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Decenas de millones de aves enfermas, sospechosas o cercanas a zonas afectadas, se matan de la forma más atroz posible: se queman vivas en grandes hogueras (ver foto superior), se apilan (vivas) en sacos que se lanzan a un hoyo y se cubren de cal viva, ... Lo vemos cada día en los telediarios.

Las leyes europeas prohiben este tipo de matanzas. La masacre de aves puede hacerse sin recurrir a la salvajada.

LAS GRANJAS AVÍCOLAS

 

Fuente: The Farm Sanctuary
Traducción: Fundación Altarriba

Con un creciente número de consumidores que se pasan de la carne roja a la del pollo y el pavo, las granjas avícolas están brotando por doquier. Y además es una industria que expande mercados a nivel mundial.

Cada año se bate el récord de pollos y pavos sacrificados para carne. Las últimas cifras anuales, sólo en USA, son de 10 mil millones de pollos y 500 millones de pavos.


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(En España, las cifra media diaria de aves muertas para carne es de 1.850.000).

Estas aves se apilan en general por miles en naves inmensas, tipo fábrica, donde apenas pueden moverse. Cada pollo dispone allí de unos 0,02 m2 de espacio, y cada pavo de unos 0,8 m2. Al poco de salir del cascarón les cortan la punta del pico, y a los pavos además la punta de los dedos. Estas mutilaciones se realizan por supuesto sin anestesia, y lo hacen para reducir la posibilidad de que se hieran como resultado del stress en el que viven, que puede llevarlos a pelearse entre sí.

Para que no se maten a picotazos dentro de esas jaulas de hacinamiento, fruto del stress en el que las obligan a vivir, se les corta un buen trozo del pico con una hoja al rojo vivo. No les dan ningún calmante, y algunas, incapaces de comer por el dolor, mueren deshidratados y con el sistema inmunitario deshecho.

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Hoy en día, los pollos de carne han sido alterados genéticamente para que crezcan dos veces más rápido y sean dos veces más grandes que sus progenitores. Empujados más allá de sus límites biológicos, cientos de millones de pollos mueren cada año antes de llegar al matadero, con unas seis semanas de edad.

Una revista sobre la industria avícola explicaba que "los pollos ahora crecen tan deprisa que el corazón y los pulmones no están lo bastante desarrollados para sostener el resto del cuerpo, lo que les provoca fallos cardíacos y múltiples pérdidas por muerte". Los pollos de hoy en día, además, padecen deformaciones en las patas, incapaces de aguantar el peso de un cuerpo anormalmente grande.

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Confinados en granjas avícolas insalubres y favorables a las enfermedades, las aves con frecuencia sucumben por el calor, las infecciones y el cáncer.

Igual que ellos, los pavos sufren malformaciones físicas debidas a la manipulación genética. Junto con el crecimiento acelerado y el tamaño desmesurado, la manipulación llega al extremo de darles un pecho extremadamente grande, para abastecer una demanda de pechugas de pavo de buen tamaño. Como resultado, los pavos no pueden reproducirse de forma natural, y se utiliza la inseminación artificial. También igual que los pollos, estos pavos de granja-fábrica tienen tendencia a padecer del corazón y de lesiones en las patas como consecuencia de su cuerpo obeso. Otra revista del sector se lamenta de que "los pavos se crían para que crezcan rápido y más grandes pero sus esqueletos no siguen la misma velocidad, y eso les provoca "piernas de cowboy". Con frecuencia los pavos tienen problemas para estar de pie, caen y son pisoteados o buscan refugio bajo los comederos, llenos de moretones.

Pollos y pavos se llevan al matadero en cajones apilados en camiones abiertos. Al llegar, o se sacan de uno de uno o se descargan las cajas con una grúa.

Los animales se dejan sobre una cinta transportadora, de la que a veces caen. Los empleados del matadero, que manipulan miles de aves cada hora, no tienen o tiempo o ganas de recoger a los animales caídos en los huecos, donde quedan abandonados a una muerte horrible: unos aplastados por la maquinaria o por los vehículos que circulan por la zona, y otros de hambre o hipotermia días o incluso semanas más tarde.

Las aves sufren en el matadero un destino igual de horripilante. Cuando han entrado en las instalaciones, los cuelgan de las patas, conscientes, en ganchos metálicos sobre un raíl móvil.

Aunque los pollos están excluidos de la Ley de Sacrificio Humanitario (que exige que los animales estén inconscientes antes de sacrificarlos), muchos mataderos primero sumergen a las aves en baños electrificados de agua para inmovilizarlas y acelerar la línea mortal de ensamblaje.

Pero los procesos de aturdimiento previo no están monitorizados, así que suelen ser inadecuados siempre. En general estos mataderos utilizan una corriente eléctrica inferior a la necesaria para dejar inconsciente al animal, y lo hacen para no dañar las carcasas y que luego valgan menos.

El resultado es que las aves quedan inmovilizadas, pero mantienen por completo su capacidad de sentir dolor, e incluso muchas emergen del tanque de aturdimiento plenamente conscientes aún.

Después de que estas aves encadenadas han pasado por ese tanque, se les corta el cuello, por lo general con una hoja mecánica. Inevitablemente, la hoja falla con algunas de ellas, que permanecen vivas, a medio degollar y conscientes por el fallo anterior del aturdimiento, colgadas por las patas del raíl. En el siguiente paso en la línea de ensamblaje, el tanque de escaldar, las aves son sumergidas en agua hirviendo. Las que superaron la hoja de degollar son hervidas vivas. Esto ocurre con tanta frecuencia, a millones de aves cada año, que la industria tiene una palabra para definirlas: "pieles-rojas".


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