NOS DAN POR MUERTOS
En este país, de agoreros y caínes, produce a muchos un gozo profundo los entierros, sobre todo cuando se trata de un cadáver que, por alguna razón, nos ha molestado. Remedando a Jean Paul Sartre, el infierno, los equivocados, etc., son siempre los otros, nunca nosotros mismos, de modo que si desaparecen para pasar a mejor vida, bienvenida sea ésta. A la Fundación Altarriba la han dado por muerta varias veces en los 10 años de su existencia. Algunos no se han atrevido a tanto, pero han anunciado su desaparición para dentro de un plazo muy al alcance de la mano. Otros, más rotundos, han pregonado nuestra quiebra. Hay espíritus que parecen consolarse con la catástrofe de los demás y viven o anuncian permanentemente la tragedia, la catástrofe, esperando sea una realidad. Les molesta la actuación o el éxito de los que no pueden alcanzar y siempre están dispuestos a sacarse de la manga imaginarios datos, rumores, extrañas interpretaciones para confirmar la “seriedad” de lo que dicen, que naturalmente pretenden avalar sobre la base de que sus fuentes son próximas al presunto fiambre y, por supuesto, solventes. Hay mucha gente buena e inteligente en el mundo, pero también muchos idiotas y mal nacidos. El universo de la protección de los animales no es una excepción. Casi podríamos decir que todo lo contrario. La defensa de los animales está rodeada de muchos enemigos, a veces grandes enemigos que defienden sus intereses; pero a veces, también, pequeños enemigos, enanos, de dentro y de fuera, que viven su propia frustración y no contemplan esta difícil lucha con alma grande y generosa.
Desde el primer día, la Fundación Altarriba, ha luchado con mucha seriedad por los derechos de los animales y aunque hayamos podido cometer errores, nadie puede poner en duda nuestro trabajo, ni la intensidad del mismo. Tampoco su amplitud ni su honradez. Lo hemos hecho, además, con escasos y frágiles medios, pero lo hemos hecho. Sería negar que no hemos nadado en la abundancia, si bien también los ha habido que pensaban lo contrario. Ha sido un proceso de muchísimo trabajo y muchísima imaginación, llevado a cabo, con frecuencia, entre estrecheces. Es, en parte, el sino de una ONG y más, hoy por hoy, en el tema de los animales, sobre el que nuestra sociedad, a grandes rasgos, no es demasiado solidaria. Los hay que dicen amar a los animales, y teniendo medios hay que darles con un martillo en el codo y apenas, si lo hacen, sueltan algo. También los hay que sin poder, ayudan, y ésta es la gente que, fundamentalmente, nos apoya.
La Fundación Altarriba es hoy más fuerte que nunca, lo que no quiere decir que no suframos problemas puntuales. Por lo general, nuestros proveedores lo comprenden. Nuestro personal lo comprende, y seguimos adelante con una base cada vez más sólida, mucho más solida que cuando empezamos. Es difícil que nuestra Fundación muera. No hay entierro a nuestra costa. Las plañideras pueden ahorrarse su trabajo. Harían el ridículo. Nuestra presidenta le escribía a Brigitte Bardot, quien acaba de entrar en nuestro Comité de Honor y no está bien de salud, que tenía que cuidarse porque los animales la necesitaban. También a nosotros nos necesitan y modestamente hacemos cuanto podemos por ellos.