A partir de febrero del 2005, la caza del zorro estará prohibida en Inglaterra y Gales, feudos por antonomasia de esta práctica que se había venido llamando deporte. Así era considerado hasta que algunas personas, y luego muchas, proclamaron que más que un deporte era una crueldad. Después de tres siglos de impunidad por parte de los cazadores y de indefensión por parte de los animales acorralados, las protestas de los abolicionistas llegaron a la Cámara de los Comunes, en enero del 2001. Por 387 votos a favor y 174 en contra, se aprobó la prohibición de la tradicional cacería. Quedaba, no obstante, un escollo por superar: la Cámara de los Lores. Tras casi cuatro años de controversias, y sin que la Cámara Alta haya dado su voto afirmativo, por fin se impondrá la abolición. La voluntad de los comunes prevalecerá sobre la de los lores por el mero y decisivo hecho de que los primeros han sido elegidos democráticamente.
Según algunos observadores, a raíz de esta decisión Blair podría verse perjudicado en las próximas elecciones generales. Opinión sin fundamento, puesto que la inmensa mayoría de votantes jamás ha participado en cacerías de esta ralea.
Una cacería en la que cuenta más la parafernalia de los participantes que la caza en sí, aunque esto último comporte el ensañamiento contra un mamífero.
Para hacerse con el zorro, el master y los monteros llevan chaqueta roja, corbata blanca y gorra de terciopelo. Los cazadores que pertenecen a la categoría siguiente también pueden vestir de rojo, pero su tocado debe consistir en un sombrero de copa. Al resto de participantes les está reservado el traje negro y el sombrero de hongo. Una pompa que se completa con el acompañamiento de jinetes de segunda sobre caballos de relevo para el master y los monteros, de mozos de cuadra y de una jauría compuesta por treinta o cuarenta perros.
El master se encarga de guiar la jauría hacia la dehesa o el sotobosque, donde se supone que los zorros se ocultan. Los ladridos de los perros delatarán que han descubierto su guarida, y entonces el cuerno del montero mayor anuncia la buena nueva.
Un grito especial y compartido, tallyho!, inicia la persecución por parte de perros y de jinetes. Si después de un acoso sin tregua los perros consiguen acorralar al animal y matarlo a dentelladas, el rabo, la cabeza y las patas son entregados como trofeo a los cazadores que el master ha elegido como más competentes. Estilo de recompensa que nos recuerda algo propio de nuestros lares.
Pues bien, tal cacería sangrienta, que nada tiene que ver con el clavar una lanza de antaño o el disparar un tiro de hogaño, dejará de ser vigente en el Reino Unido a partir del año próximo. Los británicos caían en contradicción cuando se horrorizaban ante el ensañamiento que se produce en el ruedo español, pero no criticaban a nivel público la crueldad de sus compatriotas con los zorros. De igual modo, hora es de que aquí, al detestar la carnicería que se llevaba a cabo en el Reino Unido, tome forma un gesto recíproco respecto a las corridas de toros. La abolición por ley llegará cuando la mayor parte de la sociedad tome conciencia del suplicio a que son sometidos los toros en el coso. |