales sólo 13 se tuvieron, por razones, llamémoslo humanitarias, que sacrificar (el 1,3%). En el caso de Barcelona, durante un año, se gestionaron 2132 perros entrados, de los cuales, por las mismas razones, se eutanasiaron 35 (1,6%). Ni que decir hay que, salvo estos casos aislados y algún otro, la situación en el resto del país, al menos en lo que se refiere a centros de acogida dependientes de las administraciones públicas, es, sencillamente, de sacrificios generalizados o, como se han descrito, de mataderos encubiertos, aunque la presión en contra de esta política sea cada vez mayor por parte de nuestra sociedad, que, todo hay que decirlo, es la que sigue provocando, por otra parte y de muchas maneras, la grave crueldad de abandonar animales.

En el caso de Cataluña, la pregunta es qué puede pasar, tras la indicada moratoria, en enero de 2007. Se está demostrando que es posible, no sin esfuerzos, aplicar la ley de no eutanasiar, pero convendría hacer serias advertencias sobre esta cuestión, para no acabar dando la razón a las voces que en su día se levantaron criticando en este sentido la nueva ley, como antes se habían levantado poniendo en cuestión las decisiones de Mataró y Barcelona, con argumentos, a nuestro entender, casi siempre peregrinos.

Es, como puede comprenderse, una pregunta que inquieta y nos inquieta, sobre todo, a quienes sentimos el tema de la protección y venimos luchando para que se implante esta política de no dar como “premio” a los animales abandonados una incalificable patada a sus vidas, como siempre se ha hecho, especialmente en las perreras municipales, y como se hacía antes también en Mataró y Barcelona. Y lo primero que cabe señalar es que con los medios que, al menos hasta hoy, han puesto las administraciones, no llegaremos muy lejos. Matar perros y gatos es sin duda más barato que no hacerlo, protegiendo sus vidas e impulsando una seria acción a favor de las adopciones. No hay milagros, por muchas leyes que existan, que permitan llevar a cabo la política de no eutanasiar, si las administraciones no ponen los presupuestos adecuados, si no profundizan en todo lo que tiene que ver con la nueva filosofía, (instalaciones, veterinarios etc.) y si, en paralelo, no toman medidas serias para disminuir la presión de los abandonos.

La Fundación Altarriba tiene hoy autoridad moral y operativa, basada en su experiencia, para hablar y opinar sobre este tema. ¿Qué hubiera hecho en nuestro lugar una empresa privada, gestionando las citadas perreras, en las que, por cierto, hemos tenido que poner de nuestros propios recursos económicos por encima de la dotación recibida de ambas Administraciones, a todas luces insuficientes? ¿Cómo lo hubiéramos tenido que hacer si, además hubiéramos querido ganar dinero? ¿Y cómo lo hubiéramos hecho con funcionarios, con todos los respetos?

Estamos totalmente de acuerdo con la nueva ley de Cataluña de prohibir el sacrificio de los animales abandonados en su territorios, en este caso a partir del 2007, pero también estamos de acuerdo de que cumplir la ley exige entrar a fondo en los medios necesarios para que esto no sea un brindis al sol y un nuevo motivo para ponerse medallas inmerecidas. De nuevo, predicar y dar trigo. O esto, o a esperar que el tema explote en los mismísimas narices de los políticos, cosa que no queremos nadie y menos que nadie nosotros que, contra viento y marea, nos estamos quemando las pestañas para llevar esta lucha adelante.

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Tristes navidades para los macacos en Camarles
37 - noviembre / diciembre 2003
Irlanda, por poner un ejemplo notorio, prohibe su importación para estos fines.

Nadie ha hecho el cálculo, pero probablemente en los últimos 100 años, han fallecido en el mundo más niños, mujeres y hombres como consecuencia de las apocalípticas calamidades que el ser humano sigue originando, que las vidas que hemos sido capaces de salvar, experimentando a costa de los animales. Claro que hay quien piensa que un millón de animales sacrificados no valen una sola vida humana. .

Y hay quien piensa que 298 macacos, entrando ilegalmente en Camarles en bien de los viles negocios de una empresa, nada significan en este contexto del pretendido bien de la humanidad. El bien del género humano, que todos deseamos, es una cosa; la destrucción y el martirio de la vida que nos rodea, a beneficio de un inmoral inventario, es otra.

Recientemente, José María Pérez Monguió, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Cádiz, ha recopilado una serie de “Textos Legales sobre Experimentación Animal”, que en un más menos, en su conjunto, suponen la legislación del horror, lo que no es culpa suya, sino el resultado de lo que la sensibilidad de nuestra sociedad es hoy capaz en relación con esta práctica, con cada vez más detractores enfrente, incluidos muchos científicos, entre otras razones por la abrumadora inutilidad de estos experimentos que, además, cuentan hoy con otras alternativas. En realidad, estos textos tratan de salvar la mala conciencia humana por infringir daños y torturas a los animales y pretenden paliar lo que con ellos se hace, un horror, como decimos.

En la civilizada Unión Europea, un informe de la comisión a su consejo y a su parlamento señalaba que en 1999 se habían utilizado para experimentación cerca de diez millones de animales en su territorio, de ellos en torno a diez mil primates. El ser humano, por cierto, es un primate, pero, claro, no figura en estas cifras. La época del nazi Mengele es ya historia, por fortuna. Es bueno, al menos, constatar que algunos países, muy pocos, son cada vez menos permisivos en el tema de la experimentación con animales, sobre todo si se tratan de primates.

Otros países han iniciado una drástica reducción. No es el caso, por desgracia, de España, donde se sigue mirando hacia otro lado en estas cuestiones y donde la autoridad CITES da licencias de importación a una empresa que, sin la debida autorización del Ayuntamiento -Camarles- para desarrollar sus actividades mercantiles, consistentes en traer macacos y venderlos a los laboratorios de Europa, de todo el mundo probablemente, nos planta en territorio de Cataluña 298 ejemplares, procedentes de Isla Mauricio.

El caso de Camarles, municipio al borde del Delta del Ebro, en Tarragona, donde una empresa pretende funcione una granja con macacos, blanqueando así el tráfico de unos animales para una más fácil circulación hacia otros países, está desbordando todos los despropósitos. El gran negocio de los animales quiere ahora servirse de nuestro país para que estemos un poco más cerca del estercolero. Ni leyes, ni moral, ni ética, ni nada. Una vergüenza que hay quien pretende sostener, por encima de la inmensa mayoría de las voluntades, ondeando la bandera humanitaria. Pobres primates, parientes nuestros. ¿Pasarán los macacos nuestras Navidades en Camarles?.

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Derechos y no derechos
36 - septiembre / octubre 2003
Que la ley catalana se refiera al derecho de los animales es un paso adelante, no cabe duda.

En la exposición de motivos de la nueva Ley de protección de los animales en Cataluña aprobada por su Parlamento el día 26 de junio de 2003, se subrayaba como declaración de principios el hecho de que éstos estaban dotados de sensibilidad psíquica, además de física, lo que quería decir que eran merecedores de unos derechos, propios a su condición animal.

La historia de los derechos humanos ha sido larga y azarosa, con innumerables cambios en función de cada momento, de cada época, y basta meditar sobre la actualidad para entender que seguirá siendo azarosa en el futuro. La historia sobre los derechos de los animales prácticamente no existe, o es todavía tan joven que ofrece poca perspectiva. Por esto, cuando se habla de los derechos de estos últimos, todavía hay mucha gente, en todos los niveles de la escala social, que no entiende la razón de los mismos, máxime cuando con los animales hemos hecho, por lo general, lo que nos ha parecido, con escaso provecho para ellos y, sin duda, mucho para nosotros. Estas gentes, conscientes o no, piensan y actúan con parecida mentalidad a los que en el pasado se alarmaban y sorprendían de que alguien quisiera elevarse por encima de sus derechos de cuna. El esclavo es esclavo; la mujer es mujer; los pobres son pobres; los animales son animales y cada uno, dentro del orden establecido, tiene que estar en su sitio. En 1667, cuando se publicó en Francia la “Memoria para la reforma de las Universidades” el problema de fondo era la creciente presión por parte de las capas sociales menos favorecidas, para acceder, a través de la educación a niveles superiores, escapando así a los límites impuestos por el hecho de haber nacido dentro de unas condiciones que, tradicionalmente, les obligaban a no salir de ellas. Sus “derechos de cuna” no daban para más. Salvando todas las distancias, los derechos de cuna de los animales tampoco han dado para más, desde nuestra óptica y desde nuestra práctica.

Es obvio, sin embargo, que por parte de los animales, no ha habido, ni hay, ni habrá ningún tipo de presión para que esto cambie. El concepto sobre el orden establecido en la sociedad humana de hoy ha variado mucho del que se podía tener en el ejemplo de Francia de 1667, pero al ser el concepto del derecho una invención exclusivamente humana, ajena por completo a una inimaginable acción promovida por los animales, su aplicación a ellos ha dependido y depende exclusivamente de nosotros, de nuestra inteligencia y buena voluntad, y supone sin duda una novedad, incomprensible todavía para mucha gente, como decíamos al principio. Todos los animales -incluidos los humanos- nacemos y morimos, y en esto somos iguales, pero esta evidencia no ha sido suficiente para sentirnos, aunque sea en la lejanía, sus semejantes y en nuestra relación con ellos hemos invocado continuamente nuestra cuna -y nuestros derechos- sobre la de ellos para someterlos, maltratarlos y aniquilarlos, directa o indirectamente, como es hoy evidente, por ejemplo, con la continua destrucción de sus hábitats en el caso de la fauna salvaje, por no citar otro tipo de actuaciones, que convierten a los animales en simples objetos de nuestro consumo, de nuestro capricho, etc.

Que la ley catalana se refiera al derecho de los animales es un paso adelante, no cabe duda. El ser humano inventa el derecho, lo da, lo modifica e incluso lo quita, y los animales son sujetos pasivos de nuestro comportamiento, el que sea, hacia ellos. En este sentido quizás habría que hablar no tanto del derecho de los animales, sino de lo que no tenemos derecho a hacer nosotros con ellos, es decir, si los animales no tienen derechos -como quieren algunos-, tampoco la especie humana tiene derecho a ciertos comportamientos con ellos. Expuesto de otra manera: o se los damos a ellos o nos los quitamos nosotros.

Hoy sabemos, sin ningún género de duda, que los animales -sobre todo los más próximos a nosotros- sienten, gozan y padecen, de una manera similar a la nuestra. Como dice la citada ley, son seres psíquicos y físicamente sensibles. Hoy también sabemos que la lucha a favor de los animales -al margen de nuestro progreso ético y moral, dos temas nada baladíes- es la lucha a favor de una nueva concepción de la vida en nuestro planeta, que animales, humanos o no, compartimos, viniendo todos de un tronco común. Por esto, y por muchas razones -incluyendo razones de interés vital para nuestro propio futuro-, hablar del derecho de los animales es ir por el buen camino.

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Nueva ley de protección en Cataluña
35 - julio / agosto 2003
Ahora habrá que ver qué voluntad política se pone en aplicarla.

El pasado 26 de junio, el Parlamento de Cataluña aprobó la nueva Ley de Protección de los Animales, que, en uno de sus enunciados más destacados reconoce el hecho de que los animales son seres con sensibilidad psíquica y física, merecedores, por lo tanto, de derechos de acuerdo con su condición.

Reconocer de entrada esto en una ley es muy importante y, en muy buena parte, aunque no en todos, los artículos que la configuran son consecuentes con esta declaración, como, por ejemplo, cuando en la misma -aunque concediendo una moratoria hasta el 2007- se prohíbe el sacrificio de los animales de compañía, perros y gatos, abandonados y recogidos en los centros creados para esta finalidad. Este solo artículo bien vale que aplaudamos la nueva Ley, pero ésta contiene otros muy positivos que la convierten en conjunto, hoy por hoy, en la más avanzada ley proteccionista de España, equiparable en algunos aspectos a las que considerábamos mejores en otros países.

Es evidente que el debatido tema de las corridas de toros -la más cruel acción pública con los animales que se lleva a cabo en nuestro país-, como las incivilizadas “fiestas populares”, siguen sin tocarse apenas. El diente político no se ha atrevido todavía en serio con estos dos temas, que son una vergüenza, aunque, en el caso primero, la Ley, volviendo atrás, prohíbe de nuevo a los menores de catorce años el acceso a los espectáculos de las plazas de toros. Pero, en otros casos, la Ley sí es taxativa en señalar, sin condicionantes, otras prohibiciones, como la práctica del tiro al pichón o la de instalar granjas de primates en el territorio de Cataluña, destinadas a la comercialización o a la experimentación, y aquí cabe recordar el desdichado caso de Camarles.

Independientemente de las sanciones que la Ley contempla para los que la infrinjan, que pueden llegar a multas de 20.000d y que incluye en los casos graves el abandono de animales de compañía, los legisladores señalan una serie de medidas, que habrá que desarrollar, tanto para proteger a los animales, como para impulsar la tenencia responsable de los propietarios de los mismos, incluyendo otras cuestiones importantes relativas a su comercialización en sus puntos de venta, a la regulación de los criadores autorizados, a la profesionalización -hoy, en la práctica, casi inexistente- de los que tienen que gestionar y cuidar su protección, además de otros etcéteras.

No se trata de hacer aquí un análisis exhaustivo del contenido de esta Ley. Las leyes cambian al paso de las sociedades y lo positivo es que cambien para mejor y, en este sentido, como decimos, ésta es bastante mejor que lo que había hasta ahora y quizás es cuanto, en este momento, se podía conseguir. Los amantes dicen, a veces, estar satisfechos, pero no saciados, y puede que ésta sea la postura más razonable que se podría expresar por parte de un proteccionista en cuanto al conjunto de la nueva ley en Cataluña en favor de los animales. Ahora habrá que ver qué voluntad política se pone en aplicarla y qué medios se destinan a ello. Seamos optimistas.

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De momento, muy pocos años
34 - mayo / junio 2003
En cualquier caso, esta labor, o la mayor parte de ella, está a la vista de quien la quiera ver, y no se sustenta ni en retóricas, ni en pancartas.

Tuvimos claro desde el primer momento que nadie es lo que dice que es, sino lo que hace. En una entidad proteccionista este principio nos parece todavía más cierto y, en nuestro caso, hemos tratado de seguirlo, preocupándonos continuamente de trabajar, ampliando al mismo paso nuestros programas de defensa de los animales, nuestras acciones en favor de ellos y asumiendo, en definitiva, nuevas y constantes responsabilidades, que sin duda, hubiera sido en muchas ocasiones más cómodo y fácil declinar.

Tanto es así que, con nuestros medios actuales, nos resulta cada vez más problemático dar cuenta de lo que hacemos, a pesar de que contamos con la revista “Bú Bup”, que sale cada dos meses, y a pesar de que vamos incorporando a nuestra página web constantes informaciones, y a pesar, por último de emplear otros sistemas de comunicación.

En cinco años, un período breve para cualquier organización, que la Fundación Altarriba cumple ahora; nuestra entidad, sin mencionar lo hecho anteriormente, se encuentra hoy, gestionando o apoyando, cinco centros de animales abandonados; está en fase de construcción de uno nuevo y en poco tiempo abrirá en una finca recién adquirida el que, posiblemente, será el primer centro dedicado exclusivamente a perros abandonados de avanzada edad. Ello sin mencionar gestiones en curso, que podrían derivar en asumir en este sentido nuevas responsabilidades.

En el tema de los gatos callejeros, la extensión de los programas en los que venimos actuando es cada vez mayor y abarca más ciudades y pueblos. Pero esto no es todo. Estamos intensificando nuestra labor en todos los órdenes. Lo estamos haciendo en el terreno de la difusión de nuestras ideas, a través de los materiales que editamos, de los medios electrónicos, de la prensa, de los actos públicos, de nuestros contactos con las administraciones, de también cada vez más ciudades, con el mundo político, de nuestra labor educativa. Y seguimos estudiando y preparando nuevos proyectos. No paramos, no descansamos, no vivimos, salvo en nuestra dedicación a los animales. El equipo de la Fundación Altarriba crece para sostener toda esta labor, que nos desborda. Crece asimismo el número de personas que nos apoyan por todo el país, como también crece el movimiento voluntario que ayuda a sostener nuestra labor de campo. Y también, claro está, crecen los problemas y nuestras necesidades.

Creemos honestamente que estamos realizando una labor seria, en muchos momentos más allá de nuestras propias fuerzas. En cualquier caso, esta labor, o la mayor parte de ella, está a la vista de quien la quiera ver, y no se sustenta ni en retóricas, ni en pancartas. No se requiere para ello ni gafas especiales, ni aguda vista de lince. Y no tiene secretos o, mejor dicho, sí los tiene: se basan, como hemos dicho, en el trabajo; en mirar adelante; en desarrollar al máximo nuestra capacidad de gestión responsable; en nuestro amor a los animales, al que se suma el de las personas que nos apoyan. Esto es cuanto hay al cumplir un período tan corto de cinco años

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Juicios sumarísimos
33 - marzo / abril 2003
Para qué seguir. Los animales, como los humanos en tiempos de guerra, sufren de manera sumaria las leyes, la justicia.

Para la gente llana, el mundo del Derecho y la jurisprudencia es un auténtico galimatías. Pero si hablamos de este tema en relación con la protección de los animales, ya no es que sea un galimatías, que sería algo, es que no existe o es papel mojado.

Administrada además la justicia, como no puede ser de otra manera, por seres humanos y sabido que "humanum errare est"; jueces al fin que no suelen derrochar, salvo excepciones, excesivas sensibilidades hacia la defensa de los animales, el conjunto proporciona unos mimbres de los que cabe esperar cualquier insólito resultado, todo menos buenos cestos, y es que como se ha dicho tantas veces, la justicia es ciega, así se la representa, con la balanza en la mano y una venda en los ojos; pero quizás habría que añadir que también, muchas veces, es miope.

La sentencia de lo Penal Nº1 de Reus, en la causa contra el autor de los horribles hechos de la protectora de Tarragona, que supuso la brutal mutilación y, en definitiva, la muerte de 15 perros allí acogidos de su abandono, es de las que producen escalofríos y hacen dudar de casi todo. Dejando al margen el hecho de que sigue planteándose la duda de que, difícilmente, fuera la acción de una sola persona, dudas compartidas al parecer en su momento por la propia policía, que chocó además con la barrera