Las oficinas centrales de la Fundación Altarriba, donde reside su sede principal, no han sido sólo el motor fundamental que ha generado todas sus actividades, sino que además han hecho posible su funcionamiento desde el punto de vista administrativo, económico y político, y de no contar con ellas y, sobre todo, con su equipo, el trabajo de la entidad hubiera sido inviable.
Es imposible que sin su mantenimiento, y el costo que ello representa, hubiera podido llevarse a cabo una actividad cada vez más compleja y amplia a favor de los animales, directa o indirectamente, que es la que ha dirigido en la práctica todas las iniciativas llevadas a cabo, y la que ha tratado de ordenar e impulsar todo este esfuerzo hacia una sola finalidad.
Desde dentro o desde fuera puede opinarse sobre la mayor o menor validez de su acción, que ha supuesto más de 108.000 horas de trabajo en la gestión de refugios, en rescates de animales, en numerosas actuaciones en defensa de los gatos callejeros, en campañas, en acciones políticas y ante la ley, en la creación y edición de medios de comunicación, en la organización de congresos y conferencias, en el asesoramiento y atención de consultas, … Sin un órgano central que dirija y coordine estas tareas, y sin un engranaje humano que las haga factibles, es imposible obtener un nivel adecuado de eficacia.
Ciñéndonos al tema económico, siempre vital, las necesidades económicas de la Fundación Altarriba han sobrepasado en mucho las aportaciones periódicas de los socios, y la obra de ésta hubiera sido inviable de no haberse generado otros recursos por otras vías. Puede pensarse que dichos recursos, o parte de ellos, no hubieran sido necesarios de haber reducido sensiblemente nuestras actuaciones, yendo hacia atrás. Pero cabe también preguntarse si esta es la mejor manera de incidir sobre nuestra sociedad a favor de los animales, y dónde está ese teórico punto óptimo de un menor compromiso que acarree menos costos. El ejemplo de nuestros refugios de animales abandonados es un buen ejemplo: por lo general son deficitarios, y si los consideramos en su conjunto, descubriremos que en tan solo tres años han arrojado unas pérdidas globales de 323.310 €, después de sumar todos los ingresos que generan. ¿Qué hacemos? ¿Los suprimimos? No tendría sentido salvo que estuviéramos refiriéndonos a una actividad empresarial en busca beneficios para repartirlos entre los propietarios. Por tanto, alguien debe asumir la responsabilidad de buscar nuevos recursos y evitar que vayamos hacia atrás.
Tratándose de una ONG, como es nuestro caso, hay quienes tienden a pensar que un órgano central devora parte de los recursos y es un foco de costosa burocracia. Nosotros mismos hemos recibido duras críticas (generalmente mal pensantes) en ese sentido. La burocracia suele tener mala fama. Quienes opinan así tienen la idea de que el dinero que aportan se pierde en parte, e innecesariamente, por este camino. Pero es una idea equivocada, al menos en nuestro caso y, como decimos, suprimir este órgano significaría el fin de nuestra actividad. Para tranquilidad de estas personas, afirmamos rotundamente que las aportaciones de los socios han sido siempre aplicadas a la finalidad que deseaban, tanto si se trataba de refugios como de otros fines. |