Desde el punto de vista contable, y tomando los tres ejercicios anteriores que van del 2004 al 2007, los ingresos regulares de la Fundación Altarriba (cuotas, padrinos, donaciones y subvenciones), han ascendido a 2.688.029 euros, que divididos entre los treinta y seis meses que engloban nos daría una media mensual de 74.667 euros.
En ese mismo periodo los gastos ascendieron a 2.868.745 euros, es decir, un saldo negativo que se intentó cubrir con créditos y préstamos particulares, que no se incluyen en la suma de los ingresos regulares, aunque sí lógicamente en el balance, como tampoco se incluyen entre los gastos las amortizaciones de hipotecas o las devoluciones de préstamos.
Como puede suponerse, con un saldo además negativo a la vista y dado que nuestra capacidad de resistencia es mínima, estas cifras no ponen de manifiesto las continuas tensiones de liquidez que se producen por impagos de recibos y, con frecuencia, por el retraso en los ingresos procedentes de administraciones oficiales. En 2008 —ejercicio aún no cerrado— las devoluciones por impagados, quizás debidas a la crisis, se están manteniendo en una media mensual de 2.000 a 3.000 euros, en sentido creciente. En el caso de las administraciones, los atrasos alcanzan en ocasiones los 100.000 euros, y esto nos ha llevado a considerar si nos interesa o no depender de ellas para ciertas acciones que nos ocasionan gastos y deudas puntuales, además de otro tipo de problemas.
La conclusión más a la vista es que nuestra economía es débil, en gran parte porque nuestros recursos más regulares (socios y padrinos) sumaron en esos tres años 1.097.380 euros, es decir, poco más del 38% de los gastos. Si a esta cifra unimos las donaciones, alcanzaríamos 1.696.471 euros (un 59'14% de los gastos, aproximadamente, y muy lejos aún de cubrirlos).
La pregunta es si, en esta situación, es posible mantener viva la Fundación Altarriba de cara al futuro, y si la sociedad que ayuda a mantenernos considera positiva nuestra actividad y puede ser más generosa. Nos referimos al presente, pero también al futuro y, en cuanto a éste, aún siendo optimistas, no es fácil dar una respuesta.
Es verdad que los ingresos por cuotas de socios y apadrinamientos han ido creciendo año tras año, a una media de entre 30.000 y 40.000 euros, y también es verdad que la cifra de 5.500 socios (octubre 2008) es probablemente la más alta de una entidad animalista en nuestro país. Pero también es cierto que los gastos crecen, y su relación con los ingresos está hoy por hoy en un fuerte desnivel.
¿Podemos reducir costos? Estamos en ello, pero no es fácil, nunca lo es, y menos si pretendemos mantener nuestra capacidad de acción y eficacia. Por supuesto que tratamos de incrementar los ingresos, pero en un momento en el que la economía general se resiente, tampoco es fácil.
Hemos luchado mucho y seguiremos luchando, pero creemos sinceramente que no depende solo de nosotros. |